sábado, 2 de junio de 2018

LA PALABRA PERDIDA

Este que publico corresponde íntegro al capitulo XXXI del libro "El simbolismo francmasónico" de
Albert G. Mackey (1807-1881), quien fuera estadounidense, doctor en medicina, y especialmente un respetado y reconocido autor de libros y artículos sobre la Masonería. 

Espero que lo disfruten





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El  último  símbolo,  cuya  existencia  depende  de  un mito y al cual vamos a dedicar nuestra atención, es el de la Palabra Perdida, y su busca. Este símbolo es el más a propósito para terminar nuestras investigaciones, ya que abarca dentro de su esfera a todos los demás, siendo en sí la esencia misma de la ciencia del simbolismo masónico.
Para apreciar debidamente los demás símbolos es necesario  conocer  el  origen  de  la  Orden,  porque  ellos deben su creación a su relación con instituciones semejantes y anteriores a la Francmasonería; pero el simbolismo de la Palabra Perdida tiene relación exclusiva con el designio y objetos de la institución.
Definamos primeramente el símbolo, que después estudiaremos su interpretación.
La historia mítica de la Francmasonería refiere que hubo un tiempo en que existió una Palabra de valor inestimable que era venerada profundamente. Pocos la conocían y, con el tiempo acabó por perderse, siendo substituida por otra; pero, como la filosofía masónica enseña que no hay muerte sin resurrección, ni decaimiento sin  restablecimiento  posterior,  síguese  de  este  principio que la pérdida de la Palabra implica su recuperación.
En esto consiste el mito de la Palabra Perdida y de su búsqueda.  No  tiene  importancia  el  saber  cuál  era  la Palabra, ni cómo se perdió, ni conocer la que la substituyó, ni cuando se recuperó, porque todos estos hechos tienen un valor secundario que, si bien son necesarios para conocer la historia legendaria, no son imprescindibles para poder comprender su simbolismo. El único detalle del mito en que debemos fijarnos en el curso de su interpretación es la idea abstracta de la existencia de una palabra perdida y su recuperación posterior.
Tal es el objetivo a que hemos de dirigir los pasos durante nuestra investigación.
Pero, refiriéndose en este caso el simbolismo únicamente al gran objeto de la Francmasonería, parece lógico dedicarse primeramente al estudio de la naturaleza de este objeto.
¿Cuál es, pues, el objeto de la Francmasonería? La mayoría de sus discípulos llegan con excesiva precipita- ción a la conclusión de que es la caridad, en su sentido elevado, porque tienen en cuenta tan sólo los resultados prácticos, las nobles caridades que dispensa, las lágrimas de  viudas  que  enjuga,  los  lamentos  de  huérfanos  que acalla, las necesidades múltiples de desamparados que cubre.
Otros, recordando las placenteras reuniones de los banquetes, el trato franco que en ellos se alienta y las solemnes obligaciones de confianza mutua que se inculcan de continuo, creen que la Francmasonería tiene por objeto único el fomento de los sentimientos sociales y la fortificación de los lazos de amistad.
Aunque en las conferencias modernas se nos dice que el Amor Fraternal y la Caridad son "las dos principales doctrinas de la profesión francmasónica", también aprendemos   en   ellas   que   la   verdad   no   es   menos importante; la verdad en sentido estrictamente filosófico, en cuanto se opone a los errores y falsedades intelectuales y religiosos.
Pero ya hemos demostrado que la Francmasonería primitiva de los antiguos se fundó con objeto de conservar la  verdad  originalmente  comunicada  a  los  patriarcas  en toda   su   integridad,    hemos   visto   también   que   la
Francmasonería espúrea, o sea, los Misterios, nacieron de la necesidad sentida por los sabios, filósofos y sacerdotes de volver a encontrar la verdad perdida. También hemos expuesto que esta misma verdad continuó siendo el objeto de la Francmasonería del templo, constituida al verificarse la unión del sistema primitivo o puro con el espúreo. Y, por último, hemos tratado de demostrar que esta verdad se relacionaba inextricablemente con la naturaleza de Dios y del alma humana.
Nosotros creemos que el objeto y el designio de la Francmasonería especulativa es la búsqueda de esta ver- dad. Desde que empieza sus estudios masónicos se en- camina al aspirante, por medio de símbolos significativos y enseñanzas expresivas a la adquisición de esta verdad divina; cuya lección se expone ampliamente en las leyendas y mitos del grado de Maestro.
