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jueves, 29 de agosto de 2019

LA VEJEZ

Artículo editado por Chukwuemeka Onwubu, Dr.en Filosofía; F.R.C AMORC


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Hace unos días leímos un anuncio comercial en el que se hace propaganda a una loción facial que, según asegura el anuncio, contiene un “compuesto que evita el envejecimiento”. Si se toma al pie de la letra esta declaración uno podría deducir que, con sólo aplicarse la loción, detendría el proceso de envejecimiento y prolongaría indefinidamente la “apariencia juvenil”, lo cual es la meta suprema de tales productos. Es muy desafortunado ver que muchos consumidores caen víctimas de este engaño al público. Sin embargo, un Rosacruz no debe sucumbir ante esta clase de anuncios astutos y carentes de lógica.
La ansiedad que mucha gente siente a medida que envejece no está originada tanto en el hecho de la longevidad, sino en la apariencia física que se adquiere con la edad avanzada. En este caso, el llamado “problema de la vejez” puede ser el “aspecto y la buena apariencia”, y aquí surge la pregunta: ¿Cómo debe uno cuidar su apariencia física a medida que envejece? Como una analogía práctica, podríamos considerar el caso de un automóvil.
El que un automóvil viejo conserve mucho de su apariencia y de su lustre originales, o se reduzca a “chatarra”, por así decirlo, está condicionado a un sinnúmero de factores. Más específicamente, si el carro parece “nuevo” o “viejo”, digamos, después de diez años, lo determina en mucho los hábitos de manejo de la persona que lo opera, así como las condiciones bajo las cuales ha sido manejado. De igual manera, si nosotros lucimos “jóvenes” o “viejos” a medida que envejecemos, es el resultado de la clase de vida que llevamos y está sujeto, por supuesto, a nuestra constitución básica natural.
Para que un automóvil funcione en forma apropiada en todo momento, necesitamos repararlo regularmente. Tanto el motor, como las partes eléctricas que componen el carro, tienen que mantenerse en buenas condiciones de funcionamiento. De otro modo, por más que se limpie, se lave y se encere la carrocería, no podrá funcionar. Por la misma razón, si no cuidamos de que nuestras partes internas funcionen uniformemente, además de cultivar pensamientos constructivos, ningún régimen cosmetológico que apliquemos a nuestro cuerpo externo impedirá que “luzcamos viejos”.
Afortunadamente, los estudiantes Rosacruces tenemos la oportunidad de envejecer de la manera que deseemos. Las enseñanzas contenidas en nuestras monografías y los discursos relacionados con éstas, nos ayudan no sólo a mantener buena salud física y mental, sino que contribuyen también a crear aquellas condiciones que facilitan el pleno desarrollo del potencial de nuestra vida. Tanto a los miembros jóvenes como a los ancianos de nuestra familia Rosacruz, las monografías nos enseñan pasos muy sencillos que podemos tomar para hacer frente al temor v a la ansiedad que se asocian con frecuencia al envejecimiento.
PARA LOS MIEMBROS ANCIANOS
1) Empiecen por eliminar de su conciencia el temor a envejecer y acepten con ecuanimidad la realidad de su edad. Cualquiera que sea su edad, no tienen por qué avergonzarse de ella. Se trata simplemente de un factor de su vida que no pueden cambiar; así pues, mejor usen su edad en su beneficio.
2) Visualicen la edad ideal que desearían vivir, y observen si se aparta de la realidad de su edad actual. Dense cuenta de que cualquier discrepancia que encuentren se debe a condiciones que todavía pueden cambiar. Después, empiecen a reorientar el curso de su edad.
3) Visualicen que en este momento empiezan a tomar las medidas que producirán los cambios deseados. Visualicen los estilos de vida que todavía pueden emprender, pero al mismo tiempo dedíquense a llevarlos a cabo.
4) Visualícense a sí mismos venciendo firmemente los obstáculos y que logran lo que les gustaría alcanzar. Por ejemplo, si se han visto obligados a jubilarse y desean continuar trabajando, visualícense examinando los prospectos para poner en práctica sus habilidades y sus talentos con otros empleadores. O, tal vez deseen adquirir nuevos conocimientos, ya sea para lograr un empleo más ventajoso o para continuar enriqueciéndose intelectualmente. De ser así,  visualicen que se ponen en contacto con instituciones educacionales o vocacionales apropiadas. Podrían visualizarse alternativamente trabajando en algo que para ustedes resultaría un pasatiempo satisfactorio o haciendo un trabajo como voluntarios.
5) Como parte de su programa de visualización, practiquen los ejercicios de respiración. Inhalen profundamente y mantengan la respiración tanto como les sea posible sin que esto les produzca incomodidad. A medida que exhalen, visualicen su cuerpo rejuvenecido, visualicen que cada célula se renueva con la sangre impregnada de la energía regenerativa que fluye del Cósmico. Repitan varias veces este ejercicio de respiración y después continúen su rutina normal.
PARA MIEMBROS MÁS JÓVENES
1) Si sienten el temor de que están envejeciendo, traten de determinar la causa de ese temor. Una vez que la hayan encontrado, empiecen a eliminar de su conciencia dicho temor. No consideren que la edad avanzada es un “perjuicio” y que la juventud es una “ventaja”. Antes bien, consideren que la vejez y la juventud son expresiones diferentes de la vida, y que ambas nos ofrecen la oportunidad de conocernos mejor.
2) Para eliminar los sentimientos negativos que podrían abrigar respecto a la vejez, visualícense como una persona de edad avanzada pero saludable, activa y mentalmente alerta. Véanse muy amables, realizando importantes contribuciones en bien de la comunidad. A medida que empiece a gustarles su “retrato de anciano” que visualizan, liberarán de su conciencia cualquier actitud negativa que pudieran tener en contra de la vejez.
3) Visualícense conservando buena salud física y mental. Esto les permitirá desarrollar el ` pleno potencial de su vida a medida que envejecen, y a conducirla a través de la rutina normal cooperando con las leyes naturales. Véanse a sí mismos adquiriendo más sabiduría y una habilidad más grande para brindar sus servicios desinteresadamente. Al concluir su visualización, respiren profundamente y, mientras inhalan, den gracias al Dios de su Corazón por todos los beneficios que han recibido y continuarán recibiendo a lo largo de su vida.

