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domingo, 5 de agosto de 2018

KARMA, DESTINO y SUERTE

Publicamos un breve escrito desarrollado al amparo de las enseñanzas del Grupo Martinista Henri Delaage, en Santiago de Chile.

La autora de este escrito signa como Hermana Iésod, y fue presentado en algunas de las actividades de trabajo del citado grupo.

Espero que lo disfruten...

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Karma es otra manera de denominar a la ley de causa y efecto. Todo efecto tiene su causa y toda causa tiene su efecto. No existe la llamada buena o mala suerte ni la casualidad. Todo obedece a una causalidad. El Universo esté regido por fuerzas poderosas que llamamos leyes universales. Estas leyes emanan de la Sabiduría Cósmica y han sido creadas en una armonía perfecta para un orden perfecto. Lo imperfecto que apreciamos en nuestro mundo es obra del hombre, no de Dios. Lo perfecto no puede crear imperfecciones.

El hombre sufre porque él mismo ha atraído el sufrimiento con sus acciones egoístas, ha transgredido las leyes divinas, envía pensamientos ruines, sus sentimientos son bajos. Todo esto acumulado en su alma va conformando su destino, su karma.
Cuando se emiten pensamientos de maldad, o negativos, se está, por ley de afinidad, atrayendo pensamientos de la misma naturaleza que agudizan aun más esa pasión que se está experimentando. Si no se está alerta, llevará a cometer errores y actos de maldad que producirán sufrimiento en otros. La ley de causa y efecto nos devolverá, en algún instante de esta vida presente o futura, los mismos sufrimientos que hayamos causado.
Por esta misma ley, todo lo positivo que hagamos, todo acto de servicio desinteresado, todo sentimiento de amor y de ayuda hacia los demás y hacia todo lo creado retornarán a nosotros con el bienestar y ayuda que hayan producido.
El mejor medio de no agravar el karma es aceptar su destino y dejar que se cumpla, sin tratar de escapar de él. De lo contrario se· actúa igual que el criminal que se evade para no cumplir sus años de condena. Si lo atrapan, su pena se vuelve más pesada. El karma aplica las mismas leyes.
Existe un medio para alivianar el karma y también para acelerar el proceso de liberación. Solamente hay que tener la mente muy clara para aceptarlo, actuando como los santos, profetas, místicos que deciden trabajar por el mundo entero, ayudar a los humanos e incluso sacrificarse por ellos. Por el sacrificio, el amor y la abnegación logran escapar de las leyes de un destino ordinario. Sufren, pero gracias a estos sufrimientos llegan más rápidamente a la liberación total. Para escapar al karma, hay solamente un medio: el amor, la bondad, la generosidad, el olvido de sí.
Sin embargo hay que entender que esta actitud es completamente diferente al fatalismo. Los fatalistas aceptan los hechos y se dicen “está escrito, todo está decidido de antemano y nada se puede hacer”. Estas personas no luchan y se dejan llevar por el destino sin tratar de modificarlo por su trabajo o por sus actividades.
Un iniciado no puede ser fatalista. Debe decidirse a tomar las cosas en sus manos y comenzar a pagar. Pero a pagar con algo más grande que no solamente le permita borrar todo sino que al mismo tiempo le lleve a la verdadera liberación. La única manera de escapar a su destino es pagando el karma, pero al mismo tiempo que se paga hay que continuar trabajando, creando, evolucionando. Haber nacido bajo una “mala estrella” no es una razón para quedarse eternamente flojo, sin hacer nada.
Pagar una deuda no es más que un episodio pasajero en nuestra existencia. Si el espíritu humano es inmortal, la deuda representa un segundo en toda la existencia, que es la eternidad. No permitamos entonces, ni por un momento, ensombrecer toda la luz del espíritu.
Todos tenemos deudas que pagar, pero el pago de ellas no debe bloquearnos. Los fatalistas piensan que nunca podrán liberarse, que no podrán ir más allá de sus culpas. Sus ideas los paralizan. El fatalismo es incompatible con el progreso y con la evolución.
Es cierto que todos en algún momento estamos expuestos a pasar por circunstancias muy difíciles. Por lo tanto, trabajemos y juntemos oro, energía. Estas reservas, que son medios físicos y psíquicos nos ayudaran a enfrentar a y sobreponernos de estas situaciones pesadas. Pero si despilfarramos todas nuestras reservas en un vivir desordenado, seremos vencidos por el karma.
Se dice que los designios de Dios son insondables. En efecto, el destino de una persona se presenta a veces bajo un aspecto muy desfavorable y no se sabe hacia dónde la llevarán los acontecimientos. Cuántos de nosotros hemos llegado diciendo que hemos pasado por momentos muy amargos y que, gracias a esas pruebas, hemos encontrado luego esta Escuela. Es así como por vías insondables el mundo invisible nos lleva hacia la luz.
¿Está fijado nuestro destino o somos libres para definirlo?
La Divinidad nunca ha obligado a los humanos a jugar un rol determinado; esto significaría que no nos deja ninguna libertad. Si Dios hubiera determinado nuestro destino, no habría libertad ni tampoco responsabilidad. Si el hombre no fuera responsable ¿por qué condenarlo?
Nuestra libertad va a depender del grado en que nos encontremos en la escala de la evolución. Si estamos muy abajo, no tenemos ninguna libertad. Hay muchos hombres que no son libres: son empujados, presionados, influenciados por otros, no son ellos los que deciden. Para ser libre hay que elevarse al Creador; así seremos libres de la libertad del Creador. No libres con respecto a Él. Una de las libertades que ha sido dada al hombre es la de mejorar o, por el contrario, la de empeorar: acercarse al Cielo...o al Infierno.

