miércoles, 15 de febrero de 2012

TRINIDADES, TRÍADAS Y TERNARIOS

Como mi intención es mostrar los diversos matices que aparecen en la Tradición occidental, a continuación un pequeño artículo que escribí en la década de los 80 (1980), que apareció en el primer número de una publicación e la "Fraternidad de los Servidores de la Nueva Era", con sede en Santiago de Chile. La publicación llevaba el nombre de "Holograma". 
Esta enseñanza está enmarcada en lo que se ha dado conocer como el movimiento de la Nueva Era o Era de Acuario, por esto en ella encontrarán elementos esotéricos de antigua data, pasando por elementos de desarrollo personal, hasta conceptos modernos de psicología.
 Que lo disfruten 
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Nos encontramos en muchas religiones con trinidades. Un solo ser que presenta tres manifestaciones diferentes o aspectos distintos, pero que mantiene su esencia, su naturaleza.
Las manifestaciones trinas, en las distintas religiones y filosofías, generalmente, se simbolizan con un triángulo equilátero. Esta figura geométrica es ideal para representar esto, ya que tiene tres lados iguales. No podemos decir que uno es distinto o más importante que el otro: los tres están comunicados y de esta forma conforman un sólo elemento o unidad.
A continuación veamos algunas trilogías o trinidades de distintas religiones, filosofías o formas de pensamiento:
En la religión cristiana encontramos, dentro de esta idea de trinidad, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, formando la unidad completa: DIOS.
Por otro lado en la religión Hindú nos encontramos con la unidad superior llamada BRAHAMAN, la cual se manifiesta en Brahama, representación del padre, Shiva indicando el cambio y Vishnú como elemento conservador.
En la filosofía Yoga existen tres principios universales, llamados los 3 Gunas, que son: Rajas, principio de la actividad, elemento expansivo; Tamas, principio de la inercia, elemento de la contracción; y Sattva, principio conciliador, elemento equilibrador.
Siempre dentro de una de las líneas filosóficas indias podemos observar a  Sat, que significa ser o realidad; Chit, conciencia e inteligencia; y Ananda, paz y beatitud.
En el Egipto antiguo tenemos a Osiris, Isis y Horus, queriendo significar la misma idea. Recordemos que Osiris es el elemento paterno, Isis el materno y Horus el fruto de la unión de los dos primeros.
Los alquimistas también representan los tres elementos constituyentes de las triadas y trinidades, a través del Azufre (principio masculino), Mercurio (principio femenino) y Sal (resultante de la unión de los anteriores).
Finalmente podemos poner como ejemplo las enseñanzas masónicas con respecto a esto, en que: la plomada representa el principio activo o masculino, el nivel el principio pasivo o femenino y la escuadra, el principio resultante de la unión de los dos primeros.
El triángulo equilátero expresa un equilibrio en el triple aspecto que nos señala las distintas creencias a las cuales hemos hecho mención. La enseñanza que nos deja esta figura geométrica es que el ser humano debe encontrar esa triple manifestación dentro de sí, puesto que es un fiel reflejo de lo Superior, y una vez hallada equilibrarla.
Trascendiendo las distintas formas religiosas o filosóficas y aplicando las conclusiones que se generan de esto, llegaremos a lo que la enseñanza espiritual en su aspecto más elevado nos otorga ahora y siempre como clave de perfección:
Toda la Creación está fundamentada en las tres características principales del Creador:
FUERZA    -   SABIDURÍA    - AMOR
Podemos comprobar a través de un estudio comparado de religiones y antiguas filosofías, que todas las enseñanzas y pruebas impuestas a los candidatos e iniciaciones de diverso tipo, buscan el desarrollo de uno, dos o los tres aspectos.
Como quiera que tomemos estos estudios, una aclaración de los conceptos citados nos dará la pauta si son o no válidos para nuestra vida actual.
FUERZA: Asociado a este atributo divino se encuentra el desarrollo de la voluntad. Su símbolo es la fuerza física, que en la mitología griega o romana estaba representado por Heracles o Hércules respectivamente, en la cultura Judía por Sansón, en la antigua cultura caldea por Gilgamesh, etc. Cada uno de estos símbolos representa el Poder de realización, el dominio de sí, de la naturaleza y la capacidad de influir armónica O positivamente sobre otros seres humanos.
SABIDURÍA: Representa todas las facultades que nuestra mente es capaz de desarrollar, unido a la práctica que permite probar y comprobar que debemos hacer en el momento oportuno. La sabiduría está dada por la aplicación oportuna de los conocimientos que hemos adquirido, en beneficio de todos.
AMOR: Se refiere a la fuerza de atracción universal en sus aspectos puramente altruistas. La única manifestación posible es en el servicio desinteresado y en la sensación gratificante para quien se siente pleno por estar actuando de acuerdo a una elevada Ley Universal.
Podríamos tomar estos aspectos como lineamientos generales para un camino de evolución segura. Pero sus límites sobrepasan a nuestra comprensión, de modo que estamos tocando aspectos ideales. Para que un ideal sea realidad hay que ir definiendo cada vez más en diferentes formas concretas y factibles.
Desde un punto de vista filosófico y universalista podemos decir que la vocación del alma de todo ser humano es:
TRIUNFAR
                                                                              AMAR-SERVIR
                                                                                                                             APRENDER