PARA TODOS .LOS MIEMBROS
1) Observen las reglas básicas de higiene en su vida diaria.
2) Coman APROPIADAMENTE. Aunque la buena salud mental requiere que de vez en cuando nos dispensemos ciertos placeres, el sentido común aconseja que NO NOS EXCEDAMOS DEMASIADO. Tomen mucha agua todos los días.
3) Ejerciten en forma regular su cuerpo físico v su mente. No es necesario ser miembro de un club gimnástico, ni comprar libros y equipo demasiado caros para hacer ejercicios. Caminar un kilómetro o realizar un ejercicio similar en forma sistemática, es suficiente para mantener en la debida “armonía” los órganos vitales y otras partes del cuerpo, a fin de que cumplan sus funciones normales. Aquellos que acostumbran correr, montar en bicicleta o nadar, están desarrollando una rutina igualmente saludable. En cualquier caso, no hagan ejercicios más pesados de lo que su cuerpo pueda tolerar. Caminen siempre que les sea posible o usen bicicleta; no utilicen su automóvil. Ejerciten su mente; vayan a una biblioteca pública, examinen v lean libros que consideren les estimulan intelectualmente. Asistan al teatro, a conciertos, al cine o a eventos deportivos... a algo que los estimule.
4) Manténganse activos. Quizás no hay nada que colabore tanto al proceso del envejecimiento y sus “problemas” concurrentes, que una vida sedentaria. Volviendo a la analogía del automóvil, el método más fácil para preservar la “vida y el lustre” de un carro, seria quizás guardándolo en un museo. Pero entonces ya no serviría al propósito para el cual fue creado. Por la misma razón, alguien que se aparta del resto del mundo sólo para evadirse de las tensiones de la vida, no vive la vida.
En conclusión, tratemos de desarrollar una actitud v una perspectiva saludable hacia la vida. Cultivemos el hábito de alimentar y fomentar pensamientos constructivos; pensamientos de amor, de armonía y de Paz Profunda. Con la vejez puede venir la paz mental, la satisfacción de una vida bien vivida. Esta es nuestra meta como estudiantes Rosacruces.

jueves, 8 de marzo de 2018

LA REDENCIÓN

Esto que publico a continuación es un breve documento de estudio de un Grupo de la Orden Martinista en Chile. Por esa razón al final del texto se propone un cuestionario para ahondar en el estudio de este maravilloso tema.

La autoría de este documento es de Serval, quien lo escribió con el fin de estudiarlo en el "Grupo Martinista" que dirigía en ese entonces.

A pesar que han pasado decenios de años, la vigencia de sus ideas y conceptos no ha perdido fuerza, menos aún en el contexto de la enseñanza esotérica tradicional.

Espero que lo disfruten...