Sin embargo el camino por el cual la humanidad y el cosmos deben pasar ya está fijado: hay un plan, un proyecto determinado. Esto es como un viaje en barco: tiene su itinerario y sus estadías. No podemos bajarnos al agua. Pero en este barco tenemos la oportunidad de entretenernos, de conocer gente, de mirar el mar, etc. El itinerario del Plan Divino esta trazado y nadie tiene la posibilidad de modificarlo, pero podemos hacer lo que queramos con nosotros mismos: destruirnos o mejorarnos. Somos libres de elegir si queremos ser salvados o condenados.
Siendo Dios Amor Supremo, que por expansión de Su Amor dio vida a cuanto existe, sin pedir ni esperar de sus criaturas sino que sean felices eternamente, y para cuyo objetivo ha creado Leyes Divinas, podemos deducir que el dolor no es enviado por Él. Son consecuencia de nuestros errores del pasado, sembrados conscientemente. Son las transgresiones a la Ley Universal del Amor las que atraen al alma consecuencias dolorosas. Del mismo modo que las obras de amor, pequeñas o grandes, son las que atraen mayor felicidad y progreso.
Todo bien y esfuerzo que hagamos desinteresadamente con amor en beneficio de alguien, no se pierde. No importa que hayamos recibido ingratitudes y hasta traiciones: la Ley todo lo recoge y nos lo devuelve tarde o temprano. El tiempo, tal como lo entendemos en la vida humana, no existe en la vida eterna del Espíritu.
No nos preocupemos tanto por el futuro: el futuro se construye en el presente. Es el ahora lo que cuenta. El futuro es una prolongación del presente y el presente, un reflejo del pasado. Todo es uno: pasado—presente—futuro no estén separados. El futuro se edifica con los fundamentos del ahora. Si son malos, no esperemos un futuro excepcional. Si son buenos, es inútil inquietarse.
Apreciemos lo que Dios nos ha dado, las menores posibilidades de que disponemos en todos los planos: físico, moral, social,   intelectual, y gracias a estas posibilidades tratemos de hacer un gran trabajo. Ignorar todo lo que tenemos y gritar, llorar, lamentarnos es tonto. Es necesario trabajar con algo positivo y   real, y lo que es real, es lo que poseemos ahora. El futuro no nos pertenece. Trabajemos entonces con lo que tenemos en el presente.
H, Iésod