Dios y el alma-la unidad del primero y la inmortalidad de la segunda-son las dos grandes verdades, cuya búsqueda constituye la ocupación constante de todo francmasón, de tal modo que, cuando se encuentran, se convierten en la piedra angular, o piedra fundamental del templo espiritual-"la casa no edificada con las manos”-que él está erigiendo.
Esta idea de la búsqueda de la verdad es tan importante en la ciencia francmasónica, que no encontramos respuesta mejor a la pregunta: "¿Qué es la Francmasonería?" que decir que es una ciencia que tiene por objeto buscar la verdad divina.
Pero la Francmasonería es, sobre todo, un sistema de simbolismo, y todas sus enseñanzas se expresan por símbolos. Por lo tanto, no podemos creer que careciera de simbolismo una idea tan importante como ésta la cual constituye, como hemos dicho ya, el objeto fundamental  de  la  institución,  de    modo  que  puede  adoptarse  para definir su ciencia.
Por lo tanto, la Palabra es para nosotros el símbolo de la verdad divina; y todas sus modificaciones su pérdida, substitución y recuperación, no son sino partes componentes del símbolo mítico, que representa la búsqueda de la verdad.
¿Cómo, pues, se ha conservado este simbolismo? ¿De qué manera ha de interpretarse la historia de esta Palabra para que todos sus accidentes de tiempo, lugar y circunstancia, tengan relación patente con la idea sustantiva que se ha tratado de simbolizar?
Las respuestas a estas preguntas abarcan quizás la parte más intrincada, ingeniosa e interesante de la ciencia masónica del simbolismo, el cual se puede interpretar en sentido general o particular.
En sentido general abarca toda la historia de la Francmasonería, desde su nacimiento hasta su consumación. La búsqueda de la verdad es el epítome de la evolución intelectual y religiosa de la Orden, que comenzó cuando las multitudes se sumergieron en las profundas tinieblas  morales  donde  parecía  haberse  extinguido  el fuego de la verdad, a consecuencia de la dispersión de Babel.
Entonces, se perdió el nombre de Dios; dejóse de comprender   su   verdadera   naturaleza,   olvidáronse   las divinas lecciones de nuestro padre Noé, corrompiéronse las antiguas tradiciones y se pervirtieron los antiguos símbolos. La carroña del sabeísmo había enterrado a la Verdad, y los cultos idolátricos del sol y de las estrellas habían substituido al antiquísimo del verdadero Dios.
Tinieblas morales esparciéronse sobre el haz de la tierra, cual nube impenetrable y densa, que obstruía los rayos del sol espiritual y cubría al pueblo con el tétrico paño mortuorio de la noche intelectual. Pero esta noche no podía  ser  eterna.  Apuntaba  otra  brillante  aurora,  y,  en medio  de  tanta  obscuridad,  quedaban  aún  unos  pocos sabios cuyo sentimiento religioso les incitaba a buscar la verdad con avidez. Hasta en aquellos tiempos de tinieblas intelectuales y religiosas existieron obreros que buscaban la palabra perdida y que, aunque no pudieron lograr lo que se proponían, se aproximaron tanto a ello, que el resultado de su búsqueda podía simbolizarse de una manera relativamente satisfactoria por la Palabra Substituida.
La multitud idólatra perdió la Palabra, asesinó al Constructor y suspendió las obras del templo espiritual. De modo que, al perder de vista la existencia divina, fue desvaneciéndose cada vez más su conocimiento de Dios y de la religión pura que les enseñara Noé, terminando por caer en un grosero materialismo y en la idolatría.
Así es como se perdió la verdad -la Palabra, -según se dice, o empleando las palabras de Hutchinson modificadas en relación con el tiempo, "podría decirse que, en esta situación,   se perdió la guía del cielo, y fue muerto el Maestro-jefe de las obras de la rectitud. Las naciones se entregaron a la más grosera idolatría; y el servicio al verdadero Dios se borró de la memoria de los que cedieron al dominio del pecado".
El anhelo que sentían los filósofos y sacerdotes de los misterios antiguos o Francmasonería espúrea por descubrir la  verdad,  les  indujo  a  buscar  la  Palabra  Substituida. Fueron sus obreros quienes vieron el golpe fatal, quienes conocieron que la Palabra no se había perdido, quienes se lanzaron en su busca.