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Definición exotérica.
En la enciclopedia Monitor, encontramos la siguiente definición: “Del latín “remptio”, que se interpreta como recompensa, rescate. Desde el punto de vista religioso, la recompensa constituye la liberación de una cosa, de un hombre o de un grupo humano de un pecado cometido, y por tanto de una culpa, respecto a la divinidad. El vocablo redención adquiere con el cristianismo un especial enriquecimiento al ser propiamente un mensaje de salvación y elevación al orden sobrenatural, participando de la paz y de la vida divina en y con Cristo. En cambio, en el protestantismo esto se interpreta de un modo extrínseco: Cristo sustituye a los hombres que no pueden hacer nada por sí mismos.[1]
La publicación Academo dice respecto a redención: “Acción de redimir, la que nuestro Señor Jesucristo hizo del género humano; remedio, recurso, refugio. L. redimo, redemptum, de re y emo, comprar.”
Por su parte el Diccionario Latino, indica: “Redemptio: Adjudicación, arrendamiento / rescate; compra, soborno // la redención.” También indica: “Redemptio: empresario (de trabajos públicos), arrendatario, contratista // redentor que rescata esclavos // el Redentor.”
Significado esotérico.
Suele atribuirse el concepto redención en particular a la persona de Jesús-Cristo. Sin embargo, su significado es universal. Es una expresión de una Ley de Evolución Cósmica. Es la separación de la primera forma de vida o existencia, en múltiples formas que participan de esta esencia primera. A la forma particular de vida y existencia de nuestra evolución se le llama Logos.
Para qué exista un universo, es necesario que la existencia única se límite a sí misma y por tanto pueda existir la manifestación. Así, cada uno de los seres de la creación participan de esta primera existencia, llevan un impulso hacia la involución y evolución y registran un recuerdo de formas más primigenias. Esta limitación del Logos es el acto supremo de redención. Es el acto arquetípico de sustitución y entrega hacia otros.
Este acto de entrega, constituye la primera manifestación de la Ley del Amor, la cual rige todo el universo en todas sus manifestaciones, es causa de su vida, existencia y su evolución.
Redención de Jesús.
En nuestra civilización occidental, la expresión de la redención la tenemos magníficamente ejemplificada en la vida y obra de Jesús de Nazaret. Sus enseñanzas habrán de ser realizadas y comprendidas plenamente al término de la era actual.
La vida y obra de Jesús tal como se muestra en los evangelios, es la graficación, la expresión de distintas etapas de una iniciación por la que toda individualidad debe pasar, en distintos planos. Sus actos de redención deben ser efectuados en forma análoga por nosotros, la comprensión de lo divino y universal. Es la expresión en el plano humano de esta Ley de Amor arquetípica.
El hecho que un gran iniciado allá ejemplificado consigo mismo esta entrega hacia los demás, nos hace más accesible la comprensión de algo, que de otra forma, sería muy abstracto y difícil de entender. Sin embargo, para su buena y cabal comprensión, es necesario tener un desarrollo espiritual mínimo; es necesario tener abiertos ya los ojos del alma.
“El asirla exige su espíritu se haya desenvuelto, siquiera sea de un modo parcial, en nuestra vida. Sólo aquellos que conocen prácticamente algo de lo que la abnegación encierra, son capaces de atisbar el vislumbre de lo que la enseñanza esotérica de esta doctrina expone cómo manifestación típica de la Ley del Sacrificio. Y aplicada a Cristo, sólo podremos entenderla cuando la veamos como una especial manifestación de la ley universal, cómo una reflexión aquí abajo del original de arriba, mostrándonos en una vida humana concreta lo que el sacrificio significa.”[2]
La no cabal comprensión que la vida concreta de Jesús es la expresión de leyes universales qué se nos han querido mostrar de esta manera por razones didácticas, lleva a particularizar y cambiar el significado de algunos símbolos fundamentales. Veamos a modo de ejemplo dos de ellos:
a)     La cruz. Suele representarse y transmitirse la idea de supremo dolor de Cristo en la cruz. Esto es válido, pero sólo en algunos momentos. El iniciado presiente su camino y sus pasos futuros. Sabe que será sometido a pruebas y que al triunfar sobre ellas saldrá fortalecido y más cerca del punto de retorno.
“Al rastrear en la prehistoria más remota el simbolismo de la cruz latina, o