viernes, 16 de junio de 2017

LA LIBERTAD PARA CONVERTIRNOS EN PERSONAS



Nuestra primera visión en el darse cuenta, es que somos una persona, con múltiples intereses y condicionamientos. Luego, si somos guiados adecuadamente, comprenderemos que somos un ser espiritual que utilizamos una personalidad para tener determinadas experiencias de las cuales tenemos que aprender. Nuestra vida tiene, entonces, un sentido y motivo trascendental: cooperar con el Plan Divino.
Sin embargo, nuestra individualidad permanece aprisionada en la personalidad. Mucha gente dice preferir vivir tranquila, sin complicaciones. Entrar a escuelas iniciáticas reales les hace perder esa estabilidad que tenían, pues empiezan, entre otras cosas, a ser conscientes de sus defectos. ¿Es necesario este cuestionamiento de si? ¿No es mejor permanecer tranquilos e ignorantes? Vemos que esto es imposible: la humanidad va evolucionando a pesar de las personas que no quieran ser conscientes. Hay un irresistible impulso proveniente de lo espiritual. El espíritu quiere retomar a su Reino, no olvida que está de paso en este mundo terrenal. Tarde o temprano aprenderá en esta dimensión lo que necesita y retornará, liberándose de la personalidad.
Por mandato superior, tenemos la libertad para liberar a nuestro espíritu y convertirnos en personas completas y perfectas, en cuanto a manifestación de nuestro tener que ser, de la expresión del plan divino en esta Tierra. Tenemos que aprender a lograrlo conscientemente, así el proceso será fácil y gozoso.
Este tema está relacionado con el Sendero 30, Arcano XX "El Juicio". Tres figuras, representantes de la especie humana, se liberan de sus ataduras mortales, de sus condicionamientos (representado por su desnudez) y al hacerlo, pueden escuchar un llamado que se les hace a su alma desde la dimensión donde se generan las causas que producen los efectos en el mundo. Esta libertad del iniciado le permite continuar un camino que, paradojalmente, significa sujeción autoconsciente a las Leyes de la Creación. La liberación verdadera se produce al estar en contacto permanente con estos principios.
 Los símbolos principales de esta lámina son los siguientes:
En el cielo se divisa un ángel que está tocando una trompeta. El ángel simboliza una entidad superior, divina. El sonido de la trompeta significa un llamado de origen superior, divino o interno. De a lo menos tres tumbas, emergen tres figuras desnudas: un niño, un hombre y una mujer, quienes están en actitud de “resucitar” al llamado de la trompeta. Una voz interior, divina, le hace renacer ¿Cuál será la nueva misión de ellos? El conjunto de figuras da la idea de familia y por extensión, idea de la humanidad toda.
El Tarot puede ser analizado desde múltiples aspectos; conteniendo diversos sistemas simbólicos y numerosas claves para ser revelado. Tomaremos por ahora solamente un pequeño aspecto de esta lámina. Al analizarlo desde un punto de vista psicológico, podemos considerar que el llamado de trompeta simboliza la vocación, es decir, las figuras se levantan a una nueva vida, al llamado de una voz interna, un “tener que ser”.
El estudiante primero conoce el mundo, lo que lo lleva a preguntarse: ¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿A dónde voy? ¿Para qué sirvo?
Hay una gran diferencia entre las personas que desarrollan su vocación. Su trabajo o actividad se desarrolla con cariño, con amor, por lo tanto lo hace bien, con pocos errores y se siente feliz con su trabajo. Pocos son los que han escuchado esta voz interior que hace renacer. La condición actual de la humanidad es dormir una gran cantidad de horas, mucho más que las ocho en las cuales cierran sus ojos. Se lleva una vida rutinaria e inconsciente. La mente nos engaña y nos hace creer que estamos realmente conscientes, sin estarlo. Este es el mayor problema, porque cuando no se reconoce algo no es posible cambiarlo.
