domingo, 9 de septiembre de 2012

DE LAS FUERZAS MÁGICAS DE LA NATURALEZA



 La presente es una publicación encontrada en la red, en la cual se reseña una breve biografía de Karl von Eckartshausen, así como un resumen de su obra "De las fuerzas mágicas de la Naturaleza. 

Este resumen es producto de la pluma de Julio Peradejordi, autor esotérico, quien ha publicado entre otros libros:
Cuentos para buscar a Dios
Refranes esotéricos del Quijote
La Cábala de los proverbios
La babuchas de Abu Kassim
La Cábala
Símbolos fundamentales del Camino de Santiago, entre otros.
Y desde hace algún tiempo dirige Ediciones Obelisco.
Bien que les aproveche....


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Hacer magia no es otra cosa
Que fecundar el mundo
Pico della Mirandola



Presentación general.
Karl von Eckartshausen, autor de La Nube sobre el Santuario (1) y de De las Fuerzas mágicas de la Naturaleza, nació en el castillo de Haimhausen (Baviera) el 28 de junio de 1752, y murió en Munich el 13 de mayo de 1803 (2). Hijo ilegítimo del conde Karl von Haimhausen y de María Anna Eckart, la hija de su intendente, llevaría el nombre de su padre y un apellido inventado que reúne los apellidos paterno y materno: Eckartshausen.
Tras una infancia bastante desgraciada y a causa de su nacimiento poco convencional, el joven Karl Eckartshausen no sería ennoblecido hasta acabar sus estudios universitarios pudiendo llamarse en lo sucesivo Karl von Eckartshausen. Nuestro autor, que recibió una educación muy esmerada y siguió con provecho sus estudios, llegaría a ser uno de los escritores más fecundos de todo Alemania y una de las figuras más importantes, sino la más, de la teosofía cristiana.
Dotado de una sensibilidad fuera de lo común, su vida se vio influenciada desde su más tierna infancia por lo mágico, por lo sobrenatural. Sabemos que, a partir de los siete años tuvo sueños y experiencias muy importantes para su vida interior, cuya interpretación le sería proporcionada por sueños posteriores. Como escribiría él mismo a otro gran teósofo, Kirshberger, «la luz que brilla en las tinieblas me proporciona el conocimiento de las cosas ocultas». La luz será precisamente una de sus obsesiones, a la que dedicará opúsculos enteros (3). En La Nube sobre el Santuario (4) nos explica que «así como la luz exterior nos ilumina por el camino de nuestra peregrinación, la luz interior nos ilumina por el camino de la salvación». Podemos, pues, hablar de una «Teosofía de la Luz», incluso de una «Filosofía de la Luz», basadas en su experiencia y en su contacto con la realidad trascendente. En el texto que presentamos, Eckartshausen afirma categóricamente que «mediante la luz hallará el mago sabiduría y fuerza» y que «la luz que conocemos en este mundo caído es sólo un reflejo, un préstamo de los sentidos y puede conducir al conocimiento o a la ciencia, pero nunca a la sabiduría».
Para Eckartshausen, «la luz física percibida por el hombre no es la verdadera luz, sino únicamente un símbolo de nuestra patria celeste».
En 1770, Eckartshausen se matriculó en la Universidad de Ingolstadt, dirigida por jesuitas, donde permanecería unos tres años. En 1774, tras unos estudios particularmente brillantes, obtuvo el Absolutorium.
En 1776, seguramente gracias a las influencias de la familia paterna (su padre era consejero privado del Príncipe Elector), obtiene el puesto honorífico, pero escasamente remunerado de Consejero Aulico, estrechamente relacionado con las actividades de tipo jurídico a las que se dedicaría a partir de 1779.
En este mismo año se casó con Genoveva Quiquérez, de oscuro origen, que fallecería al cabo de dos años. En 1781 se casa de nuevo, con Gabriela von Wolter, hija de Johann Anton von Wolter, médico personal del Príncipe Elector, Karl Theodor, y director de la facultad de Medicina de la Universidad de Ingolstadt. Al poco tiempo nace el fruto de este matrimonio, Sophia Teresia Gabriela.
En 1777, Eckartshausen fue admitido en la Academia de las Ciencias de Munich, de la que fue miembro asiduo hasta el año 1800, y donde pronunciará un gran número de conferencias. El director de la sección histórica de dicha academia, Ferdinand von Sterzinger, se interesaba, como nuestro autor, por la magia y los fenómenos ocultos. En esta misma academia realizaría toda una serie de experimentos físicos y alquímicos que influyeron de un modo decisivo en sus obras.
Entre 1780 y 1783, nuestro autor se dedicó especialmente a su trabajo como jurista, en el que intentó plasmar sus ideales humanitarios, especializándose en criminología. Como escribe su biógrafo, Antoine Faivre (5): «Estas actividades lo influencian profundamente; en vez de endurecer su corazón, desarrollan su piedad, hacen de él un defensor de los débiles y de los oprimidos». Su producción literaria de aquella época estuvo estrechamente vinculada con su trabajo. Uno de los muchos opúsculos que por aquel entonces puso en letras de molde llevaba por título De los orígenes de los delitos y de la posibilidad de evitarlos.
En 1780, Eckartshausen ingresó en el Colegio de la Censura y, a partir de entonces, trabajando como censor, se encargaría especialmente de la revisión de obras sobre Derecho y Literatura.
Unos tres años después, la Corte le ofreció el puesto de Archivista Secreto, empleo bien remunerado que, si bien le solucionaría sus problemas económicos, le atraería no pocas envidias. En 1786 publicó una obra titulada De la organización práctica y sistemática de los Archivos Principescos en general. Su trabajo como censor y como archivista, al que dedicaría la mayor parte de su tiempo, le permitió, sin embargo, leer muchísimo y enriquecerse culturalmente.
A partir de 1788, año en que publicó unas Aclaraciones sobre la magia que tendremos ocasión de citar varias veces en este trabajo, la producción literaria de nuestro autor se centró sobre todo en temas esotéricos. Sin embargo, el teatro ocuparía un lugar preeminente dentro de su obra; escribió, publicó y estrenó con cierto éxito varias obras de este género.
Al mismo tiempo que persigue una búsqueda de tipo filosófico o especulativo, Eckartshausen se entrega también a experimentos de tipo práctico en campos como la física o la alquimia. En 1798, por ejemplo, publicó un tratado sobre Los descubrimientos más recientes sobre el calor y el fuego, que le supuso dos años de experiencias prácticas.
En 1799 publicó un artículo que no se atrevió a firmar, en el que pretendía reducir todas las ciencias a un principio universal «que permite descubrir en todas las artes y todas las ciencias lo que hasta entonces sólo había sido considerado como el efecto del azar». En este escrito, Eckartshausen demuestra que el principio de la materia es indivisible e incorruptible. Para él, todos los fenómenos de la naturaleza se producen por síntesis y análisis de la luz. La sombra también es materia real, susceptible de ser concentrada hasta volverse palpable. En el tratado que hoy presentamos, asegura que «la oscuridad y la luz son verdaderas sustancias». Unos años antes, había construido una máquina que permitía relacionar los olores con los colores, gracias a la cual descubrió que existía una analogía entre los colores, las ideas, los olores y las pasiones. Tanto esta máquina como sus investigaciones en este campo le atraerían también problemas y enemistades, ya que se pretendió que «quería introducir en la Academia cuestiones de Teosofía y de Cábala».