más bien del crucifijo, pensaban los investigadores que habían de tropezar con que la figura desaparecería, quedando solo atrás lo que imaginaban ser el primitivo emblema: la cruz. Pero cuál no sería su sorpresa al ver exactamente lo contrario. La cruz se había desvanecido del todo quedando la figura solamente con los brazos levantados. No hay ya en esta figura apariencia alguna de dolor o sufrimiento, aunque todavía expresa sacrificio; es ya más bien el símbolo de la alegría más pura que el mundo pueda ofrecer: la alegría de entregarse por propia voluntad; pues representa al hombre divino ocupando el espacio brazos alzados en actitud de echar bendiciones, derramar sobre la humanidad entera sus inestimables presentes, de prodigarse voluntariamente a sí mismo en todas direcciones, descendiendo al espeso mar de la materia, para encerrarse e reducirse en ella, a fin de qué, mediante su descenso, pudiésemos nosotros tener existencia.”[3]
b) Muerte y resurrección. Cada una de las formas de existencia son expresiones de la vida universal. Llega el momento en que cada expresión de la vida debe pasar a otro vehículo para expresarse. La casa que actualmente ocupa le queda chica y debe dejarla por otra. De este modo podrá seguir aprendiendo y no se estancará en su camino. Cada forma llega en algún momento a su límite, no puede crecer más y por tanto, el Yo Superior, la individualidad, le quita su energía y construye un vehículo nuevo más apropiado para la nueva etapa. Si miramos con los ojos de la individualidad y no con los de la materia, comprenderemos la realidad de la eternidad y triunfaremos sobre el errado concepto habitual de la muerte.
Antes que el iniciado comprenda esto, ha de pasar por la prueba del dolor y de la angustia. El evangelio muestra algunos de estos momentos en la vida de Jesús. Se siente solo y abandonado. Hay algo que le falta por comprender. La conciencia de la Vida Una, busca a su Padre en lo alto, fuera de él. Al pasar de una forma de vida a otra, comprende que el verdadero centro de la vida está dentro de sí mismo, no fuera. Las formas han sido creadas por participación de la divinidad, y por tanto la llevamos en nosotros a imagen y semejanza. En nosotros, en nuestra individualidad, está resumida la historia de la evolución. ¡Gloria a todo aquel que ha aprendido a leer sus páginas!
La historia de la muerte y resurrección evidencia a los hombres que saben ver que siempre lo espiritual vence a lo material.
Los redentores.
La historia de la humanidad registra la vida y obra de muchos grandes y pequeños redentores, gracias a quienes la evolución humana es posible. Sus vidas sirven de aliciente y de ejemplo para el progreso humano. Ellos nos muestran que es posible hacerlo y que es posible alcanzar una vida plena, armónica, feliz y con conciencia de lo eterno.
Incluso los momentos angustiosos, cuándo se ven con los ojos del alma, se transmutan en momentos de alegría. Hay momentos en que el alma vislumbra su aspecto crístico y se siente desamparada y aislada, pues está tomando conciencia de algo totalmente diferente a su personalidad. Siente una separación entre su individualidad y su personalidad, las siente como entidades apartes. Clama pidiendo ayuda. En algún momento, su propio Cristo interior, manifestación de su Dios interno, responde. Toma conciencia que las formas externas son pasajeras y han sido tomadas prestadas de la naturaleza para adquirir experiencias. Percibe que la individualidad es aparte de ellas, pero percibe también que esta individualidad es una con todas las otras. Cuando se había fijado en las personalidades, parecían entidades apartes, pero ahora qué observa las individualidades aprecia que son una sola con la suya.
Todas las personas que se dediquen a los demás, que se dediquen a obrar bien, que sacrifiquen la vida separada para servir de canal a la vida una, a la Ley Superior, son  redentores. Pero la fuerza que ellos derraman, no será percibida por aquellos que no estén receptivos a este impulso. Hay una voluntad superior que entrega, pero debe haber también una abertura donde penetre este líquido de agua viva. Esto es lo que la iglesia llama la gracia divina que se derrama sobre los hombres de buena voluntad. Quienes participan de esta gracia, tienen por objetivo primordial el ayudar a los demás.
Los problemas que tienen los seres humanos entre sí y con el medio ambiente, son derivados de la ilusión de la separatividad. Creer que se tiene una vida independiente de las demás formas de existencia. La vida es una sola. Todo lo que existe no es más que un aspecto de ella. Formamos parte de un todo, como las células forman parte del organismo.
Si hacemos abstracción de las diferencias propias de la personalidad, descubriremos que esencialmente las personas somos una misma cosa. El Yo Superior es el mismo en todos los seres humanos. De tal modo que conociendo al otro, me conozco a mí mismo. Aprendiendo de su modo de reaccionar, aprendo de mi propia naturaleza. Identificándose con el otro, sr expande la propia conciencia de la vida. “Es ley del crecimiento de la vida desarrollarse por la difusión, no por la adquisición”.[4]  Un acto de redención es, entonces, una amplitud de conciencia y una participación más plena de la vida.