Y ellos fueron también los que, al no poder rescatarla de la tumba del olvido en que había caído, con todos los esfuerzos de su sabiduría incompleta, se volvieron hacia las vagas y difusas tradiciones conservadas desde tiempos primitivos, y, con su ayuda, buscaron un substituto a la verdad en sus religiones filosóficas.
Schmidt opina que los Misterios del mundo pagano, no son sino restos de la antigua religión pelásgica, y dice que "las asociaciones de personas creadas con objeto de celebrarlas debieron haberse formado cuando la influencia abrumadora de la religión helénica empezó a imponerse en Grecia, y cuando las personas que sentían reverencia por el culto practicado en tiempos anteriores se reunieron con objeto de conservar en lo posible la religión de sus antepasados".
De modo que, si aplicamos nuestra interpretación en sentido general y admitimos que la Palabra es el mbolo de la Verdad divina   la narración de su pérdida y su búsqueda se convierte en símbolo mítico de la decadencia y pérdida de la verdadera religión de las naciones antiguas, y de los esfuerzos hechos por los filósofos y sacerdotes para encontrarla y retenerla en sus Misterios e iniciaciones secretas, a los que hemos designado hasta ahora con el nombre de Francmasonería espúrea de la antigüedad.
Pero hemos dicho, también, que además de la interpretación general, existe la particular, duplicidad simbólica, que no es corriente en Francmasonería.
En páginas anteriores hemos puesto un ejemplo de esta interpretación en el simbolismo del templo de Salomón, donde, en sentido general, el templo simboliza el edificio espiritual formado por la agregación de todos los individuos de la Orden, del cual es cada francmasón a modo de una piedra; y, en sentido individual, se considera que el mismo templo ha de verse como templo espiritual que debe levantar en su corazón todo francmasón.
Ahora bien, la Palabra, en sentido individual, con el mito de su pérdida, substitución y recuperación, viene a ser el símbolo de la evolución personal del candidato, desde la primera iniciación hasta la última, donde llega a conocer todos los secretos de los Misterios.
El aspirante empieza a buscar la verdad como aprendiz, envuelto en tinieblas, que busca la luz, la luz de la sabiduría, la luz de la verdad, la luz simbolizada por la Palabra. Para realizar esta importante tarea, que comienza a tientas, vacilante, dudoso y débil, se prepara purificando el corazón, y recibe la primera palabra substituta de la verdadera, que, como el pilar que los israelitas tenían ante sí en el desierto, ha de guiarle camino adelante en su jornada.
Se le ordena que coja todas las virtudes que ensanchan el corazón y dignifican el alma como báculo y zurrón de viaje, por medio de grandiosos símbolos y tipos, que asocian el primer grado con la juventud, se le inculcan las virtudes de saber guardar el secreto, la obediencia, la humildad, la confianza en Dios, la pureza de conciencia y la economía de tiempo.
En  el  grado  de  Compañero  emprende  otra  ruta, porque ya ha pasado la juventud y ha llegado a la edad madura. Nuevos deberes y obligaciones recaen sobre el individuo. Esta etapa simboliza la parte de trabajo y pensamiento de la vida. En ella ha de cultivarse la ciencia, adquirirse la sabiduría y buscarse la palabra perdida -la Verdad divina,- sin lograr por eso encontrarla todavía.
Luego llega la etapa de Maestro, con todo el simbolismo de la vejez: pruebas, sufrimientos, muerte. Y en ella también avanza el aspirante siempre adelante, clamando "por luz, más luz". La búsqueda está a punto de terminar; pero  ha  de  aprenderse  la  humillante  lección para  la naturaleza humana de que, en esta vida triste y obscura, terrestre y carnal, -no vive la verdad pura; y ha de contentarse el hombre con una substituta, esperando el momento en que pueda entrar en el segundo templo de la vida eterna en donde la Palabra, la Verdad Divina, nos enseñará que siempre hemos de aprender de Dios y del alma humana, emanación suya.
Así es como el Maestro Masón, una vez recibida la palabra que substituye a la perdida, aguarda pacientemente el momento de encontrar ésta y de alcanzar la sabiduría.