Poco después, publicó otro polémico artículo titulado Nuevos descubrimientos sobre la incorruptibilidad de las cosas, la conservación y la perpetuación de los seres, en el que afirma ser capaz de aislar la materia luminosa de los cuerpos.
Con todo, la obra más famosa de Karl von Eckartshausen no aparecerá hasta un año antes de la muerte de nuestro autor: La Nube sobre el Santuario o algo que no sospecha la orgullosa filosofía de nuestro siglo, que alcanzaría un gran éxito y pronto sería reeditada y traducida a varios idiomas.
Hasta aquí hemos visto a grandes rasgos cómo era el personaje exterior, público. Sin embargo, al menos a nuestros ojos, el realmente importante es el Eckartshausen secreto, el miembro de la Comunidad luminosa de Dios, la «Escuela Interior» «dispersa por todo el mundo pero gobernada por una verdad y unida por un espíritu» (6). De ésta, obviamente, no se puede hablar sino desde dentro; pero lo que queramos averiguar del Eckartshausen secreto y de la Escuela Interior lo hallaremos en sus obras.
Reconocemos que es difícil, con los pocos datos que hemos dado, hacerse una idea de la extraordinaria importancia de nuestro autor, Quizá podamos suplir esta falta repasando algunas de las ideas principales que nos ha dejado en sus escritos.
Eckartshausen es un espíritu inquieto, a quien todo le interesa: ha escrito poesía, teatro, novela y ensayo. Con toda certeza él mismo tradujo, al menos parcialmente, muchos de los textos en los que basa sus especulaciones.
En sus numerosos ensayos, nuestro autor desarrolla un complejo sistema cosmogónico, escribe páginas admirables sobre Dios y el Hombre, se interesa por el mundo de los espíritus y no se avergüenza de confesar que está en contacto con ellos y que les debe no pocas inspiraciones. Por otra parte, también nos avisa de los peligros que comporta este tipo de comercio. Con todo, lo que realmente le interesa a Eckartshausen, su gran preocupación, es la religión. En La Nube sobre el Santuario (7) escribe que «la religión está destinada a reunir en él (el templo) al hombre con Dios» y en el texto que presentamos «la religión consiste en este único y gran misterio de la redención, que se nos revela de una manera meramente simbólica en todas las ceremonias y representaciones religiosas».
La abrumadora erudición de nuestro autor abarca todas las disciplinas, profanas o esotéricas y su pluma toca brillantemente casi todos los temas. En De las Fuerzas mágicas de la Naturaleza cita profusamente las Sagradas Escrituras (8) y se apoya en ellas. Comienza presentándonos un tema apasionante para muchos como es la magia para acabar hablando del que realmente le interesa: la religión, como si la verdadera finalidad de este libro fuera revelarnos los arcanos de esta última. Nuestro autor cita a Bacon de Berulamio que afirmaba que «sólo un filósofo superficial se permite despreciar la religión». Eckartshausen escribió este breve tratado para mostrar a quienes buscan la verdad que existe una completa armonía entre lo espiritual y lo físico. La traducción que ofrecemos, realizada a partir del texto original alemán es la única que conocemos. Ojalá anime a que se traduzcan a nuestro idioma otros textos del gran teósofo alemán.
Karl von Eckartshausen y la magia
El lenguaje del texto que presentamos es un lenguaje técnico, difícilmente comprensible para el profano, pero que impactará por su sencillez e inspiración al buscador sincero. Nuestro autor tiene un punto de vista muy particular de la magia, una visión que no parece pertenecer a ninguna escuela en concreto. Para él, la magia es, ante todo, una fuerza. Una fuerza que tiene su efecto en e interior de los seres y que funciona por atracción, por afinidad, por simpatía, permitiendo manifestar lo interior en el mundo exterior. Pero, al mismo tiempo, la magia es «una obra interior en la que se pone en juego lo natural y lo sobrenatural» y «a cada operación mágica le corresponde un previo despertar del espíritu» (9) La acción de la magia es posible gracias al más fino y sutil de los aires, el éter. Este es, declara nuestro autor, el mayor misterio de la magia natural: «El éter es como un espejo donde se refleja todo». Contemplándolo el mago tiene acceso a la omnisciencia. Este «Ser de todos los seres», como le llama Eckartshausen, es «una fuerza circular que actúa en siete facetas cada una de las cuales remite a la otra...». Podríase decir que el éter es la fuerza que mueve las fuerzas, el espíritu astral que está por encima y en situación de analogía con las siete fuerzas astrales, las fuerzas invisibles de la Naturaleza.
Estas fuerzas astrales dependen de una capacidad humana que es la imaginación creativa, capacidad de orden trascendente que no hay que confundir con la fantasía o la alucinación. Esta capacidad no se puede desarrollar mediante la ingestión de drogas o narcóticos; antes al contrario, éstos pueden influir nocivamente sobre ella.
La imaginación creativa es una Einbildungskraft, o sea «una facultad capaz de crear una imagen a partir de otras, de asimilar, de unir.»
El mago trabaja sobre esta imaginación creativa a través del deseo. Este es, en cierto modo, la simiente del objeto deseado. Si esta simiente es plantada en la tierra conveniente y es oportunamente regada, el mago obtendrá el fruto deseado. Pero, por regla general, el hombre común sólo desea de un modo inconsciente, sin tener una idea clara y precisa de aquello hacia lo que aspira, y más que deseo, su anhelo debería llamarse «capricho». La voluntad es algo que el hombre ha perdido, al menos parcialmente, con la caída, pero que puede ir recuperando.
«El espíritu astral está sujeto a la voluntad del ser humano y puede hacerse activo y tangible mediante la voluntad humana».
Más de un autor ocultista de nuestro siglo ha comparado la magia con los aparatos de radio, con frecuencias, sintonías, etc. Eckartshausen nos explica que «existe una franja o ámbito en el cual el ser humano puede entrar en contacto con el Espíritu universal; en este ámbito, el espíritu humano y el Espíritu universal forman un «Continuum». Cuando conoce esta «franja» y permanece en contacto con el Espíritu universal, el deseo del mago se realiza.»
Por otra parte, «el arte de la magia no debe confundirse con ciertas prácticas supersticiosas (...) La magia tiene un origen mucho más elevado y se fundamenta en el conocimiento de Dios y de la Naturaleza.»
Macrocosmos y Microcosmos
Para Eckartshausen, todo lo visible está íntimamente ligado con lo invisible por leyes eternas, pues ambos constituyen una cadena única, por lo cual, en la pura inteligencia suprema no hay ni «arriba» ni «abajo», ni «dentro» ni «fuera». Nuestro autor coincide con otros teósofos cristianos como Boehme para quien «los seres vivos imitan en su estructura al mundo astral en su totalidad: lo que está arriba es como lo que esta abajo».
Todas las cosas están ligadas entre sí por lazos invisibles y no evidentes. Incluso la cosa más pequeña tiene su importancia, ya que está en relación con el todo. El cambio más pequeño puede producir los mayores trastornos: en esto radican la efectividad y el peligro de la magia.
«El mundo visible, con todas sus criaturas, no es más que la figura del mundo invisible; lo exterior es la signatura de lo interior... Lo interior trabaja constantemente para manifestarse en el exterior.» Los espíritus de la Naturaleza obedecen a la voluntad del mago porque «Macrocosmos y Microcosmos están unidos.» «Todo lo que está en el interior, así como la manera en que actúa, se manifiesta en el exterior».
La humildad y los símbolos