Una persona, una película, un libro, puede entregamos una frase, una escena que nos haga reaccionar. Esto puede causar el sonido de la trompeta y sentiremos algo especial que nos conmueve interiormente. Un guía espiritual casi siempre empleara palabras que nos sirvan de estímulo, pero debemos estar preparados para escuchar y saber distinguir lo real de lo ilusorio. Un verdadero maestro no llama la atención, es sencillo, simple, humilde; de modo que si no estamos atentos, puede pasar entre nosotros sin reconocerlo. El ángel representa también a este maestro.
En la búsqueda de la vocación tenemos que tomar en cuenta que ella no está limitada a una profesión o actividad específica. Es mucho más complejo que eso. En realidad, toda persona debe desarrollarse en todos sus aspectos: arte, ciencia, artesanía, actividad física, técnica, etc.
Otro aspecto es considerar si hay una vocación común a todos los seres vivientes. Toda persona llega al mundo preparada para aprender, servir y amar. Podríamos decir que estos tres conceptos son partes de una misma idea. Todo ser viviente está preparado para estas vocaciones, y el ser humano tiene el privilegio de ser consciente de ello debido a que es un ser espiritual revestido de vehículos densos.
Una forma de ir en búsqueda de ese "tener que ser" es mantener una actitud permanente de aprendizaje. Probar hacer y estudiar de todo. Dialogar con cada persona, buscar su lado positivo e interesarse por lo que ella hace. Una conversación, una actividad, hará de pronto que suene la trompeta. Y en este momento no nos preocupemos de lo económico. Cuando las cosas se hacen con gusto y amor, la satisfacción de nuestras necesidades económicas surge espontáneamente, en forma mágica se podría decir.
Otro método es hacer una lista de "triunfos personales". Queremos decir con esto, actividades por pequeñas que sean que nos hayan producido satisfacción y alegría. Una vez que tengamos una larga lista, apreciaremos que en muchas de ellas hay cosas en común. Estos aspectos comunes servirán de guía para el encuentro con la vocación.
Analicemos ahora otra enseñanza de esta página del Tarot.
Su tema central es la muerte y resurrección. Alude a las distintas etapas que sufre el Universo, y por tanto el ser humano. Todo en el Universo es cíclico, y para que nazca algo nuevo, lo viejo debe morir. No puede nacer un nuevo árbol si antes la semilla no ha muerto.
Cada día de nuestra vida puede ser considerado como una etapa completa. ¿Quién puede saber cuánto tiempo le queda? Puede que este día sea el último. ¿Hemos perdonado a quién nos ofendió?, ¿le hemos dicho lo que nos gustó a "x" persona?, ¿hemos reconocido sus méritos?, ¿dimos gracias por haber vivido? Hagámoslo ahora, porque mañana puede ser tarde. En ese sentido, hay que aprender a vivir al día. Nos daremos cuenta que cada día nacemos y morimos, la muerte es sólo una etapa. El miedo a la muerte desaparece.
Analicemos la siguiente práctica en la que se utiliza la analogía: un año es un ciclo regido por una Ley Universal. Antiguamente, cuando la humanidad vivía más en contacto con lo natural, estaba regida por estos ciclos en todo su actuar. Sin embargo, hoy en día se vive en forma artificial, no se toma consciencia de ello; pero, consciente o no, el organismo se rige siempre por estos ciclos naturales. Si nuestra mente no va acorde con ello, se produce una ineficiencia, una tensión y cansancio prematuro.
Hagamos algunas pequeñas analogías con los ciclos del año:
En invierno es época de siembra. Allí procuraremos, como el sembrador, elegir los mejores granos. Análogamente es época de pensar en nuestros objetivos para el nuevo ciclo, conforme a la experiencia adquirida.