Pero por más que nos afanemos, jamás puede encontrarse enteramente la palabra simbólica -el conocimiento de la Verdad divina- en esta vida, o en la Cámara del Maestro Masón, su símbolo. La naturaleza mortal, la oculta de la vista de los ojos mortales anublando el intelecto humano. El hombre es capaz de recibir y apreciar la revelación más allá de la tumba, cuando se liberta de la pesada carga de su vida terrenal.
De ahí que, cuando hablamos de la recuperación de la Palabra, en un grado superior y suplementario a la Antigua Masonería, queramos dar a entender que esta parte sublime del sistema masónico simboliza el estado post mortem. Porque la Verdad divina, a cuya busca dedicamos toda la vida, si no en vano, por lo menos sin éxito, así como su clave mística, únicamente puede encontrarse en el profundo abismo de la tumba, bajo los cimientos del edificio, cuando se derruya y venga abajo este templo de vida.
Ahora ya sabemos en qué consiste el trabajo masónico, que en sí no es más que otra forma del mismo símbolo.
El trabajo del francmasón consiste únicamente en buscar la Palabra -hallar la Verdad divina, -siendo esta Palabra el premio concedido a sus esfuerzos.
Los monjes de la antigüedad decían que el trabajo es una oración -laborare est orare. Por eso, el culto de nuestras logias estriba en trabajar por la Palabra o por la Verdad, con la vista fija siempre hacia adelante y sin mirar jamás hacia atrás, esperando la consumación y la recompensa de nuestro trabajo en el conocimiento prometido a todo el que no se rezaga.
Goethe, que fue al par que poeta, francmasón, conocía a  fondo  todo  este  simbolismo  de  la  vida  del  Maestro Masón cuando escribió la siguiente hermosa poesía:
“La conducta del masón, modelo es de existencia, cuya porfía dura lo que la vida de los hombres.
El futuro guarda en su preñado seno alegrías y tristezas; pero nosotros avanzamos por él sin que nada nos acobarde.
Ante nuestros ojos se abre el velado y sombrío portal en donde acaban los mortales.      Sobre  nuestras  cabezas duermen estrellas silenciosas; bajo nuestros pies calladas tumbas.
Y, mientras contemplamos ansiosos este presagio de terror, acércanse el fantasma y el error a llenar de turbadoras dudas y temores a los más valientes.
Pero oíd el clamor de la opinión, de los sabios, de los mundos y de los siglos: "Elegid bien, que la elección es breve, pero infinita. ¡Oh, valientes!, en el silencio de la eternidad unos ojos os contemplan. Aquí todo es llenedumbre de recompensas; trabajad con empeño y arrojo y no perdáis  la esperanza."
Al terminar esta obra, tan inadecuada a la importancia de los temas tratados en ella, puede hacerse, por lo menos una deducción de todo cuanto llevamos dicho.
Historiando la evolución de la Francmasonería y detallando su sistema simbólico, adviértese que está tan íntimamente relacionado con la historia de la filosofía, la religión y el arte, en todas las épocas del mundo, que tenemos la convicción de que ningún francmasón puede llegar a comprender su naturaleza o apreciar su carácter científico, a menos que se dedique asidua y esforzadamente al estudio de su sistema.
La habilidad de repetir sin equivocarse las lecturas ordinarias, cumplir con todos los requisitos ceremoniosos del ritual y dar con precisión los signos del retejador, no es más que el rudimento de la ciencia masónica.
Pero la Francmasonería tiene que ver con series de doctrinas mucho más elevadas, cuya exposición hemos tratado de hacer en esta obra, aunque de un modo imperfecto. Ellas son las que constituyen la ciencia y la filosofía de la Francmasonería, ellas las que únicamente premiarán con creces los esfuerzos de quienes se dediquen a estudiarlas.
La Francmasonería ha dejado de ser una institución meramente social, para adoptar su posición original y evidente de ciencia especulativa. Mientras se conserva aún el ritual, como joyel donde se guarda la preciada perla; mientras se ejerce en ella la caridad, como resultado necesario, pero incidental de sus doctrinas morales; mientras se cultivan todavía sus tendencias sociales cual cemento que une la bella simetría y fortaleza de la fábrica toda, el alma masónica anda por todas partes buscando y pidiendo algo que nos alimente como el maná del desierto, con pan intelectual, en nuestro viaje de peregrinación por la tierra.
El mundo masónico clama universalmente por la luz; de ahora en adelante, nuestras logias han de convertirse en escuelas; nuestro trabajo ha de ser el estudio; nuestro salario, la cultura; los tipos, símbolos, mitos y alegorías de