El estudio de los símbolos es indispensable en Magia, dada la armonía existente entre los seres y las cosas de los tres mundos. Según nuestro autor, el estudio de los símbolos permite comprender con el corazón lo que podría estar vedado a la orgullosa inteligencia. «El cuerpo humano, opina Eckartshausen, nos proporciona ejemplos preciosos de una analogía no sólo poética, sino real y fundada sobre los hechos: el hombre que sube por una cuesta, inclina la cabeza hacia abajo, Aquel que desciende, por el contrario, la levanta. Esto significa que la humildad es necesaria para aquel que quiere subir y que el orgulloso realiza lo contrario de un progreso.» (10)
El hombre puede alcanzar el conocimiento de las verdades superiores gracias a los símbolos de este mundo, pues el cuerpo visible es el símbolo o la sombra de uno invisible. El hombre es un Microcosmos que está en relación exacta con el espíritu del Macrocosmos.
«Toda forma es la letra viva de un alfabeto; en la naturaleza podemos leer como en un libro abierto el amor, la verdad y la sabiduría de Dios.» La lectura de los símbolos nos elevará hasta las formas primordiales de esta escritura.
Pero el acceso a la comprensión de los símbolos, vedado a la orgullosa inteligencia, es sobre todo «un camino del corazón».
Adán: El hombre
Una parte importantísima del pensamiento de Eckartshausen parece centrarse en un tema que se repite en prácticamente todos sus ensayos: el hombre. En efecto, Adán era el punto central, el rey de la Creación. El hombre actual, caído y exiliado, si bien ha perdido las prerrogativas adámicas, conserva sin embargo una cierta nostalgia del estado luminoso de nuestro primer padre. Eckartshausen sabe ver más allá de las apariencias e intuye el singular destino del hombre, su ignorada grandeza.
«El primer hombre era un gran mago que cayó y perdió su sabiduría», escribe. Por ello la magia, entendida como la entiende nuestro autor, es ante todo el medio de volver a unir religiosamente al hombre con su Creador.
Creado a imagen y semejanza de Dios, el hombre está destinado a una felicidad semejante a la de su Creador. En el paraíso, el hombre tenía un Cuerpo de Luz, un cuerpo «constituido por energía concentrada de la luz y de los elementos, antes de que estos elementos fueran destrozados por la maldición.» Según nuestro autor, este cuerpo estaba compuesto por tres partes de luz y una de materia. Además, el hombre era libre: su libertad consistía en permanecer atado a la unidad divina o alejarse de ella. Al alejarse de ella a causa del deseo, el ser humano primordial, el hombre de luz, cae en el mundo imperfecto de la materia. Este estado es comparado por Eckartshausen a un envenenamiento:
«La enfermedad de los hombres es un verdadero envenenamiento; el hombre ha comido del fruto del árbol en el que dominaba el principio corruptible y material y se envenenó al disfrutarlo». (11)
Su cuerpo, constituido, como hemos visto, por energía lumínica concentrada, no tenía que haberse alimentado más que de alimentos incorruptibles, de alimentos luminosos, pero probó el alimento perecedero, con lo que se volvió perecedero y mortal.
El hombre está en la tierra para alcanzar el más alto grado de felicidad, pero no en el tiempo, sino en la eternidad. Sin embargo, en este mundo, puede encontrar «el punto a partir del cual se extravió».
Las imágenes que utiliza para explicarnos est único misterio de la caída y de la restauración son a veces conmovedoras: «El hombre es semejante a un fuego concentrado y encerrado en una envoltura grosera; está separado del fuego primordial al cual aspira a unirse». «Hemos de quemar la envoltura que nos recubre de modo que este fuego no se reduzca a una simple chispa. Entonces consumirá todo lo que es impuro, modificará el cuerpo, lo hará receptivo a Dios...» «Esta alquimia es facilitada por el hecho de que existe, en lo más secreto de la naturaleza física, una substancia pura que puede ayudarnos a liberar el alma divina encerrada en nosotros: esta substancia es la esencia paradisíaca que la caída del hombre encerró en la materia grosera y que desde entonces languidece bajo sus cadenas».
Para Eckartshausen, el hombre «es el objeto más importante del mundo. Los dos órdenes de conocimiento en los que participa hacen de él como un árbol cuya raíz es el espíritu: el tronco y las ramas las facultades; el follaje, las palabras; las flores, la voluntad; el fruto, la virtud. ¡Ay del árbol que no lleva frutos!»
La caída y la redención
El tema de la caída es uno de los que Eckartshausen trata más prolíficamente, sobre todo en las obras relacionadas con la magia y el esoterismo. Veamos, a grandes rasgos, cuáles eran sus ideas al respecto.
Antes de la caída, el hombre era sabio, pues estaba unido a la sabiduría: después de este funesto acontecimiento fue separado de ella.
Creado para la contemplación y el goce espirituales, Adán, disponiendo de la libertad (12) que Dios le había dado, quiso gozar de los bienes materiales que le estaban sometidos, pero para ello necesitaba un cuerpo más grosero.
Ello nos indica que todo, incluso la caída, tiene un sentido providencial. Como señala Louis Cattiaux en su Mensaje Reencontrado (XXV-44): «La caída del hombre tiene una finalidad divinamente elevada, que es la adquisición de un cuerpo bajo y su glorificación en Dios.»
En el jardín de Edén, Adán era feliz. Su felicidad consistía en contemplar las energías de la Unidad y en gozar, participando de ellas, de la energía divina original. Esta idea de «gozar» que está totalmente de acuerdo con la etimología hebrea de Edén, que significa ‘voluptuosidad’, merece quizá un breve comentario. En latín, ‘gozar’ es fruor (de ahí viene la palabra castellana ‘fruición’). De fruor procede fructus, ‘goce, placer, deleite, usufructo’, y también ‘fruto’.
En la simbología cristiana, el fruto representa la palabra. En un antiguo texto cristiano, la Epístola a Diogneto (13) podemos leer: «Aquellos que aman verdaderamente a Dios se vuelven un paraíso de delicias. Un árbol cargado de frutos, de vigorosa savia, crece en ellos y son ornados con los frutos más ricos». Y en otro texto, esta vez un delicioso fragmento de un discreto autor del Siglo de Oro español, la Visión delectable de Alfonso de la Torre, refiriéndose a los profetas, podemos leer: «aquestos en su vida han la visión de Dios en su fruición, en la cual es la alegría y el gozo tan grande, que excepto aquélla, todas las cosas del mundo les parecen un poco de lodo».
Recordemos que, precisamente hablando de profetas, el Evangelio según Mateo (VII-16) nos dice «por sus frutos los conoceréis».
Sacerdote de la divinidad, mago verdadero, Adán había recibido el conocimiento del orden de las cosas y su misión era colocarlas en el lugar que les correspondía. De este modo, el primer hombre hacía de puente entre la materia y el espíritu; era el coadjutor de Dios. Era «una criatura intermediaria que religaba el mundo espiritual con el mundo sensible.»
La caída es, para Eckartshausen, «un envenenamiento». El primer efecto de este envenenamiento fue que «el principio incorruptible (el que podríamos llamar cuerpo de vida, al igual que la materia del pecado es cuerpo de muerte) cuya expansión constituía la perfección de Adán, se concentró en el interior y abandonó el exterior al dominio de los elementos».
De este modo, el hombre caído perdió la capacidad mágica quedando el mundo exterior fuera de su dominio. Las consecuencias naturales de esta pérdida de luz, continúa Eckartshausen, «fueron la ignorancia, las pasiones, el dolor, la miseria y la muerte.» Revestido de un cuerpo inmortal, Adán no tenía porque haber conocido la muerte. Pero nuestro primer padre pecó, siendo el pecado ante todo «un pecado de egoísmo». «El egoísmo es obra de Lucifer y la causa de la caída de Adán».