En primavera la naturaleza florece, se exterioriza. Debemos aprovechar esta energía para fortalecer nuestro impulso a actuar, a poner en ejecución los pasos necesarios para conseguir los objetivos que nos hemos propuesto.

El verano es época de desmalezar y regar. Análogamente debemos efectuar una revisión en la marcha de nuestros propósitos para verificar si van en camino a lograrse y corregir lo que sea necesario. Desmalezar equivale a superar los obstáculos, eliminar todo pensamiento y actitud negativa que puede impedir un buen fruto.

El otoño es época de cosecha y recolección. Allí deberemos obtener el resultado de nuestro trabajo. Estos resultados pueden ser muy buenos (buenos frutos) y allí aprenderemos que el procedimiento empleado ha sido correcto. Otros objetivos habrán sido logrados solo parcialmente o no tal como lo esperábamos. Es la fruta de segunda o tercera selección. Aprenderemos como corregir en el futuro nuestro trabajo. Por último, habrá objetivos que no se consiguen. Es el futuro pasmado o podrido. Debe ser rápidamente apartado. También aquí aprenderemos. Sabremos que de ese modo como lo hemos hecho, no conseguimos lo esperado y por tanto habrá que probar una nueva estrategia. En esta época, entonces, procedemos a la evaluación de nuestros logros. Esta evaluación nos permitirá aprender cosas nuevas, procedimientos mejores, para formular nuevos propósitos y corregir defectos. Elegiremos los mejores frutos y de allí sacaremos las mejores semillas para la futura siembra.

Análogamente, un mes está sujeto a estos mismos cuatro procesos. Y también un día. Es importante irse a dormir cuando ya se ha evaluado y se ha descansado, para que el sueño no sea perturbador, ya que este será causa de negatividad al día siguiente. La noche equivale al invierno, allí nos formulamos los objetivos para el día siguiente. La mañana equivale a la primavera. Toda la naturaleza, y nosotros, estamos con el mayor impulso para conseguir nuestros propósitos. La mente y el cuerpo están más descansados, El mediodía es como el verano. Momento de revisión y corrección de nuestro actuar. El atardecer es como el otoño. Al término de la jomada de trabajo debemos evaluar lo obrado en el día. Recordar nuestros actos, estudiar cómo podemos corregirlos en el futuro. Tomamos alguna actividad recreativa para que en la noche, equivalente al invierno, de acuerdo a la experiencia adquirida, a la evaluación, planifiquemos el día siguiente. Irse a dormir con esta planificación, causa además que el subconsciente acuda en nuestra ayuda y nos entregue soluciones para actuar con más eficiencia. Dejando un momento del día para evaluar y hacer la retrospección, nos ocuparemos solo en esos instantes del pasado. Luego, dejamos unos instantes de la jomada para planificar, ocupándonos aquí del futuro. De esta forma, queda todo el resto del día para vivir el presente a plenitud.
Las dificultades debemos enfrentarlas, pero si nos estamos sintiendo mártires por ello, es que no estamos liberándonos del resentimiento y, por tanto, estamos perdiendo nuestra libertad. Hay que considerar muy bien esto al realizar la retrospección, ya sea diaria o anual.
Estamos preparados para enfrentar los problemas siempre que no los acumulemos y los afrontemos uno a uno. Si algo es posible de solucionar ahora, ¡hay que hacerlo ya! Si se necesitan otros antecedentes u otras personas, dejémoslo pendiente hasta reunir lo que necesitamos. Si no tiene solución a nuestro alcance, ¡hay que rodear el obstáculo y seguir!
Pero, volvamos a los cuatro principios. Estos cuatro ciclos se simbolizan en el esoterismo llamándolos principios dinámicos. Por ellos se rige todo proceso creativo: Principio activo (primavera) Principio pasivo (verano), Principio Neutro (otoño) y Principio de transición (invierno). Cada ciclo da origen a uno nuevo, pero en un nivel superior. Es un eterno proceso de muerte y resurrección. Cada renacimiento se efectúa en un nivel más alto y de mayor responsabilidad. El proceso creativo es como una helicoide (equivalente tridimensional de una espiral). La persona inconsciente dormida, lleva su vida más bien como un círculo, dándose vueltas en él sin ascender, casi sin evolucionar.
Tenemos entonces, un doble desafío:
·                    Liberarnos del pasado con toda su carga de condicionamientos y sentimientos de culpabilidad y,
·                    Conocer y sometemos a los principios universales, realizando nuestra natural vocación motivo de existir. `
Realizando estos dos actos, tendremos la libertad a convertimos en personas que reflejen su ser espiritual,
“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". (Mt. 5:48) ¿Cómo podría llegar alguien a ser perfecto como el Padre, si no participara de la misma realidad espiritual que Él?
Escrito por SERVAL, en Curacaví, Chile, el 14 de abril de 1994