Aquí tenemos un triple aspecto que alude a lo mismo. El triunfar radica en encontrar y comprender la vocación (el "tener que ser") de cada uno. Nacemos con disposición innata para el triunfo, pero por programas educacionales, condicionamientos y formaciones erradas, la mayoría se queda sumido en su mediocridad. Todo ser viviente está preparado para ser un tipo de especie capacitada para enfrentarse a su medio. El aprender a tener éxito depende principalmente de que la persona rompa su resistencia inicial, al hacerlo, queda lo más fácil: aplicar las sencillas técnicas de éxito, que derivan, por otro lado, de principios universales. Otro aspecto fundamental para tener éxito, y que pronto la persona lo aprende, es que debe conseguir la colaboración de los demás. Y para conseguirla debe aprender a amar. De donde se deduce que el verdadero éxito es siempre espiritual, lo que no significa que el no tener éxito en lo material no sea necesario para lo primero.
El amor―servicio alude también tanto al triunfo en las relaciones humanas como financieras. Debemos aprender a relacionarnos sin egoísmos y comprender que el amor nos hace feliz porque nosotros poseemos la capacidad de amar y entregar. Y no por el ficticio placer de ser amado. Esto también implica romper algún tipo de condicionamiento. Pero cuando se da ese paso, cuando nos decidimos, ya no podemos detenernos en este camino hacia las relaciones positivas y fructíferas. Incluso en el "frio mundo de los negocios" debe haber calidez y espíritu de servicio.
El tercer aspecto de nuestra vocación es el aprendizaje. Como el conocimiento a adquirir es tan vasto, debemos tan sólo aprender a aprender. O mejor aún a superaprender. Ocurre lo mismo que en los aspectos anteriores. Es evidente que el niño aprende a una velocidad increíble, hasta que por alguna manipulación errada de sus facultades empieza a autolimitarse, a perder el interés gradualmente hasta llegar a adulto, en que su capacidad disminuye considerablemente por este condicionamiento.
Todo esto se puede apreciar y comprobar fácilmente, haciéndose las siguientes preguntas:
— ¿Hace cuanto tiempo que no se maravilla frente a algo?
— ¿Puede entrar en un estado de concentración relajada (Estado alfa) fácilmente, o predomina en Ud. una constante tensión?
―­¿Cuándo se va enfrentar a algo desconocido y nuevo, siente deseos y contento de que va a aprender algo más?
Hay métodos fáciles y sencillos para restaurar las condiciones naturales que poseemos cuando nacemos. Es mucho más fácil desarrollarlas que tenerlas adormecidas.
Uno de los métodos usados más frecuentemente es la complementación entre:
Mente  -  Afectividad  -  Cuerpo
(pensar -       sentir        -  actuar)
Esotéricamente estos tres grandes aspectos tienen relación con tres centros energéticos en el cuerpo humano. El pensar con la cabeza, el sentir con el pecho y el actuar con el bajo vientre. Recordemos que se piensa con la mente, cuyo asiento o contraparte física es el cerebro. Las emociones y la vida afectiva, por otra parte, han estado milenariamente asociadas con el corazón. Finalmente, en el bajo vientre encontramos los órganos de reproducción, la contraparte física de los instintos básicos para la supervivencia de la especie y, por Io tanto, símbolo de la acción física.
La complementación equilibrada de estos tres aspectos permite la completa y perfecta expresión del triángulo equilátero. Cada uno de nosotros se convierte en un ser humano perfectamente equilibrado, armónico y bello, porque de esta forma permitimos que se reflejen  en nosotros, en plena magnitud, los atributos divinos.
Desde el punto de vista psicológico, también encontramos la relación trina dentro del ser humano. El Análisis Transaccional o conciliatorio es un ejemplo de ello. El conocer y comprender que existen, por lo menos, tres aspectos conviviendo dentro de cada una de las personas, incluyéndonos, puede reportarnos grandes avances en el desarrollo personal y de las comunicaciones con los demás. 
El Análisis Transaccional nos dice que en cada persona existen tres aspectos: El Padre, el Adulto y el Niño. Su desarrollo equilibrado y sano es indispensable para una interrelación madura, sana y exitosa.
El Padre está constituido por una enorme colección de grabaciones en el cerebro de acontecimientos indiscutidos e impuestos, de tipo externo, percibidos por una persona en los primeros años de su vida... Lo importante es que estas reglas (impuestas por los adultos) tanto si son acertadas como erróneas a la luz de una ética razonable, se graban como verdaderas emanadas de la fuente de toda seguridad, de las personas que "miden metro ochenta“ en una época en que, para el niño de sesenta centímetros, es importante obedecerles. Es una grabación que está a punto de ser reproducida durante toda la vida.
El Niño... es la grabación de los acontecimientos internos, las respuestas del niño ante lo que ve y oye... el sujeto siente de nuevo la emoción que la situación produjo originalmente en él, y es consciente de las mismas interpretaciones, verdaderas o falsas, que dio el mismo a la experiencia original. Así, el recuerdo evocado no es la fotografía o la reproducción fonográfica exactas de escenas o acontecimientos pasados, si no la reproducción de lo que el sujeto vio, oyó, sintió y comprendió.
El Adulto en cambio, se ocupa principalmente de transformar los estímulos en elementos de información, y de ordenar y archivar esta información basándose en la experiencia adquirida.
Hay que hacer notar que el "Adulto", como lo define el análisis transaccional se desarrolla posteriormente al Padre y al Nino. Es uno de los aspectos menos desarrollados por la mayoría de las personas y, paradójicamente, en forma ideal este aspecto debería coordinar y dirigir nuestras vidas y a los otros dos.
ALV



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