la institución han de empezar a investigarse en relación con su significado último; en nuestra historia han de buscar los celosos investigadores su conexión con la antigüedad. Los francmasones comprenden ahora en toda su amplitud la definición tantas veces citada de que: "La Masonería es una ciencia de moral, velada en alegorías y esclarecida por medio de símbolos. "
Por lo tanto, aprender Francmasonería es conocer nuestro trabajo y realizarlo bien. ¿Cuál será el buen obrero que se atreva a no realizar esta labor?
Albert G. Mackey


sábado, 26 de mayo de 2018

LA FUERZA DEL LENGUAJE NO VERBAL

A continuación un  breve artículo publicado en la Revista Digital "Ser Feliz", de fecha 30 de julio del año 2005. La autoría de este artículo es de Sergio Valdivia Correa, aunque está adaptado sobre un texto de Gordon R. Wainright.

La comunicación gestual o kinésica, muchas veces no se le considera con la atención necesaria, sin embargo, es más dificil simular con los gestos que las palabras, por ello nos da el fundamento para conocer más a las personas con que nos comunicamos.

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Las medidas 90-60-90 resultarán familiares a muchas personas, sobre todo a los sexistas aficionados al concurso de Miss Universo. Las cifras 55-38-07 son menos conocidas, pero tienen quizá una mayor importancia en la vida diaria. Hacen referencia a la proporción del impacto que tienen en una comunicación cara a cara las expresiones faciales, los aspectos no verbales del lenguaje y el lenguaje hablado en sí mismo. En otras palabras, sólo un 7 por ciento es verbal, el 93 por ciento restante es no verbal. El componente verbal es mucho menos importante de lo que se suele suponer. La expresión corporal y el modo como se expresa el hablante es mucho más significativo que lo que verbalmente está expresando.
Los aspectos no verbales del lenguaje incluyen muchos elementos. A la hora de interpretar estos aspectos hemos de tener en cuenta el volumen, tono, timbre, cualidad de la voz (por ejemplo, si es nasal, velada o resonante), velocidad al hablar, acento y entonación. Es lo que se conoce como modulación. También se ve influido por la naturaleza y número de los errores lingüísticos.
La voz nos proporciona gran cantidad de información (de momento vamos a dejar a un lado las palabras pronunciadas). Nos permite evaluar la edad, el sexo, el atractivo, la clase social y el nivel educativo. Nos ayuda también a deducir el tipo de ocupación, a decidir si creemos o confiamos en alguien y si nos gusta o no. Quien más y quien menos habrá tenido alguna vez la experiencia de conocer a un atractivo desconocido por el que sintió repulsión con sólo oír el tono de su voz.
Con la ayuda de un grabador regístrese a sí mismo intentando convencer a un amigo o a un desconocido de que usted es una persona de fiar. También puede fingir que trata de convencer a alguien de que merece la pena comprar lo que usted vende, o de que deberían apoyarlo como candidato en unas elecciones para la administración local, o de que se va a suicidar tirándose por una ventana. Si puede contar con la colaboración de otra persona para llevar a cabo este ejercicio, tanto mejor.
¿Cómo determina la intensidad, tono, matiz y cualidad de su voz, la velocidad con que habla, la entonación, y cómo acentúa las palabras que utiliza? ¿Cómo se integra su uso de los aspectos no verbales del lenguaje con los aspectos verbales y con las propias palabras? ¿Qué éxitos cree haber conseguido? Si ha realizado el ejercicio en colaboración con otras personas, pídales su opinión al respecto. Si lo ha realizado en solitario tendrá que contentarse con su propia autoevaluación al volver a oír la cinta.
Si ha realizado el ejercicio razonablemente bien, habrá notado algunos de los puntos siguientes:
·                    Para lograr inspirar confianza, la intensidad de la voz no ha de ser ni demasiado alta ni demasiado baja. La confianza es una relación en la que dos personas tienen la misma categoría. Es un proceso recíproco. Es muy difícil confiar en alguien si no se siente que ese alguien también confía en nosotros. El hablar en voz muy alta suele dar la impresión de que se desea dominar, lo que obra en contra de la creación de una relación de confianza mutua. El hablar con una voz muy baja suele dar la impresión de timidez o sumisión, que también supone un entorpecimiento para el establecimiento de una relación de mutua igualdad.
·                    El tono de la voz no ha de ser ni demasiado áspero ni demasiado suave. La dureza hiere los oídos del que escucha y le repele. Un tono de voz demasiado suave puede llevarle a pensar que le están intentando engañar y le hará recelar, justo lo contrario de lo que se pretende. El tono de voz ha de reflejar seguridad en sí mismo. Es difícil confiar en alguien que ni siquiera da la impresión de confiar en sí mismo.
·                    Ha de evitar el tono de voz agudo o estridente. Un tono razonablemente bajo y suave, aunque no en exceso, tendrá muchas más probabilidades de inspirar confianza.
·                    No es probable que un tono de voz nasal o jadeante inspire el tipo de seguridad que lleva a la confianza.
·                    El hablar muy de prisa impide que se desarrollen lazos de confianza. Una persona que habla muy rápido no suele pasar de ahí en la consideración de los demás.
·                    A las personas que hablan sin un acento regional determinado se les suele considerar más dignos de confianza y convincentes que aquéllos en los que se reconoce un característico acento regional. La investigación también ha puesto de manifiesto, que, por ejemplo, los profesores con un acento de clase media, son considerados por sus alumnos como mejor preparados, más competentes y dignos de confianza que los profesores con acento típico de personas que han tenido menos oportunidad de educación.
·                    Quizá haya observado que se obtienen mejores resultados si se pone el énfasis en las palabras y frases positivas en vez de las negativas. No obstante, un uso excesivo del énfasis tendrá los mismos efectos que el hablar muy alto, pues comunicará una sensación de dominación o deseo de dominar.

SVC

jueves, 8 de marzo de 2018

LA REDENCIÓN

Esto que publico a continuación es un breve documento de estudio de un Grupo de la Orden Martinista en Chile. Por esa razón al final del texto se propone un cuestionario para ahondar en el estudio de este maravilloso tema.

La autoría de este documento es de Serval, quien lo escribió con el fin de estudiarlo en el "Grupo Martinista" que dirigía en ese entonces.

A pesar que han pasado decenios de años, la vigencia de sus ideas y conceptos no ha perdido fuerza, menos aún en el contexto de la enseñanza esotérica tradicional.

Espero que lo disfruten...