A pesar de la caída adámica, el jardín de Edén no ha desaparecido, pero «está lleno de cardos y espinas». A pesar de que nuestros sentidos se alejan de ella, existe una fuerza luminosa que imanta nuestro centro hacia la Unidad. Todo el secreto consiste en saber despertarla de un modo suave.
El Sensorium
Las fuerzas mágicas operan en un órgano concreto. «Quien conoce ese órgano y sabe la manera de apropiárselo o entrar en contacto con él, posee el poder mágico sobre la naturaleza entera». «Dios expresa un sol espiritual que religa lo finito a lo infinito. Este sol es el órgano de la omnipotencia; los persas lo llamaban Ormuz, los judíos Jehová, los griegos Logos». «Este órgano es la naturaleza inmortal y pura, la substancia indestructible que lo vivifica todo y lo lleva a la más alta perfección y felicidad; el primer hombre fue creado a partir de esta substancia que es el elemento puro». Este párrafo impresionante, que alude al misterio eucarístico (la Sagrada Forma es redonda, como el disco solar), es sin duda revelador de una libertad espiritual que sitúa a nuestro autor por encima de las formas, por encima de los dogmatismos.
Eckartshausen nos habla también de «un aceite de unción que renueva al hombre». Este aceite, que reside en lo más profundo de la materia física, es llamado «Electrum, el elemento divino, el órgano o vehiculum del espíritu de Dios, el vestido de oro de la hija del rey». Este «Electrum charmal aetherum es el Verbo físico y glorioso, el cuerpo del Mesías». (14)
Nuestro autor lo describe como «un aceite verdadero, luminoso e incombustible: aquel que es ungido con él después de una preparación suficiente, se convierte en un verdadero rey y en un sacerdote de Dios; el Espíritu Santo actuará a través de él y se lo enseñará todo».
Este principio vivifica lo que está muerto y desarrolla la luz que está enterrada en nosotros, disolviendo el «gluten» (15) de la sangre.
La regeneración
El hombre es un ser caído en un mundo tenebroso, separado de la luz original, y la aceptación inteligente y humilde de esta realidad es la base para vencer el orgullo que nos ciega y para volver a reencontrar nuestro estado glorioso.
Pero, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo empezar? Eckartshausen se nos revela como un gran maestro cuando nos dice que «La oración es el primer paso que nos conduce a la regeneración.»
«La regeneración es un re-nacimiento, una transfiguración que nos asegura la paz con nosotros mismos y con la naturaleza entera». (16)
«La posibilidad de recuperar nuestro cuerpo luminoso reside siempre en nosotros como un grano listo para germinar».
Existe, en la naturaleza física «una substancia pura que puede ayudarnos a liberar la chispa divina encerrada en nosotros; esta substancia es la esencia paradisíaca que la caída del hombre encerró en la materia grosera y que desde entonces languidece bajo sus cadenas.» (17)
El secreto de la regeneración consiste en hacer desaparecer la corteza que mantiene prisionero al corazón divino: esta es la construcción del templo en el cual Dios, la naturaleza y el hombre estarán unidos para siempre.
«La verdadera ciencia real y sacerdotal es la ciencia de la regeneración, es decir la reunión de Dios con el hombre caído». (18)
«Construir el verdadero templo es destruir la miserable cabaña adámica y substituirla por el templo de verdad; es desarrollar en nosotros el sentido interior a fin de que el principio metafísico incorruptible supere al principio terrestre.» (19)
La regeneración no se refiere sólo al hombre: abarca a la naturaleza entera, que éste arrastró en su caída. «La naturaleza aspira a su restauración: espera con nostalgia el momento en el que la humanidad alcanzará la más alta perfección.»
La oración
La característica principal del estado caído del ser humano es la separación. En este mundo estamos separados de la unidad, del centro, de Dios. Como escribe Eckartshausen, «Un espacio intermediario se interpone entre nosotros y el objeto de nuestra búsqueda; la oración elimina este espacio.» Hemos visto que la oración era el primer paso que conduce a la regeneración. Pero, ¿qué es la oración? ¿De dónde procede?» «La verdadera oración, declara uno de los protagonistas de una de las novelas de nuestro autor, no procede de la sinagoga ni del magnífico templo cristiano, sino del corazón del hombre.» Una vez purificado, éste es sin duda el lugar donde se produce la fecundación de la que habla el gran cabalista cristiano Pico della Mirandola con cuyas palabras encabezamos esta introducción, y que es el verdadero sentido de la magia.
En una oración dirigida a la «luz eterna», aquella que brilla en las tinieblas y que éstas no han recibido, Eckartshausen pide «que su propia voluntad abdique a fin de que su corazón se convierta en un lugar santo y que la divinidad se exprese de nuevo en él, como en todos los demás hombres separados de Dios a raíz de la caída.»
Sin duda por ello la oración, este diálogo en la intimidad del corazón entre nuestra chispa divina y la divinidad libre, que se entabla con y durante el estudio unitivo de las Sagradas Escrituras, es el medio más eficaz para que pueda realizarse en nosotros, en la tierra y en el cielo unidos, la voluntad de Dios, como sugiere la más famosa y acaso la más mágica de las oraciones.
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1 La Nube sobre el Santuario (1802). Existen, al menos, tres traducciones españolas distintas de este texto extraordinario. Recomendamos la de Joan Mateu Rotger, La Nube sobre el Santuario, Cartas Metafísicas, Ed. Obelisco, Barcelona, 1992.
2 Todos estos datos biográficos han sido tomados del excelente trabajo de Antoine Faivre, Eckartshausen et la Théosophie Chrétienne, Ed. Kliensieck, París 1969. Se trata, sin lugar a dudas, del mejor libro que se ha escrito sobre el teósofo alemán.
3 Die neuesten Entdeckmugen über Licht, Wärme und Feuer, Munich, 1798.
4 K. v. Eckartshausen, La Nube... Op. Cit. p. 13.
5 Eckartshausen, Op. Cit., p. 53.
6 Eckartshausen, Op. Cit., p.38
7 Eckartshausen, Op. Cit., p.54
8 En sus Noches místicas, p. 269 Munich, 1791, Eckartshausen escribe que «la regeneración es la transformación del hombre-animal en hombre-espíritu» recuperándose así la dignidad perdida y que «la revelación nos ayuda a reencontrarla».
9 En sus Aclaraciones sobre la magia, IV-99, Munich, 1788, nuestro autor opina que «El espíritu de Dios en un alma regenerada, esa es la verdadera magia».
10 Aclaraciones sobre la magia, Op. Cit., IV-378.
11 Eckartshausen, La Nube..., Op. Cit., p. 95.
12 En su libro Sobre los jeroglíficos más importantes del corazón humano, Eckartshausen señala que «la libertad de Adán consistía en permanecer atado a la Unidad o alejarse de ella».
13 Citado por Jean Daniélou en Les symboles chrétins primitifs, Ed. du Seuil, París, 1961, p. 39. 14 Sobre los Misterios más importantes de la Religión, p. 83, Munich, 1823.
15 «Más cercano a la animalidad que al espíritu» el gluten «constituye la materia del pecado; sus efectos varían según el modo en que es modificado por las excitaciones sensibles». «Esta substancia es también la causa de la ignorancia y produce putrefacción»
16 Aclaraciones sobre la Magia, Op. Cit., IV-16.
17 Aclaraciones sobre la Magia, IV-73.
18 La Nube, p. 99.
19 La Nube, p. 30.