Dar algo puede traernos problemas si fijamos la atención en las formas temporales. Pero estas formas sólo son prestadas, usufructuamos de ellas y deben ser usadas solamente para el enriquecimiento del alma. Luego se dejan tranquilamente. Vivir no es adquisición, sino transición, entrega, circulación.
Un redentor abarca la vida de los demás con la suya propia y vierte su fuerza vital en los demás. Esto puede hacerlo pues está por encima de la ilusión de la separatividad y puede entonces mirar a los demás seres sumidos en esta ilusión y ayudarles a su reintegración.
La redención en la vida diaria.
Estas reflexiones sobre la redención pueden y deben llevarse a nuestra diaria experiencia. Toda acción proveniente de los planos superiores debe concretizarse en los inferiores.
La conciencia mientras se mantiene con la ilusión de la separatividad está `propensa al sufrimiento. Pero cuando se comprende que necesitamos de los demás para nosotros mismos, cuando entendemos que la divinidad está precisamente en nuestro interior, entonces estamos en el umbral de una nueva dimensión de la conciencia. Las adversidades de la vida cotidiana son productos del egoísmo, pero son también experiencias que bien utilizadas nos conducirán a este umbral. No existe sufrimiento mientras esa conciencia sea continua, pues la luz de arriba hace imposible la obscuridad de abajo.
En un trabajo grupal y en cualquier plano en que se trabaje, el todo es mucho mayor que la suma de sus partes. En una estructura los elementos que la integran se interrelacionan y sus efectos se multiplican mutuamente. Para que esto sea realidad en nuestras relaciones humanas, tenemos que dar un poco de lo nuestro y también ser receptivos a lo que los demás nos pueden ofrecer. Nada podemos hacer si existe una voluntad humana que se cierra hacia los demás y se aísla en si misma, porque es Ley de evolución que el alma se asocie espontáneamente a la acción divina y a la voluntad de su hermano. “Si la voluntad abre la puerta, la vida inundará el alma. Mas, si aquella permanece cerrada, sólo podrá hacer que pasen ligeros soplos de Fragancia, para que venzan con su dulzura allí donde no puede llegar la fuerza.”[5]
La clave, entonces, para cumplir con la Ley de evolución, es cambiar de foco. De seres centrípetos evolutivamente, egoístas y aislados, hemos de transformarnos en centrífugos, altruistas y hermanos de los demás. Entonces nuestra conciencia será continua con lo Superior, con los demás, día y noche. Cambiando de motivo en la vida diaria respecto a los pequeños deberes, a las acciones insignificantes, a los intereses estrechos, todo se cambia. El desarrollo espiritual marca, no lo que el hombre hace, sino cómo lo hace.
Si el destino nos ha colocado en determinado lugar del espacio y el tiempo, es allí donde tenemos que hacer práctica estas cosas. Es allí, en cada momento, dónde podemos cambiar de actitud y hacer nuestros actos redentores. Es ilusorio pretender que la amplitud de conciencia o que una realización plena se pueda encontrar en otra parte, si no hemos sido capaces de cambiar nuestra actitud y obtenerla dónde nos encontramos. Porque esa actitud, evolutiva o no evolutiva, la llevaremos donde quiera que vayamos.
SERVAL
Con la finalidad de aprender más al respecto, proponemos responder a las preguntas del siguiente cuestionario:
1.     Algunas religiones plantean que el ser humano nace con una culpa, ¿de qué culpa se trata y qué opina de ello?
2.     ¿Qué otras manifestaciones y expresiones de la Ley de evolución podemos nombrar? ¿Hay ejemplos de alguien que nos haya mostrado estas manifestaciones?
3.     Desde que el Logos se manifiesta en los demás, hasta nuestra dedicación a otra persona, es una limitación para el ente que se entrega. ¿Es compatible esta limitación con la amplitud de conciencia?
4.     ¿Ha leído sobre la vida y obra de un redentor, por ejemplo Jesús? ¿Qué reflexiones tiene al respecto?
5.     ¿Ha pensado en qué puede ofrecer a cada una de las personas que el destino ha colocado en su camino?
6.     Jesucristo poco antes de pasar la transición, exclamó: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” ¿Por qué esta angustia ¿Qué le faltaba por comprender aún a este espíritu encarnado, antes de volver de donde vino?
7.     Reflexione sobre algunos momentos de angustia que haya tenido en su vida y busque la enseñanza que le han dejado. Saque una consecuencia positiva de esas experiencias para el futuro.
8.     ¿Ha sido realmente receptivo hacia los demás?
9.  Habitualmente estamos participando de algún grupo humano ¿Su participación es activa, hay un fluir de dar y recibir? Si no es así, ¿en qué está fallando?
10.           ¿Cuál es su plan para salir de su egoísmo?