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Definición exotérica.
En la enciclopedia Monitor, encontramos la siguiente definición: “Del latín “remptio”, que se interpreta como recompensa, rescate. Desde el punto de vista religioso, la recompensa constituye la liberación de una cosa, de un hombre o de un grupo humano de un pecado cometido, y por tanto de una culpa, respecto a la divinidad. El vocablo redención adquiere con el cristianismo un especial enriquecimiento al ser propiamente un mensaje de salvación y elevación al orden sobrenatural, participando de la paz y de la vida divina en y con Cristo. En cambio, en el protestantismo esto se interpreta de un modo extrínseco: Cristo sustituye a los hombres que no pueden hacer nada por sí mismos.[1]
La publicación Academo dice respecto a redención: “Acción de redimir, la que nuestro Señor Jesucristo hizo del género humano; remedio, recurso, refugio. L. redimo, redemptum, de re y emo, comprar.”
Por su parte el Diccionario Latino, indica: “Redemptio: Adjudicación, arrendamiento / rescate; compra, soborno // la redención.” También indica: “Redemptio: empresario (de trabajos públicos), arrendatario, contratista // redentor que rescata esclavos // el Redentor.”
Significado esotérico.
Suele atribuirse el concepto redención en particular a la persona de Jesús-Cristo. Sin embargo, su significado es universal. Es una expresión de una Ley de Evolución Cósmica. Es la separación de la primera forma de vida o existencia, en múltiples formas que participan de esta esencia primera. A la forma particular de vida y existencia de nuestra evolución se le llama Logos.
Para qué exista un universo, es necesario que la existencia única se límite a sí misma y por tanto pueda existir la manifestación. Así, cada uno de los seres de la creación participan de esta primera existencia, llevan un impulso hacia la involución y evolución y registran un recuerdo de formas más primigenias. Esta limitación del Logos es el acto supremo de redención. Es el acto arquetípico de sustitución y entrega hacia otros.
Este acto de entrega, constituye la primera manifestación de la Ley del Amor, la cual rige todo el universo en todas sus manifestaciones, es causa de su vida, existencia y su evolución.
Redención de Jesús.
En nuestra civilización occidental, la expresión de la redención la tenemos magníficamente ejemplificada en la vida y obra de Jesús de Nazaret. Sus enseñanzas habrán de ser realizadas y comprendidas plenamente al término de la era actual.
La vida y obra de Jesús tal como se muestra en los evangelios, es la graficación, la expresión de distintas etapas de una iniciación por la que toda individualidad debe pasar, en distintos planos. Sus actos de redención deben ser efectuados en forma análoga por nosotros, la comprensión de lo divino y universal. Es la expresión en el plano humano de esta Ley de Amor arquetípica.
El hecho que un gran iniciado allá ejemplificado consigo mismo esta entrega hacia los demás, nos hace más accesible la comprensión de algo, que de otra forma, sería muy abstracto y difícil de entender. Sin embargo, para su buena y cabal comprensión, es necesario tener un desarrollo espiritual mínimo; es necesario tener abiertos ya los ojos del alma.
“El asirla exige su espíritu se haya desenvuelto, siquiera sea de un modo parcial, en nuestra vida. Sólo aquellos que conocen prácticamente algo de lo que la abnegación encierra, son capaces de atisbar el vislumbre de lo que la enseñanza esotérica de esta doctrina expone cómo manifestación típica de la Ley del Sacrificio. Y aplicada a Cristo, sólo podremos entenderla cuando la veamos como una especial manifestación de la ley universal, cómo una reflexión aquí abajo del original de arriba, mostrándonos en una vida humana concreta lo que el sacrificio significa.”[2]
La no cabal comprensión que la vida concreta de Jesús es la expresión de leyes universales qué se nos han querido mostrar de esta manera por razones didácticas, lleva a particularizar y cambiar el significado de algunos símbolos fundamentales. Veamos a modo de ejemplo dos de ellos:
a)     La cruz. Suele representarse y transmitirse la idea de supremo dolor de Cristo en la cruz. Esto es válido, pero sólo en algunos momentos. El iniciado presiente su camino y sus pasos futuros. Sabe que será sometido a pruebas y que al triunfar sobre ellas saldrá fortalecido y más cerca del punto de retorno.
“Al rastrear en la prehistoria más remota el simbolismo de la cruz latina, o