viernes, 17 de agosto de 2012

EL REY SACERDOTE Y EL SANTO GRIAL


A continuación un breve escrito anónimo extraido en algún momento en la red, que resume en alguna medida creencia del grial, un misterioso rey en oriente, lo que en algún momento impulsó, entre otros, una búsqueda mística  entre Los Templarios   

 

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 La búsqueda del Grial equivale a la búsqueda del Paraíso: hasta ahí podemos interpretar sin problemas la imaginería relacionada con el templo y el país que lo rodea. El rey del Grial, o Rico Pescador, como quiera llamársele, es también un sacerdote, puesto que oficia en la misa en la que el Grial sirve de cáliz, y se identifica con Cristo, el auténtico Rey del vaso sagrado. Este es uno de los misterios del Grial que lo diferencia de la Iglesia establecida, del mismo modo que sus supuestas propiedades místicas trascienden el modo de interpretación cristiano propio de los autores occidentales de los relatos. Sin embargo, subyacentemente hay muchos elementos de origen no cristiano. El flujo de ideas y de ideas no cristianas procedente de Oriente —por mediación de los cruzados y de los trovadores que viajaban con ellos, trayendo a la vuelta relatos y canciones que adaptaron al cristianismo— ejerció duradera influencia en el desarrollo de la leyenda del Grial.

     A pesar de este intercambio de ideas, Oriente seguía considerándose un lugar misterioso, tras el cual se extendían tierras aún más extrañas y posiblemente maravillosas. En general se creía que el Paraíso, entendido como un paraje real, se encontraba muy al oeste o muy al este. Y cuando empezó a difundirse el rumor de la existencia de un reino cristiano situado más allá de los dominios del islam, muchos creyeron que se trataba del Paraíso perdido, el jardín de las delicias terrenales, el reino bendito donde crecía el árbol de la ciencia y donde manaba la fuente de la vida. Cuando se fue conociendo más este reino, se identificó a su gobernante: su nombre era "Preste (o presbítero) Juan", rey a la vez que sacerdote.

     La primera persona que trajo noticias del Preste Juan fue el obispo Hugo de Zabala, que en 1145 presentó en Roma una crónica de la victoriosa campaña del Preste contra los musulmanes, lo cual provocó una gran conmoción en Occidente, más acostumbrado a recibir noticias de derrotas ante las fuerzas del islam. Pero hasta 1165, Occidente no fue directamente consciente de la existencia del gran monarca cristiano. Aquel año, el papa Alejandro III recibió una carta que empezaba así: "El Preste Juan, rey por la gracia de Dios sobre todos los reyes cristianos, saluda a sus amigos el emperador de Roma y el rey de Francia." La carta continúa describiendo con detalle "la posición y el gobierno de nuestra tierra, y de nuestras gentes y ganados", dejando al lector plenamente convencido del esplendor e importancia de este reino cristiano oriental, cuya existencia no habían sospechado hasta entonces. 

     Verdaderamente la descripción es asombrosa. Se dice que en el país habitan pigmeos, unicornios y el ave fénix, además de muchas otras criaturas aún más extrañas. Sus dos ríos están repletos de joyas y, según asegura la carta, "en nuestra tierra hay también abundancia de vino, pan, carne y todo lo que es bueno para el cuerpo humano... y en nuestro palacio tenemos (agua) y el mejor vino del mundo, y quien lo bebe pierde el deseo por las cosas mundanas, y nadie sabe donde va (el agua) ni de dónde viene". Todos estos detalles remiten a la abundancia de manjares que proporciona el Grial, pero la descripción no termina aquí; la carta continúa, utilizando una imaginería que podría haber sido extraída de alguno de los romances del Grial: "Existe aún otra gran maravilla en nuestro palacio, pues en él no se sirven alimentos, excepto en un... plato que cuelga de una columna, de manera que cuando nos sentamos a la mesa y deseamos comer, la comida aparece ante nosotros por la gracia del Espíritu Santo." Sólo es preciso sustituir la palabra "plato" por "Grial" para obtener una coincidencia casi exacta con las historias que hemos estado viendo. 