[1] Al hablar de “Cristianismo”, se refiere en particular al catolicismo. Este, junto al protestantismo, don dos corrientes del cristianismo.
[2] Annie Besant. “El Cristianismo esotérico”.
[3] C.W. Leadbeater. “The Christian Creed”, citado por Annie Besant, Op. cit.
[4] Annie Besant, Op. Cit.
[5] Íd. Íbid.

sábado, 29 de julio de 2017

LA EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA

Lo que publico es una parte de una recopilación llevada a cabo por Dámaso Lagos Vargas, Martnista, bajo el nombre de "Espiritualidad", siendo esto sólo una breve parte del escrito total.

Cabe mencionar que el escrito orginal recopila enseñanzas de disntintas obras, entre las que se destacan, al menos en esta parte, las de Mr. Lowe, llamadas "Ante el umbral" y "En el umbral".

También es importante destacar que el concoimiento entregado tiene un fuerte componente espírita, pero que no está exento de poder ser adecuado a otras creencias espirituales.

Con el deseo que sea de utilidad, aquí se los dejo:

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ALMA Y ESPÍRITU: ¿QUÉ SOMOS EN ESENCIA? 
Corrientemente se confunde el alma con el espíritu y sin embargo, son elementos muy diferentes.
El espíritu es la vibración de vida, es la esencia divina del Todo Superior, o Máximo Hacedor, o Sumo Arquitecto, o Dios, la que después de un largo peregrinaje evolutivo a través de los reinos mineral, vegetal y animal, adquiere conciencia y se incorpora a la evolución como el ser humano. El espíritu, parte de Dios y vuelve a Dios, siendo en consecuencia, imperecedero, inmortal. El alma, en cambio, es de origen material y como su estructura es de substancia etérea, mucho más fina que la materia de nuestro cuerpo denso, puede conectarse fácilmente con el espíritu actuante también en sus otros vehículos o cuerpos menos densos aún, como el cuerpo astral y el cuerpo mental, sirviendo así de intermediaria, mensajera o vínculo entre el espíritu y nuestro cuerpo denso o carnal, dando en tal forma lugar a un todo relacionado con sus partes; el alma por ser de orden material, es perecedera y se desintegra, junto con el cuerpo denso, al desencarnar el espíritu.
El espíritu es un conjunto de células imponderables, fluídicas[1] de organismo indefinido que creó el Ser Supremo para cada ser; de manera que en cada una de estas células está Su esencia y Sus virtualidades en estado latente, las que despertarán y se desarrollarán tarde o temprano, según sea el comportamiento que cada cual haya tenido desde que surgió a la vida. El espíritu es una realidad efectiva y evidente, aun cuando escapa a los medios materiales actuales de comprobación, y se une a la materia en el momento de la concepción para desarrollar sus poderes latentes mediante las experiencias terrenales captadas por su consciencia, volviendo a ocupar cuerpos físicos tantas veces como sea necesario, hasta agotar sus experiencias y cortar por último las ataduras con la materia, a fin de continuar por tiempo indefinido en evolución en el astral[2], en otro estado más sutil y etéreo apropiado a su nueva actividad y condición. La permanencia del espíritu en cada una de sus encarnaciones tiene un plano terrenal determinado, calculado para su desarrollo en conformidad a las Leyes Divinas que lo rigen. El espíritu, o chispa divina, o soplo de vida se da sólo una vez, pero en cada vibración refuerza su vibración.
Al mismo tiempo que se forman las células materiales para constituir el feto, igualmente toman ubicación las células espirituales que configuran el espíritu, distribuyéndose en toda la extensión dela materia, desde la cabeza a los pies. Estas células espirituales, como las físicas, van aumentando con la edad o tiempo de existencia, así como una planta aumenta sus raíces en proporción con la extensión de su follaje de acuerdo con su edad. Sin embargo, hay puntos en que las células espirituales están en mayor número y son aquellas que más ejercita el ser humano. Si es un intelectual o pensador, se agrupan en mayor cantidad en el cerebro; si es un sentimental y elevado, se concentran en el corazón, y si es un vividor o de bajas pasiones, en el plexo solar o visceral. Esta abundancia de células espirituales en las partes señaladas dan, por lógica también, el mayor desarrollo y capacidad de los mismos, y al desencarnar son estos lugares los que dan paso al espíritu para salir del cuerpo denso, con el objeto de continuar su evolución fuera de él.
Se puede decir que el ser humano está constituido esencialmente, por el espíritu; emocionalmente, por el alma, y materialmente, por el cuerpo denso. Veamos ahora cómo se manejan estos tres elementos en la existencia terrenal de un individuo: el espíritu, por su condición superior y por sus experiencias recogidas en las repetidas encarnaciones que haya tenido, se da cuenta anticipadamente de los resultados perjudiciales que ha de tener un proceder determinado. El alma, que es fundamento o base de las emociones, de las pasiones y del intelecto, no demuestra interés por el perjuicio que pueda recibir. Luchan, entonces, ambas fuerzas por imprimir al cuerpo denso una conducta determinada. A veces triunfa el espíritu, otras es el alma la que se impone con sus emociones e intelecto equivocado. Hay pues en toda vida humana terrenal dos fuerzas que deciden el destino de cada individuo, y ellas son el espíritu y el alma. Cuando las acciones son nobles y elevadas, el espíritu crece y se fortalece; cuando son emocionales y pasionales, el alma es la que se vigoriza. En el primer caso, el cuerpo estará bien dirigido en beneficio del perfeccionamiento del espíritu; y en el segundo, el desorden y el vicio aprisionarán al cuerpo en perjuicio evidente de toda evolución espiritual.  Es indispensable entonces, esforzarse por formarse un carácter con hábitos puros y sanos, pues sólo así se podrá encausar el espíritu por el sendero del progreso.