más bien del crucifijo, pensaban los investigadores que habían de tropezar con que la figura desaparecería, quedando solo atrás lo que imaginaban ser el primitivo emblema: la cruz. Pero cuál no sería su sorpresa al ver exactamente lo contrario. La cruz se había desvanecido del todo quedando la figura solamente con los brazos levantados. No hay ya en esta figura apariencia alguna de dolor o sufrimiento, aunque todavía expresa sacrificio; es ya más bien el símbolo de la alegría más pura que el mundo pueda ofrecer: la alegría de entregarse por propia voluntad; pues representa al hombre divino ocupando el espacio brazos alzados en actitud de echar bendiciones, derramar sobre la humanidad entera sus inestimables presentes, de prodigarse voluntariamente a sí mismo en todas direcciones, descendiendo al espeso mar de la materia, para encerrarse e reducirse en ella, a fin de qué, mediante su descenso, pudiésemos nosotros tener existencia.”[3]
b) Muerte y resurrección. Cada una de las formas de existencia son expresiones de la vida universal. Llega el momento en que cada expresión de la vida debe pasar a otro vehículo para expresarse. La casa que actualmente ocupa le queda chica y debe dejarla por otra. De este modo podrá seguir aprendiendo y no se estancará en su camino. Cada forma llega en algún momento a su límite, no puede crecer más y por tanto, el Yo Superior, la individualidad, le quita su energía y construye un vehículo nuevo más apropiado para la nueva etapa. Si miramos con los ojos de la individualidad y no con los de la materia, comprenderemos la realidad de la eternidad y triunfaremos sobre el errado concepto habitual de la muerte.
Antes que el iniciado comprenda esto, ha de pasar por la prueba del dolor y de la angustia. El evangelio muestra algunos de estos momentos en la vida de Jesús. Se siente solo y abandonado. Hay algo que le falta por comprender. La conciencia de la Vida Una, busca a su Padre en lo alto, fuera de él. Al pasar de una forma de vida a otra, comprende que el verdadero centro de la vida está dentro de sí mismo, no fuera. Las formas han sido creadas por participación de la divinidad, y por tanto la llevamos en nosotros a imagen y semejanza. En nosotros, en nuestra individualidad, está resumida la historia de la evolución. ¡Gloria a todo aquel que ha aprendido a leer sus páginas!
La historia de la muerte y resurrección evidencia a los hombres que saben ver que siempre lo espiritual vence a lo material.
Los redentores.
La historia de la humanidad registra la vida y obra de muchos grandes y pequeños redentores, gracias a quienes la evolución humana es posible. Sus vidas sirven de aliciente y de ejemplo para el progreso humano. Ellos nos muestran que es posible hacerlo y que es posible alcanzar una vida plena, armónica, feliz y con conciencia de lo eterno.
Incluso los momentos angustiosos, cuándo se ven con los ojos del alma, se transmutan en momentos de alegría. Hay momentos en que el alma vislumbra su aspecto crístico y se siente desamparada y aislada, pues está tomando conciencia de algo totalmente diferente a su personalidad. Siente una separación entre su individualidad y su personalidad, las siente como entidades apartes. Clama pidiendo ayuda. En algún momento, su propio Cristo interior, manifestación de su Dios interno, responde. Toma conciencia que las formas externas son pasajeras y han sido tomadas prestadas de la naturaleza para adquirir experiencias. Percibe que la individualidad es aparte de ellas, pero percibe también que esta individualidad es una con todas las otras. Cuando se había fijado en las personalidades, parecían entidades apartes, pero ahora qué observa las individualidades aprecia que son una sola con la suya.
Todas las personas que se dediquen a los demás, que se dediquen a obrar bien, que sacrifiquen la vida separada para servir de canal a la vida una, a la Ley Superior, son  redentores. Pero la fuerza que ellos derraman, no será percibida por aquellos que no estén receptivos a este impulso. Hay una voluntad superior que entrega, pero debe haber también una abertura donde penetre este líquido de agua viva. Esto es lo que la iglesia llama la gracia divina que se derrama sobre los hombres de buena voluntad. Quienes participan de esta gracia, tienen por objetivo primordial el ayudar a los demás.
Los problemas que tienen los seres humanos entre sí y con el medio ambiente, son derivados de la ilusión de la separatividad. Creer que se tiene una vida independiente de las demás formas de existencia. La vida es una sola. Todo lo que existe no es más que un aspecto de ella. Formamos parte de un todo, como las células forman parte del organismo.
Si hacemos abstracción de las diferencias propias de la personalidad, descubriremos que esencialmente las personas somos una misma cosa. El Yo Superior es el mismo en todos los seres humanos. De tal modo que conociendo al otro, me conozco a mí mismo. Aprendiendo de su modo de reaccionar, aprendo de mi propia naturaleza. Identificándose con el otro, sr expande la propia conciencia de la vida. “Es ley del crecimiento de la vida desarrollarse por la difusión, no por la adquisición”.[4]  Un acto de redención es, entonces, una amplitud de conciencia y una participación más plena de la vida.