sábado, 28 de enero de 2017

EL SER HUMANO, UN HIJO DE DIOS



Desde muy antiguo el ser humano ha pensado que tiene una influencia divina en su vida, un nexo que lo une con el Creador.
En nuestros días, el avance de la ciencia y la tecnología es tan grandioso que las personas se encuentran tomando decisiones y actuando sobre acontecimientos que, desde hace miles de años hasta unas décadas atrás, eran considerados milagros o tareas o tareas que sólo podían cumplir seres divinos o Dios.  Ejemplo de esto son las experiencias genéticas en que, a pesar de los errores que se pueda cometer, ya se pueden producir transformaciones en los procesos de concepción y fecundación; se puede viajar por el espacio; se pueden salvar vidas humanas que prácticamente ya se habían perdido; se pueden crear nuevas variedades de productos, plantas y animales, es decir, se puede una provocar una intervención en los reinos mineral, vegetal, animal e incluso humano.

Sin embargo, el desarrollo espiritual no parece ir con la misma aceleración.
La base de las Escuelas de Desarrollo, a través de los tiempos, es que esa potencialidad que tiene que igualarse a su Creador puede ser incentivada con distintos trabajos y prácticas.
En la vida cotidiana podemos ver cómo se desarrollan algunas personas de manera asombrosa; otras, con estímulos similares, permanecen sin reaccionar de manera positiva. De estos sabios que desarrollan sus potencialidades, surge el motor de la historia. Los grandes avances científicos, tecnológicos y sociales, se los debemos a quienes salen del rebaño y se atreven a crecer y desarrollarse, cualquiera sea la circunstancia que les toque vivir.
En cambio, diariamente somos “bombardeados” por noticias negativas por los distintos medios de comunicación. Y lamentablemente, esta realidad también existe y, peor aún, es la mayor parte de la humanidad la que no figura en la historia positiva.
El ser humano, siendo la criatura más avanzada de la creación (al menos en este planeta), comete aberraciones increíbles contra la naturaleza, el entorno y él mismo. ¿Por qué esta paradójica situación?
  Nos cabe la duda, ¿cómo es que siendo tan perfectos como especie, teniendo la herencia divina de ser semejantes al Creador, teniendo la posibilidad de manejar ciertos procesos dignos de los dioses, podemos actuar de manera tan inconveniente, destruyéndose día a día? Y más aún que lo considere normal.
¿Cómo es el ser humano en esencia? Pensamos que no es “intrínsecamente perverso” como planteaba Nietzsche. Y tal vez tampoco es Dios, aunque tiene el derecho de reclamar el título de “hijo de Dios”, aunque todavía no lo haya logrado plenamente.
El ser humano al poseer un relativo libre albedrío, tiene la posibilidad de elegir el camino que seguirá. Hay una dualidad en él. Potencialmente lo es todo, pero ese desarrollo debe lograrlo mediante la acción. Y es de esta acción organizada que nos hablan los numerosos libros sagrados de todas las épocas y lugares, las antiguas filosofías, las escuelas iniciáticas, la moderna psicología.  