¿DE DÓNDE VENIMOS?
Nada existe sin la Causa Única, sin la Razón Suprema, que es Dios. Desde allí surge una vibración, una energía o fuerza llamada Logos, la cual pasa enseguida al Plan Solar y de este a la Tierra, guiado y cuidado por entidades espirituales especializadas. Esta vibración o energía forma, en el plano material, los átomos y moléculas de todo lo que existe, dando así comienzo a la vida materializada, la cual comienza su evolución en el mineral en el cual, como puede apreciarse, no hay todavía manifestaciones de progreso evidente porque falta el movimiento, la sensibilidad y otros factores que caracterizan a la vida en plenitud; sin embargo, en los minerales está la esencia divina y por eso se producen la cristalización y otras propiedades inherentes a ellos, lo que constituye una demostración de la existencia de la vida en potencia y en principio de evolución; en ese mineral comienza pues la evolución del que llegará a ser el ser humano, para seguir ascendiendo a través de los otros reinos de la naturaleza: el vegetal y luego el animal. En cada uno de ellos se cumple el ciclo correspondiente y necesario para cada avance. Este proceso evolutivo se ha sintetizado elocuentemente en esta sentencia: “El ser humano duerme en el mineral, sueña en el vegetal, despierta en el animal y adquiere conciencia plena en el hombre”. Ello en sentido figurado, refleja exactamente la condición en el principio de la vida; la Esencia Divina está en cada una de esas etapas.
Mientras la evolución no llega a la etapa del hombre, esta esencia o energía se encuentra dirigida y protegida desde afuera por entidades espirituales, que reciben el nombre de Espíritus-Grupos, de los cuales hay para cada reino de la naturaleza y para las distintas especies o “grupos” y de ahí deriva su nombre. Estas entidades especializadas cuidan a las criaturas que tienen bajo su control, con sumo esmero y abnegación, especialmente a los animales y aves, cuya sensibilidad y peligro a que están expuestos son mayores. Así por ejemplo, se preocupan de que no les falte los alimentos, los dirigen en sus labores y a veces los trasladan de un punto a otro de la Tierra, haciéndolos emigrar en determinadas épocas del año a regiones más convenientes. En otras oportunidades tratan de apartarlos de peligros y accidentes, aunque no siempre lo consiguen. En el hombre ya no existen estas entidades, ni hacen falta porque el espíritu se ha individualizado, adquiriendo plena conciencia, con lo cual su acción y proceso evolutivo se verifica desde el interior y en conformidad con su libre determinación, constituyéndose así en dueño de sí mismo. Al adquirir conciencia plena, el espíritu queda en completa libertad para elegir entre los diferentes caminos que se le ofrecen y que le conducirán con mayor o menor rapidez en su proceso evolutivo, al cual está determinado desde el instante en que surgió como Logos. Esta vibración o fuerza vital evolucionó determinada y dirigida por Espíritus Grupos mientras permaneció en tres de los cuatro reinos conocidos de la naturaleza. En el reino humano continúa evolucionando con el ritmo y aceleración que el hombre quiera imprimirle; es así como puede retardar o acelerarla, hacerla penosa o liviana, según sea el camino que voluntariamente elija. Antes de llegar a esta etapa, que es la cúspide de la evolución terrenal, el espíritu en su ascensión sufre diversas contingencias finales en la especie animal, que formando la etapa anterior a la humana están en condiciones de llegar a esta última, pues hay diferentes grados evolutivos entre ellas y debe irse progresando desde los inferiores hasta los superiores, los cuales corresponden comúnmente a los que se encuentran más cerca del hombre, esto es, a los domésticos. Sin embargo, no son estos los únicos que pasan a la categoría humana, pues también algunas especies marinas tienen este ascenso.

Cuando han cumplido el ciclo indispensable de permanencia en su estado, se les separa en planos especiales en el astral, en los cuales se les proporciona la preparación conveniente para el gran paso que van a dar, por eso a aquellos se les llama Planos de Preparación. Estas entidades que por primera vez pasan a la especie humana se designan con el nombre de “espíritus nuevos” y vienen en “oleadas” o períodos de cinco o de siete años terrestres. Por lo general, tales entidades nacen entre la gente de escasa evolución intelectual o de poca preparación cultural y a menudo traen deficiencias mentales o defectos físicos que no les permiten prolongar sus existencias desencarnando, por lo mismo, prematuramente. Asimismo, estos espíritus nuevos, vienen con algunas tendencias de la etapa anterior, a veces muy notorias, especialmente en la forma de comer, pues toman actitudes de su condición precedente.