Dar algo puede traernos problemas si fijamos la atención en las formas temporales. Pero estas formas sólo son prestadas, usufructuamos de ellas y deben ser usadas solamente para el enriquecimiento del alma. Luego se dejan tranquilamente. Vivir no es adquisición, sino transición, entrega, circulación.
Un redentor abarca la vida de los demás con la suya propia y vierte su fuerza vital en los demás. Esto puede hacerlo pues está por encima de la ilusión de la separatividad y puede entonces mirar a los demás seres sumidos en esta ilusión y ayudarles a su reintegración.
La redención en la vida diaria.
Estas reflexiones sobre la redención pueden y deben llevarse a nuestra diaria experiencia. Toda acción proveniente de los planos superiores debe concretizarse en los inferiores.
La conciencia mientras se mantiene con la ilusión de la separatividad está `propensa al sufrimiento. Pero cuando se comprende que necesitamos de los demás para nosotros mismos, cuando entendemos que la divinidad está precisamente en nuestro interior, entonces estamos en el umbral de una nueva dimensión de la conciencia. Las adversidades de la vida cotidiana son productos del egoísmo, pero son también experiencias que bien utilizadas nos conducirán a este umbral. No existe sufrimiento mientras esa conciencia sea continua, pues la luz de arriba hace imposible la obscuridad de abajo.
En un trabajo grupal y en cualquier plano en que se trabaje, el todo es mucho mayor que la suma de sus partes. En una estructura los elementos que la integran se interrelacionan y sus efectos se multiplican mutuamente. Para que esto sea realidad en nuestras relaciones humanas, tenemos que dar un poco de lo nuestro y también ser receptivos a lo que los demás nos pueden ofrecer. Nada podemos hacer si existe una voluntad humana que se cierra hacia los demás y se aísla en si misma, porque es Ley de evolución que el alma se asocie espontáneamente a la acción divina y a la voluntad de su hermano. “Si la voluntad abre la puerta, la vida inundará el alma. Mas, si aquella permanece cerrada, sólo podrá hacer que pasen ligeros soplos de Fragancia, para que venzan con su dulzura allí donde no puede llegar la fuerza.”[5]
La clave, entonces, para cumplir con la Ley de evolución, es cambiar de foco. De seres centrípetos evolutivamente, egoístas y aislados, hemos de transformarnos en centrífugos, altruistas y hermanos de los demás. Entonces nuestra conciencia será continua con lo Superior, con los demás, día y noche. Cambiando de motivo en la vida diaria respecto a los pequeños deberes, a las acciones insignificantes, a los intereses estrechos, todo se cambia. El desarrollo espiritual marca, no lo que el hombre hace, sino cómo lo hace.
Si el destino nos ha colocado en determinado lugar del espacio y el tiempo, es allí donde tenemos que hacer práctica estas cosas. Es allí, en cada momento, dónde podemos cambiar de actitud y hacer nuestros actos redentores. Es ilusorio pretender que la amplitud de conciencia o que una realización plena se pueda encontrar en otra parte, si no hemos sido capaces de cambiar nuestra actitud y obtenerla dónde nos encontramos. Porque esa actitud, evolutiva o no evolutiva, la llevaremos donde quiera que vayamos.
SERVAL
Con la finalidad de aprender más al respecto, proponemos responder a las preguntas del siguiente cuestionario:
1.     Algunas religiones plantean que el ser humano nace con una culpa, ¿de qué culpa se trata y qué opina de ello?
2.     ¿Qué otras manifestaciones y expresiones de la Ley de evolución podemos nombrar? ¿Hay ejemplos de alguien que nos haya mostrado estas manifestaciones?
3.     Desde que el Logos se manifiesta en los demás, hasta nuestra dedicación a otra persona, es una limitación para el ente que se entrega. ¿Es compatible esta limitación con la amplitud de conciencia?
4.     ¿Ha leído sobre la vida y obra de un redentor, por ejemplo Jesús? ¿Qué reflexiones tiene al respecto?
5.     ¿Ha pensado en qué puede ofrecer a cada una de las personas que el destino ha colocado en su camino?
6.     Jesucristo poco antes de pasar la transición, exclamó: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” ¿Por qué esta angustia ¿Qué le faltaba por comprender aún a este espíritu encarnado, antes de volver de donde vino?
7.     Reflexione sobre algunos momentos de angustia que haya tenido en su vida y busque la enseñanza que le han dejado. Saque una consecuencia positiva de esas experiencias para el futuro.
8.     ¿Ha sido realmente receptivo hacia los demás?
9.  Habitualmente estamos participando de algún grupo humano ¿Su participación es activa, hay un fluir de dar y recibir? Si no es así, ¿en qué está fallando?
10.           ¿Cuál es su plan para salir de su egoísmo?



[1] Al hablar de “Cristianismo”, se refiere en particular al catolicismo. Este, junto al protestantismo, don dos corrientes del cristianismo.
[2] Annie Besant. “El Cristianismo esotérico”.
[3] C.W. Leadbeater. “The Christian Creed”, citado por Annie Besant, Op. cit.
[4] Annie Besant, Op. Cit.
[5] Íd. Íbid.