     Pero, ¿quién era el Preste Juan y cuál fue el origen de la carta? Se han propuesto varias teorías: hay quien dice que se trataba de Gengis Khan o del Negus de Etiopía, cuyo título, Zan, pudo ser traducido por los mercaderes franceses o italianos cono Jehan o Gianni, o, más probablemente, como Zanni (Juan en veneciano). Según otra teoría, se trataría de un monarca maniqueo llamado Yeh-lü ta-shi, o por otro nombre Gur Khan, que mandó un ejército contra el sultán Saijar de Seljuk y alcanzó fama como opresor de los musulmanes. Lo cierto es que el Preste Juan comparte ciertos rasgos con todos estos personajes, pero no existen pruebas que lo relacionen con ninguno que fuese histórico. Parece haber surgido de manera casi espontánea, como respuesta a los deseos del mundo occidental de que existiera un estado paradisíaco perdido, gobernado por un señor benigno y sabio. Una narración anónima, escrita poco después de la carta, parece demostrar alguna relación entre el Preste Juan y el apóstol Tomás, de quien se cree que partió a la India como misionero poco después de la crucifixión, fundando allí la iglesia nestoriana, una secta escindida de cristianos primitivos, que establecieron colonias primero en Siria y después en la India y China. Posiblemente esta conexión con los nestorianos originó la identificación del imperio del Preste Juan con la India. 

     Esta crónica anónima describe la visita a Roma, en 1122, de un cierto "Patriarca Juan", ofreciendo detalles de su gobierno y sus dominios. Se decía que habitaba en una ciudad con murallas tan anchas que por encima de ella podían pasar dos carros, uno junto a otro. Atraviesa la ciudad el río Phisón, que nace en el Paraíso; y a poca distancia de sus murallas se alza una montaña, en cuya cima se alza la iglesia del santo Tomás apóstol. Dicha montaña está rodeada por un lago, en cuyas orillas se levantan doce monasterios habitados por monjes piadosos. Sólo en ciertas ocasiones —una semana antes y una semana después de la fiesta del santo— descienden las aguas del lago, permitiendo el paso al santuario central, de cuyo techo cuelga un recipiente de plata suspendido por cadenas. En este recipiente se encierra el cuerpo incorrupto del santo; en tales ocasiones solemnes se descuelga el recipiente y se sienta el cuerpo en una silla, desde la cual, en el momento culminante de la misa, el propio santo Tomás reparte la hostia, depositada en un plato de oro. Los verdaderos creyentes salen beneficiados de la Eucaristía, pero si algún hereje participa de ella, se arrepiente al instante o cae muerto.

 
      Esta historia presenta tantos paralelismos con la del Grial que resulta difícil no creer que sirviera de inspiración indirecta de algunos detalles que aparecen en los romances. Aquí encontramos todos los elementos de la leyenda del Grial: el templo en lo alto de la montaña rodeado de agua; el recipiente que contiene una reliquia sagrada; sucesos milagrosos que se repiten en días fijos; la bendición obtenida por los verdaderos creyente y el desastre que se abate sobre los que no lo son. Hasta los doce monasterios que rodean el lago pueden ser reminiscencias de la Mesa Redonda con sus doce asientos iniciales. El recipiente colgado de cadenas es similar al cuenco mágico de la historia deYvain, que provocó una tormenta al verter agua de su interior sobre una esmeralda; también aparece un objeto muy similar en el Mabinog de Manawydan, hijo de Llyr. En esta leyenda, el héroe Pryderi, al que algunos estudiosos han identificado con Perceval, penetra en un misterioso castillo, y allí descubre:
Una fuente de mármol y un cuenco de oro colocado sobre un pedestal de mármol a cuatro cadenas, que se extendían hacia arriba hasta perderse de vista... Se acercó al cuenco y trató de asirlo, pero al hacerlo, las manos se pegaron al mismo y los pies al suelo, y perdió el habla, siendo incapaz de pronunciar una sola palabra. Allí permaneció.
(Math vab Mathonwy, incluído en el Mabinogion)
     Una vez más nos encontramos ante un escenario sobrenatural; el castillo en que penetra Pryredi persiguiendo a un animal mágico es una imagen del paraíso celta; el reino del Preste Juan es, evidentemente, otro tanto: una tierra de abundancia, con ríos que la dividen en cuatro partes, y habitada por un pueblo amable y cristiano y por animales curiosos. También se encuentra allí el árbol de la ciencia y una fuente que, cuando uno se baña en ella, le permite vivir cien años conservando la apariencia de una persona de treinta y dos. El propio Preste Juan declara haberse bañado en la fuente seis veces y tener 562 años de edad. Una nueva reminiscencia del Grial, cuya mera visión es suficiente para conservar la vida. 

     ¿Qué mejor lugar que esta tierra espiritual, de nadie, situada entre este mundo y el más allá, ligeramente apartado de la realidad pero aun así "históricamente demostrado", como alojamiento terrenal del Grial, al que a veces se le llama lapis exulis, expresión que Campbell (1969) ha interpretado como "deseo del Paraíso"? Precisamente aquí es donde Wolfram lo sitúa, convirtiendo de manera indirecta al Preste Juan en guardián del Cáliz. Al hacerlo, sigue, una vez más, su costumbre de tomar elementos de fuentes orientales e insertarlos en un contexto cristianizado. Nos muestra claramente sus simpatías hacia el islam, y al mismo tiempo nos ofrece su propia versión del origen del Preste Juan. 

     Gamuret, padre de Parzival, se pone al servicio del islam como mercenario porque ello satisface su ideal caballeresco, espiritualmente perfecto, de tal modo que no podría satisfacer a un señor occidental. Una mujer musulmana, Belcan, le da un hijo llamado Feirefiz, que es el hermanastro de Parzival; resulta interesante que a Belcan se la describa "negra como la noche", mientras que Herzeloyde, la madre de Parzival, es "clara como la luz del sol". Al casarse con ambas mujeres, Gamuret reconcilia la oscuridad y la luz y, por extensión, el este y el oeste. 

     Feirefiz, a pesar de ser musulmán, no es presentado como un personaje tan noble como Parzival. Resulta sorprendente que Wolfram considere a un pagano capaz de acercarse tanto a un objetivo que está fuera del alcance de muchos cristianos, pero lo cierto es que Feirefiz logra llegar al castillo del Grial, aunque cuando se hace entra la piedra en el salón es incapaz de verla, por no haber sido bautizado. Feirefiz sólo tiene ojos para la dama del Grial, hija del Rey Herido, y cuando le es explica la situación pregunta: "¿Es ése Dios?" Si acepto a ese Dios, ¿podré casarme con ella?