¿HACIA DÓNDE VAMOS?
Mucha gente no tiene una respuesta verdadera y satisfactoria a esta interrogante, como tampoco la tiene para la otra: ¿de dónde venimos? Con el objeto de que no se continúe con el misterio, ni en el error, ni en la ignorancia, se da a conocer a continuación algunas enseñanzas que se complementan con otras dadas anteriormente y con otras que se darán más adelante.
Como ya se ha dicho, la Esencia Divina que está en todo lo creado, empezó su evolución en el mineral, continuándola en el vegetal, en el animal y por último en el ser humano, en donde adquiere plena conciencia y libre determinación de su existencia terrenal. Pero este proceso evolutivo no termina aquí, porque el espíritu que anima a la materia sigue viviendo después que se desprende de ella por la muerte física; después de esta, necesariamente el espíritu debe ir a algún lugar y con algún objeto. Pues bien, ese lugar es el astral, así es que “hacia allá vamos”, y el objeto es la continuidad de la evolución en calidad simplemente de espíritu liberado del cuerpo material o físico. En esta forma entra en otro orden de experiencias que le facilitarán su perfeccionamiento, ya que liberado de lazos materiales puede contemplar horizontes más amplios, para cumplir así con el fin de la vida integral. Sin embargo, este perfeccionamiento no se alcanza en corto tiempo y es preciso volver muchas veces a la tierra, y al astral, hasta eliminar los defectos y hacer brillar las virtudes, que son las únicas que cuentan en el progreso del ser. Pero, ¿qué es el astral? Es el conjunto de planos o mundos dónde reside el espíritu; bástenos saber por ahora, que son siete. Cada plano a su vez se subdivide en siete subplanos, y el primero y más inferior es el que se halla más próximo a la Tierra. Sobre todos estos mundos está el Plano de la Creación, que recibe el nombre de Plano de Saturno. Desde allí el Supremo Hacedor dirige la evolución total, sin que pueda llegar nadie hasta Él, salvo sus Espíritu Virginales que creó para Su servicio y enlace con los planos inferiores, los que no han encarnado nunca en el mundo físico.
El primer plano más próximo a la Tierra tiene, como los demás siete subplanos o
grados. A él llegan os espíritus que en su vida material no supieron elegir el camino que les debía conducir hacia la evolución y se dejaron llevar por sus pasiones, ni supieron dominar sus emociones, cometieron crímenes, se suicidaron, robaron o pervirtieron sus instintos hasta la degeneración, violando las Leyes Divinas. Todas las entidades espirituales, bajas o elevadas, antes de quedar en el sitio preciso que les corresponde, cuando recién desencarnan, deben presenciar en compañía de su Guía Protector el desarrollo de su vida material que acaba de terminar y que ha quedado como grabada en una especie de envoltura fluídica que posee el espíritu, llamada periespíritu, la que lleva consigo al desencarnar. En esta revisión del pasado se contempla todo cuanto hicieron o pensaron, lo bueno y lo malo, a fin de que sus consciencias, ahora más sensibles por el desprendimiento de la materia, puedan comprender mejor el valor de sus actos e incluso el valor de sus pensamientos y sentirse felices con el bien realizado o con angustias y remordimientos por el daño que causaron, lo que obliga a corregirse y a perseverar en las virtudes en las nuevas encarnaciones; no obstante esto, el espíritu a veces es rebelde y no obtiene provecho de sus experiencias pasadas deseando, por el contrario, volver a cometer las mismas faltas y en mayor grado. Estas entidades, como todas las que han violado las Leyes Divinas, quedan el primer subplano del primer plano, siendo llevadas a estas moradas por sus respectivos Guías Protectores y encerrados en cascarones hechos a su medida, en los cuales existe solamente obscuridad. En estos lóbregos calabozos, ellos ven con los ojos del espíritu todo el daño que han causado en la Tierra, atormentándolos incesantemente, como una pesadilla que no termina ni disminuye en intensidad, hasta que nazca en tales seres el anhelo de cambiar. Los Guías Protectores, a pesar de la culpabilidad y la rebeldía o la soberbia de tales entidades, no los abandonan jamás y siempre están preocupados de ellos, visitándolos constantemente. Algunos recapacitan y en un tiempo relativamente corto pueden abandonar sus prisiones, pero antes ha de venir una entidad especializada a darles luz. Otros, por el contrario, por su rebeldía y perversidad únicamente desean libres para volver a la Tierra y cometer mayores desmanes y fechorías; ellos no aceptan los buenos consejos y los rechazan, por eso sus Guías Protectores los dejan solos algún tiempo, en espera de reacciones futuras, las que a veces demoran cientos de nuestros años terrestres. De todos modos, ese instante llega y sólo entonces empieza la evolución de estos espíritus, primero con el arrepentimiento y después con el propósito de mejorarse.
Así van pasando de un subplano a otro, hasta completar los siete que constituyen el primer plano. Cumplida esta etapa se les hace pasar al plano siguiente llevándoles primero al centro de éste y luego al primer subplano del mismo, para que desde esta nueva ubicación continúen haciendo méritos u subiendo grado a grado, hasta completar los siete de su plano y continuar de esa manera su evolución. Sin embargo, comúnmente las entidades del primero y segundo planos vuelven a encarnar muchas veces antes de seguir progresando en el astral, porque deben cancelar o corregir faltas que cometieron aquí en la Tierra y que solamente pasando por las mismas experiencias y sufrimientos se compensa el daño causado y se corrige el defecto. En estos dos primeros planos, que son los más poblados del astral, por cuanto el mal es aún muy superior al bien en la Tierra, la vida espiritual es desagradable por las vibraciones de sus moradores igualmente desagradables; lo éteres de esos lugares son de calidad inferior y tienden a mantener una atmósfera pesada y lóbrega y todo contribuye a darles el peor de los estados, por lo cual la permanencia en ellos se convierte en un castigo casi insoportable.
En el tercer plano, se halla el plano especial de los deseos, y corresponde al séptimo subplano del mismo. Quien alcanza ese lugar está en condiciones de pedir el cumplimiento de un deseo de su espíritu que no ha podido realizar y con el cual tal vez consiga perfeccionarse y avanzar más rápidamente. Las entidades de este tercer plano aún no se han desprendido de sus odios y rencores, pero se interesan en superarse, especialmente al ver grabado en su periespíritu el lastre o defecto de la vida anterior. La conciencia en este plano ha despertado y las entidades piden un mayor trabajo o misiones a su Director, pues anhelan pronto llegar al plano siguiente.
En el cuarto plano el espíritu ya está purificado. Cómo los éteres, todo reviste mayor belleza y bienestar. De este plano ya bajan menos entidades a reencarnar.
En el quinto plano termina la evolución terrenal del hombre y solamente se vuelve a encarnar en cumplimiento de una misión y sólo por el tiempo que ella requiere. En este plano todo es magnífico; todas las entidades viven en un afán de progreso enorme.
En el sexto plano se inicia un nuevo ciclo de evolución, del cual se tienen muy pocos antecedentes, los que sólo son conocidos por los Iniciados muy avanzados.

DLV


[1] Contienen poca adhesión entre sí y toma la forma del objeto o vasija que las contiene.
[2] Otro plano de existencia y también otro vehículo más duradero del espíritu.