¿De qué depende que estos títulos se consigan? Del desarrollo interno y de los caminos que se elijan para desarrollar las actitudes, habilidades y potencialidades presentes en cada ser.
Este derecho a ser llamado y reconocido como "hijo de Dios" tiene un precio, lo mismo que todas las otras cosas en la vida. Los primeros pasos consisten en saber cuál es el precio de lo que queremos y decidirnos a pagarlo si nos gusta lo bastante nuestra meta.
El ser un “hijo de Dios”, como se estudia en teología, es una meta tal vez demasiado amplia para que la abarque nuestra imaginación. Pero, no necesitamos saber todo lo que el término comprende en su totalidad. Podemos partir definiendo qué es lo más elevado que podemos imaginar para nosotros mismos y para quienes nos rodean. Pues bien, eso tan elevado será para nosotros EL IDEAL. Esto es lo que debemos buscar y reproducir en nuestras vidas.
Podríamos llamarlo “conciencia de los planes sutiles” y diríamos que tienen existencia real. Más es la base de lo que ya existe. Todo ha sido creado primero en los planos superiores.
El ser humano busca algo más que lo puramente fisco. Especula sobre lo religioso, sobre el infinito, sobre lo eterno. Esto sólo puede ser posible si tiene algo de infinito y eterno dentro de sí. Todos nosotros tenemos esta conciencia interna, este mundo ideal que tal vez por no haber sido visto jamás físicamente, pensamos que no podría realizarse en nosotros.
El precio de ser llamados “hijos de Dios”, o superhombres, estará dado por desarrollar la potencialidad de llevar a la realidad medible aquello que imaginamos en nuestros ideales. En otras palabras… EL PODER DE REALIZACIÓN.
Desde la antigüedad que se habla de una “Alianza” de Dios con el hombre. El significado de esto es un compromiso de servir a · la divinidad para que se manifieste a través de nosotros. A cabio de esto, tendremos todo lo que pidamos en la vida.
El poder de realización es la manifestación de una idea altruista, de una idea superior (espiritual) a través de nosotros.
¿Cómo lo conseguiremos? El hombre debe realizarse constantemente, manifestándose. Debe obrar conscientemente de acuerdo a un Propósito. Una técnica que guarda relación con esto, es aquella que indica: “Actuar como si…”, en otras palabras: actúa como si hubieras conseguido tu propósito. Nunca podremos ser más de lo que nuestros pensamientos son. Somos el resultado de lo que pensamos, ni más ni menos.
En esencia, somos un ALMA ESPIRITUAL, una fuerza, una energía que se manifiesta a través de la forma física que poseemos. Pero, no somos conscientes de ello en forma plena. Mucha gente cree que es la forma física, con todos sus defectos y cualidades. Y esta forma ha estado determinada por un medio ambiente no elegido, por programas que impregnan la mente subconsciente que eligieron otras personas. Y de acuerdo a estos programas mentales se actúa.
Una persona que suele decir: “yo soy enferma de los nervios”, efectivamente tiene su sistema nervioso afectado. Lo que incluso puede evidenciarse con instrumentos de diagnóstico clínico. Su error quizás partió al decir “yo soy…eso”. Eso es simplemente la causa de una actitud mental errada, y esta actitud obedece a la forma que otros condicionaron. Hay que entender que la opción es nuestra. Podemos decidir si observamos esa forma o la cambiamos, corrigiéndola. Si se corrige la forma de reaccionar, también se corrigen las manifestaciones, en este caso, la neurosis. 
La técnica “actúe como si…” está basada en todo lo anteriormente expuesto. Si yo no soy esa forma con la cual hasta ahora he fracasado, puedo elegir otras más propicias donde manifestarme.

El actuar positivamente, el hacer las cosas como si ya se hubiera conseguido el mayor éxito de la vida, creará el canal de expresión de lo positivo dentro de sí. De lo contrario, aunque se tuviere lo que se anhela, no podría expresarse en la vida física.
Hay personas que han recibido grandes oportunidades materiales y espirituales y como no tenían en canal de expresión formado, perdieron al poco tiempo lo ganado. Por el contrario, si está la forma, esta actitud positiva hará que se manifieste en la realidad nuestro objetivo por la ley de coherencia. Todo lo que es afín, se atrae.
Actuemos como si ya tuviéramos aquello que deseamos, juguemos a representarlo muchas veces en la imaginación y luego en lo físico, hasta que nos familiaricemos con ello y, con el trabajo constante que lo respalde, seremos merecedores de lo que pedimos.
Para quien crea en esta “alianza divina”, en esta potencialidad latente en todo ser humano, tal vez sea un poco difícil representar siempre el papel de perfecto hijo de Dios. Es un precio alto, pero el premio también es el mayor que se puede aspirar en esta Tierra.
Posiblemente fracase muchas veces, pero como el fracaso es parte del aprendizaje, deja una buena lección que puede ser asimilada con éxito. Así el camino se va haciendo más fácil.
Y llegamos a la conclusión final que siempre será más fácil vivir representando el “mejor papel” que podamos imaginar para nosotros aquí en la Tierra, que el papel de mediocre. Es más fácil ser altruista que egoísta, positivo que negativo, tener buenos sentimientos que malos sentimientos. Porque esa es la ley universal.
ALV