 
     Al tener respuesta afirmativa, Feirefiz acepta el bautismo, que se lleva a acabo de modo bastante extraño: se hace traer una pila, colocándola frente al Grial, la cual se llena milagrosamente de agua: quizá se trate del aqua permanens o agua de la vida, concepto alquímico que se remonta a tiempos muy antiguos, cuando el objeto de veneración no era la copa, sino el caldero. En el Grial, el objeto más venerado después de Dios aparece un mensaje de tolerancia hacia las otras razas y creencias, incluyendo a los musulmanes, hecho que queda en evidencia en el contexto de la narración. "Si algún miembro de la fraternidad del Grial alcanzara, por la gracia de Dios, dominio sobre un pueblo extranjero, no debe hablarles de su raza ni de su nombre".

     Feirefiz y la hija del rey del Grial contraen matrimonio, nace un hijo... el Preste Juan, que gobierna su reino con un cetro de esmeralda. De este modo queda directamente emparentado con la familia del Grial, y con el tiempo llega a convertirse en guardián del vaso sagrado. El Grial es llevado fuera de este mundo, al reino de los espíritus, donde ha permanecido hasta nuestros días. El verdadero tema del Parzival es la reconciliación de cristianos y musulmanes en un plano que está por encima de las diferencias, un paraíso en que ambos puedan vivir en paz.

domingo, 12 de agosto de 2012

¿A QUÉ VENIMOS AL MUNDO?

A continuación un pequeño artículo aparecido hace algunos años ya, en la publicación llamada "Holograma" Nº 8, de la "Fraternidad de los Servidores de la Nueva Era". 
Además de este artículo, en este número se publicaban:
- Construyendo el futuro desde ahora.
- Todo lo creado es producto de la actividad mental.
- La aventura de conocerse.
Si bien es cierto, datan ya decenas de años desde la aparición de este artículo, pienso que tiene valores que no pasan de moda, menos en una escuela de iniciación. Si es necesario tomar en cuenta que estas publicaciones estaban referidas a todo público, por lo que sólo es un desarrollo muy general y sin mayor profundidad del tema en cuestión, pero puede servir de base para investigaciones más profundas al respecto.

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Quizás si una de las más antiguas y profundas interrogantes de la humanidad a través de su historia sea: ¿a  qué venimos a este mundo? ¿Tenemos alguna misión especial o simplemente es obra de la casualidad? 

Al contestarnos satisfactoriamente esta pregunta daremos con el propósito de la vida y de nosotros mismos. Sin embargo, para aceptar que la vida tiene un propósito o finalidad debemos partir de la base de que nada existe al azar y que formamos parte de un Plan cuidadosamente ideado. En caso contrario, la vida no sería nada más que un evento accidental sin mayor trascendencia.

Antes de seguir adelante en el por qué venimos a este mundo, veamos cual podría ser ese Plan o Propósito.
A pocas personas les es desconocido el hecho de que formamos parte de un gran Cosmos o Universo. Que vivimos en un tercer planeta de un sistema solar mediocre ubicado en los aledaños de una galaxia como tantas otras existentes en este Universo. Diga este Universo porque recientes postulados o teorías científicas establecen las posibilidades que existan otros Universos como el nuestro.

Todo esto bastaría para darnos una idea de lo ínfimo que  somos con respecto al resto de las cosas. No obstante, el Universo ser  tan vasto, es interesante ver como existe en él un equilibrio y orden perfectos. De hecho la palabra Cosmos, con la que los que los griegos bautizaron al universo significa orden. Esta característica puede haberse dado por casualidad, sin embargo, es más dable pensar que fue creada por una inteligencia tan portentosa que ni siquiera la podemos imaginar. Pero el hecho de no poder comprender o imaginar algo, no significa que no exista. Un   ejemplo claro es la electricidad, que aunque no se podía ver y hasta hace poco los seres humanos no la podían comprender y no la podían imaginar no era indicio de que no existiera.

Todo hace presumir que la Creación o el Universo, con nosotros insertos en él, tiene una finalidad, va hacia alguna parte, que aunque sea ignorada por nosotros no es indicio de que no  exista.
Aún perdura el pensamiento antropocentrista, que aunque si bien ha tenido que variar en algunas posiciones referente a los descubrimientos científicos, se mantiene la idea de que el ser humano Juega un papel importantísimo y fundamental dentro de la actual creación. Y debido a este papel tan crucial, debe por consecuencia, ser el pináculo del desarrollo a través del Universo.

A medida que más cosas descubrimos con respecto al Universo que nos rodea, tanto el Gran Universo como el Pequeño Universo, más nos asombramos y nos damos cuenta que somos solamente un pequeño rodamiento dentro de una gran máquina, cuyas dimensiones escapan a nuestra imaginación. Todo esto nos lleva a considerar que si nos cuesta imaginar esa gran maquinaria, es más difícil comprender a Aquello que la construyó y la echó a andar.
A pesar de la imposibilidad de comprender con nuestra mente racional el Gran Universo y Su Creador, es importante observar que los seres humanos podemos intuir y comprender a través de otras formas la magnificencia de la Creación de la cual formamos parte, lo que nos hará acercarnos mucho a su Creador, que también es el nuestro. En otras palabras, los seres humanos tenemos la posibilidad de darnos cuenta lo pequeños que somos, pero paradójicamente, también podemos llegar a alturas insospechadas a través del pensamiento y de los sentimientos.

La mayoría de los libros de sabiduría, algunos de los cuales conforman la base doctrinaria de las distintas religiones que existen y han existido en el mundo, señalan que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios (cualquiera sea la concepción que se tenga de El) y que este Creador depositó en las personas su hálito de vida y con ello definió la finalidad de esa alma encarnada.

El propósito de la vida personal,  que podríamos llamarla “vocación", es decir, el llamado de la voz interna. A esto hace referencia la lámina número 20 del Tarot, llamada "El Juicio", en donde aparecen un hombre, una mujer y un niño respondiendo al sonido de una trompeta tocada por un ángel desde lo alto. Estos tres seres humanos se levantan desde unos ataúdes, por lo que se da a entender que estaban muertos.

Esta llamada de la "trompeta" es la llamada de la voz interna y superior de la vocación. En otras palabras, estas tres personas, que abarcan todas las posibilidades del género humano, despiertan o resucitan al sonido de algo que tiene el poder de hacerlos volver a la vida, este algo es el descubrimiento del "tener que ser en la vida" , algo que toda la humanidad ha buscado y busca afanosamente desde siempre.

También es importante considerar que antes de descubrir o escuchar esta voz interna, las personas estaban muertas, es decir, estaban efectivamente muertas en vida, ya que cumplían con sus necesidades básicas en forma mecánica igual que un robot o un "zombi".
 
