viernes, 17 de mayo de 2019

LA ELEVACIÓN ESPIRITUAL POR EL TRABAJO EN EL MUNDO MATERIAL

A continuación publicamos un breve artículo aparecido en la revista "Holograma", órgano oficial de la Fraternidad de los Servidores de la Nueva Era.

Este artículo es de autoría de Serval, guía a los efectos de esta publicación de la citada organización.


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Lamentablemente encontramos muchos errores en personas o instituciones que tratan de seguir un camino espiritual. Hay equivocaciones que globalmente se refieren a una separatividad entre lo material y espiritual, lo real y lo ilusorio, lo esotérico y lo exotérico.
Esta marcada disociación produce en los estudiantes actitudes de alejamiento, rechazo e inadaptación al medio ambiente provocando un mal ejemplo y mala imagen hacia la sociedad.
Esto facilita también la llegada a organizaciones espirituales a personas inadaptadas socialmente que buscan en ella una justificación a su inmadurez y una posibilidad escapista.
Muchos estudiantes de buena fe empiezan a desdeñar e incluso aborrecer sus obligaciones cotidianas en la familia y el trabajo. Consideran que lo único real y verdadero es encerrarse en templos a oír a un gurú y la única lectura valida es la de temas espirituales o esotéricos.

Se van tornando cada vez más sectarios y fanáticos. Incluso van cayendo en la ilusión de haber adquirido conocimiento y desarrollo sin darse cuenta que están alejándose de la realidad y del sendero espiritual.
Aprendamos por que el mundo material precisamente nos sirve para desarrollarnos espiritualmente.
¿Te has preguntado que entiendes tú, lector, por trabajo espiritual? Quizás se piense en respuestas tales como: trabajo de templo, oficiar un ceremonial religioso, orar, meditar. Pero, yo pregunto: y lavar los platos, preparar la comida, asear una casa, estudiar matemáticas en el colegio, regar las plantas, trabajar en la oficina, conducir un medio de locomoción colectiva, apilar ladrillos para hacer una muralla, recoger papeles y cartones para revenderlos, ¿son o no son trabajos espirituales?
Cualquier labor que se realice si es con un propósito altruista, si lo hacemos lo más perfecto posible, con actitud mental ·positiva y con buena voluntad, entonces es un trabajo espiritual. Si hacemos una oración o un ceremonial sin concentrarnos en lo que hacemos, sin tener el cuerpo, la afectividad y la mente puros, entonces no es trabajo espiritual.
Realizando lo mejor posible nuestras pequeñas labores cotidianas, estamos construyendo un carácter firme, buenos hábitos. Estos permitirán adquirir fortaleza y sabiduría para efectuar las grandes decisiones. La rutina diaria bien hecha va templando un carácter y esto construye una nueva personalidad. Una personalidad más perfecta permite la correcta manifestación de nuestro espíritu.
Debemos entrenarnos en tener un cuerpo más sano, una vida afectiva más serena y una mente entrenada en concentración, positividad y meditación. Una vez alineada nuestra personalidad, la luz del alma podrá brillar.
De otra forma es como tener una ampolleta sucia. La luz casi no se percibe, sin embargo esta allí. Una vez que la limpiamos, ésta se expresa a plenitud. Así es con usted: tiene una gran potencialidad dentro de sí, un alma maravillosa, las más bellas cualidades, la más grande felicidad. Sin embargo, necesita un  vehículo apropiado para manifestarse.
Por esto somos seres duales. Tenemos una esencia trascendental e inmortal que debe expresarse y vivir experiencias en una existencia material y mortal. Es cierto que nuestra meta es el mundo espiritual. Pero tenemos cuerpo material y es por algo. También este tiene su realidad.

Fuimos dotados de conciencia y relativo libre albedrio para ser conscientes de nuestro impulso espiritual. Debemos darnos cuenta que hay algo dentro de nosotros que quiere retornar a su mundo. “Mi reino no es de este mundo”, dice nuestra alma. Pero para retornar, necesita aprender en este mundo material. Ser cada día más perfectos.
El ser humano nunca pudo despegar de este planeta hasta que no conociera y enunciara la ley de gravedad. Solamente entonces, cuando la comprendió pudo construir maquinas voladores capaces de utilizar la misma fuerza de gravedad como impulso para salir del planeta. Así ocurre con las almas. Una vez que conozcan el mundo y sus leyes, las comprendan y participen como co-creadoras, podrán ser liberadas y pasar a otras dimensiones.
Hay una ley de Causa y Efecto. Y todo lo que nos ocurre en la vida es de nuestra exclusiva responsabilidad. Obedece a un propósito y es consecuencia de nuestros actos anteriores.
Cada uno debe aceptar los efectos en su vida, no con resignación, pero aceptarlos. Trabajar por ser consciente de las causas y construir un nuevo destino mejor.
Muchos se agobian con los problemas y desearían no tenerlos. Pero el día en que usted no tenga problemas, es porque habrá merecido el infierno. La vida es problema.
Esta dentro del Plan Divino que tengamos problemas para desarrollarnos, para aprender y superarnos. Para ser conscientes y constructores. Estaremos siempre en lucha con el medio. Esto nos mantiene  vivos.
Lo que se debe aprender es a no aproblemarse con los problemas. Aceptarlos y enfrentarlos uno a uno. Todos estén preparados para hacerlo. A nadie se le presenta una dificultad tan grande que no sea capaz de afrontarla.
¿Y por qué a veces usted se abruma y no se siente con fuerzas? Es porque ha acumulado. Ha sumado los problemas del pasado (lo que debió haber hecho o no) con los supuestos problemas del futuro (muchos de los cuales nunca se presentarán realmente). De este modo hay tanta preocupación y tensión que cuando se le presenta un obstáculo en el presente, se abruma. Sin embargo, si enfrentara solamente este obstáculo, podría resolverlo.
Hay solamente tres posibilidades ante un problema. 1) Se puede resolver. Entonces proceda y resuélvalo. 2) Es posible de resolver más adelante cuando tenga ayuda u otros antecedentes. Entonces anótelo en su agenda y busque oportunamente ayuda. Por el momento, despreocúpese hasta que llegue la ocasión. 3) No lo puede resolver usted. Entonces acepte con sabiduría y serenidad lo que no puede cambiar. Y no se preocupe más porque nada saca con ello. Procure cambiar usted en su modo de reaccionar frente al obstáculo. Esto si está en su poder hacerlo.
¿Y dónde se presentan los problemas para aprender a madurar y perfeccionar los vehículos de manifestación del alma? En el trabajo cotidiano, no en los templos.
Al trabajar en un templo es muy fácil tener serenidad, poner rostro fraterno y mirada profunda. Pero lo importante es saber si lo podemos hacer en nuestras labores cotidianas, porque si no, entonces es sólo una máscara. Aún no se ha templado el nuevo carácter del iniciado que comienza el sendero espiritual.
Las pequeñas acciones de la vida diaria efectuadas a conciencia, tratando de hacerlas sin innecesarias tensiones, con serenidad y con actitud mental positiva, van formando nuevos hábitos. Estos hábitos forman un carácter nuevo.
Si usted se ocupa de actuar lo mejor y más consciente de si en cada acto del presente, podrá despreocuparse del futuro: este se construirá solo y será cada vez más promisorio.
El devoto trabajo en el mundo material nos eleva espiritualmente al acercarnos a nuestra alma y a nuestra divinidad esencial.
“SED, PUES, VOSOTROS PERFECTOS, COMO VUESTR0 PADRE QUE ESTÁ EN LOS CIELOS ES PERFECTO”, dice Jesús. (Mt. 5:48)
Serval