¿Cuál es la llamada interna que comienzan a sentir las personas en la lámina, qué cosas le dice. Es algo muy sencillo, dice simplemente que el ser humano está en este mundo para Amar, Servir y Aprender. Pero esta vocación solamente se expresará en toda su plenitud no necesariamente una vez que hayamos entendido sus conceptos, sino más bien que los hayamos internalizados y sean parte de cada uno.

Esta vocación trina se puede desarrollar a través de distintas actividades, que la humanidad ha dado en llamar ocupaciones, profesiones u oficios. La forma en que se haga no importa, lo importante es descubrir estas tres verdades que cada persona debe llegar a realizar en su desenvolvimiento como ser humano.

Por lo tanto la forma de expresión de esta vocación puede ser muy variada, y es conveniente que cada uno descubra aquella expresión que más le acomode a sus intereses, temperamento, habilidades, etc. No obstante, no debemos perder de vista el hecho de que no existe actividad u ocupación mejor que otra, si consideramos que cada una cumple con la vocación interna y real. Existen profesiones que en algún momento gozan de un mayor prestigio que otras, sin embargo, una persona puede desempeñar dicha profesión, pero si no lo hace con una intención y actitud de amar, servir y aprender, no estará cumpliendo con la vocación de su parte superior o alma. Y aquella persona que desempeña una ocupación de menor reputación social, pero cumpliendo estas tres condiciones, estará trabajando de acuerdo a esta vocación interna, que le permitirá resucitar y comenzar un camino nuevo y más enriquecedor que cualquier otro.

Consideremos por un momento que estos son los tres aspectos fundamentales por los cuales hemos venido a la Tierra.

AMAR: De una u otra forma todos los libros de sabiduría, establecen o indican que el ser humano debe amar. El amor es la fuerza que mueve al Universo. El amor como energía o fuerza se expresa en muy variadas formas. Por ejemplo es amor Io que lleva a dos personas a reunirse, formar una familia, establecer una relación con el resto de las personas conformándose en una comunidad, etc. Pero también es amor la germinación de las plantas, la fecundación y expresión de vida de los animales, el hecho que el sol nos brinde luz y calor, la atracción planetaria con el astro rey, la atracción molecular que permite la cohesión de las formas, la interacción de fuerzas atómicas qué permite la existencia de la materia, el sentimiento de solidaridad, caridad, fraternidad; la atracción por algo superior llamada de diversas maneras por las distintas formas religiosas, etc.

A través de estos ejemplos podemos ver que el amor se puede expresar a través de distintas formas y que está presente en cada aspecto de nuestra vida y de la creación. Entonces, por que habríamos de ser la excepción dentro de esta creación. Esta es la razón de por qué debemos buscar la forma de desarrollar y expresar el amor hacia los demás en nuestras actividades diarias. Pequeños actos de ayuda, de escuchar a alguien que lo necesite, de sentir o pensar positivamente de los demás, no dando lugar a los pensamientos y sentimientos negativos, pueden ser suficientes para descubrir este aspecto tan importante de la vocación superior.

SERVIR: Este aspecto se desprende del anterior. Es más, podríamos decir que es la puesta en práctica del amor. Por amor finalmente se sirve a los demás y también podemos observar que todo en la creación cumple una finalidad o un servicio. Acaso el Sol no se consume a sí mismo para darnos energía de vida, acaso el planeta Tierra no nos brinda sus riquezas aún cuando la estemos matando, acaso los vegetales no renuevan nuestro aire permitiéndonos que podamos tener una atmósfera apta para la vida. Y así como estos ejemplos podemos encontrar en todas las cosas de la creación. Todo sirve para algo. Incluso el mal sirve para que nos podamos dar cuenta del Bien.

Por lo tanto, al encontrarnos en un sistema tan perfectamente ideado, en que todo tiene una finalidad y sirve, cada uno de nosotros no podría estar ajeno a esto. Surge, sin embargo, la inquietud: ¿en qué forma servir? En un primer momento, mientras no tengamos claridad en cuanto a la finalidad del Plan Superior, debemos dejarnos guiar por los que más saben al respecto, y servir en lo que ellos nos indiquen. Por eso es tan importante participar de un grupo o Escuela de Iniciación  Real, en donde cada uno podrá ser guiado en su servicio, de acuerdo a sus habilidades o actividad.

Para empezar, lo más importante es desarrollar la actitud de servicio, es decir estar dispuesto a ayudar y servir a este Plan, entonces como por arte de magia aparecerá la guía necesaria.

APRENDER: Por último, y no por ello menos importante, es necesario tener una actitud de aprendizaje constante. No existe edad para aprender, y aquel que ya no esté dispuesto a saber mas y aprender cosas nuevas, porque cree saber mucho o porque cree que ya no es capaz se estanca en su desarrollo y nuevamente volverá al “ataúd“ de muerto viviente del cual posiblemente estaba saliendo.

La creencia de que el aprendizaje es para los Jóvenes es un gran embuste, que lamentablemente muchos aceptan como verdad. No hay edad para aprender y hacerlo en forma muy eficaz y profundamente.
Por lo tanto, es siempre deseable aquella persona que quiera aprender más y lo haga. Que de cada experiencia saque provecho y aprenda algo nuevo.

Una Orden o Escuela de Iniciación verdadera, desde el momento que es real necesariamente trabaja para cumplir con estos tres aspectos en sus estudiantes o discípulos.

Deberá entregar una estructura y una guía real y verdadera para que las personas puedan descubrir, trabajar y acrecentar su "tener que ser". De esta manera deberá guiar en cuanto a las formas, a la necesidad de expresar amor a través de distintas maneras o canales, que a lo mejor antes no se habían considerado.
Así  también deberá permitir la posibilidad de servir real y concretamente ayudando al Plan Superior, a través de una guía constante y brindando los canales de expresión hacia el resto de la comunidad.
Finalmente también deberá desarrollar la actitud de constante aprendizaje que en cada ser humano debería darse. Utilizando técnicas, sistemas y procesos determinados por los últimos avances en la ciencia, sin descuidar el sentido y dirección de este aprendizaje: poder llegar a ser mejor persona entregando servicio y amos a los demás.

Podemos concluir entonces que la verdadera vocación o llamado del alma está determinada por tres aspectos, los cuales se pueden expresar a través de distintas ocupaciones. Estos tres aspectos son: AMAR, SERVIR Y APRENDER.

Una verdadera Escuela de Iniciación hará descubrir en cada uno de sus estudiantes estos tres aspectos, luego se les hará trabajar con ellos desarrollándolos y perfeccionándolos en cada uno. Para ello proporcionará la guía y los canales adecuados, a través de la actividad individual y grupal en su mismo seno o bien a través de una extensión hacia la comunidad, la cual muchas veces es el mismo estudiante.
ALV