miércoles, 5 de julio de 2017

LA ALQUIMIA UNIVERSAL

A continuación publico una instrucción llegada desde la "Orden del Temple y la Orden del Temple
Espiritual", refrente a la Alquimia y una introductoria explicación a la "Almendra Mística", como el centro simbólico de todo este conocimiento.
Espero la disfruten y sea de provecho



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Todo Conocimiento, toda Gnosis. Desemboca ineluctablemente en la Alquimia Universal, ¿por qué? Simplemente porque la Tierra no es más que un vasto Atanor, un crisol, en el que se producen en el fuego del sufrimiento, extrañas mutaciones en donde cada uno de nosotros (a través de innumerables reencarnaciones), va aprendiendo, según la fórmula de Dante “come I’uom s’etterna” (como el hombre se hace eterno). ¿Pero de qué modo esa Cruz anímica que hemos descubierto a lo largo de nuestra Enseñanza, se convierte en la síntesis secreta de la Alquimia Universal? esto es lo que vamos a tratar de explicar en el siguiente texto.
LAS BODAS DE CANAÁN
¿Qué es la Alquimia?
Para muchos de nuestros contemporáneos, la Alquimia consiste esencialmente en transmutar los metales, o dicho de otro modo, en hacer oro a partir del plomo y conseguir así rápidamente fortunas colosales.
Y dan ejemplos: los Templarios, Juan XXII, Nicolás Flamel, los Rosacruz, etc. La realidad, puesto que de realidad se trata, es infinitamente más compleja y no hay que dejarse engañar por el aspecto unívoco de la palabra. No hay una Alquimia, sino varias, y en su conjunto, el Arte Regio cubre con su manto, algo muy diferente al procedimiento mágico para hacer oro. ¿Os lo imaginabais?, pues tanto mejor.
Vamos pues a intentar, a lo largo de textos consagrados a la Alquimia, acercarnos a los grandes remas Cósmicos y Teogónicos referentes a las constitución de la materia y a su “habitación” por el Espíritu de Dios.
Ese famoso “mens agitat molem”, tan mal comprendido y rara vez puesto en práctica. Pero no esperéis de nosotros, más de lo que es razonable daros de momento.
Leyendo los enormes libros de los viejos “químicos” de formulaciones particularmente herméticas, se aprecia pronto que se acaba de entrar en una Torre de Babel de múltiples cédulas., y que cada uno de esos señores, cuenta a su modo la pequeña historia tenebrosa que le concierne, sin relacionar jamás sus investigaciones o descubrimientos, a un sector preciso del saber profano o incluso a una casilla “nombrable” de la Gnosis universal. Ese era su juego. Ya para mayor opacidad de sus obtusos enunciados, los queridos filósofos se lanzan a narraciones de Bodas Alquímicas en extrañas copulaciones y nacimientos, cuando menos sorprendentes.
Pues bien, nosotros pensamos que han llegado los tiempos de limpiar ese monumento Iniciático, de todo hollín que los hornos de los no cualificados e incluso de algún Adepto, han ido depositando en él, ya que bajo de esa costra espesa se ocultan bajorrelieves, inscripciones, grafitis e incluso estatuas (de oro o no), que relatan una aventura cósmica, cuyo último capítulo debemos conocer absolutamente, si no queremos morir ignorantes.
LAS BODAS ALQUÍMICAS
Así pues, en el asombroso país de Hermes (el tres veces más grande), todo empieza por una bodas, tanto en el Génesis (releedlo y os sorprenderá) como en el Evangelio de Juan, que hace empezar el ministerio de Jesús el Cristo, por un acto muy llamativo y propio para impresionar los espíritus de los discípulos y el resto de los asistentes: el milagro de Canaán de Galilea, las Boda de Vino.    
 Jesús el Cristo, parece pues adoptar un esquema de funcionamiento alquímico, que le permite, de entrada, dar un gran golpe afirmándose como el Transmutador universal, el Adepto supremo, el Alquimista de los alquimistas, en una palabra el MAESTRO. Y esto, justo después de que el bautizo dado por Juan el Bautista haya fijado no menos alquímicamente, al Cristo en Jesús.
Digamos desde ahora que a esas Bodas de Vino, siguen en el relato las Bodas de Pan, en Jerusalén, la noche de la Cena, para llegar por último, a lo que podríamos llamar, aún a riesgo de extrañar, las Terceras Bodas de Agua y de Sangre del Gólgota.
Las bodas galileas, no dejan de producir en el lector superficial, una impresión casi irrisoria. ¿Por qué oscuras razones el Apóstol Juan consagró todo un capítulo de su Evangelio a un incidente menor a fin de cuentas? En efecto, a lo largo de un banquete de bodas, en una pequeña ciudad de Galilea, se observa de pronto que no hay vino suficiente. Ciertamente la situación es desagradable u puede estropear la euforia de la reunión, pero después de todo, hay comerciantes en la ciudad y aún en el caso de que las tiendas estuvieran cerradas ese día, hay parientes, vecinos que pueden ayudar en un caso como este.
Pues bien, nada de eso. Tras un breve diálogo con su madre (diálogo de extrañas resonancias), Jesús se dedica a transmutar en agua en vino.
Un milagro (el primero), y todo porque faltan una botellas para unos invitados sedientos, que además no se preocuparán lo más mínimo por el origen providencial de este vino. ¡Qué despilfarro y qué curioso incidente!
Si, un incidente, ¿por qué no? Algunos historiadores incluso han hablado del “incidente de las bodas de Canaán”. Pero si ese incidente es en realidad profundamente revelador acerca del modo Crístico de pensar y actuar. El efecto, digamos el decorado, está planteado de tal forma que es muy difícil no fijarse, incluso aunque sea irritante, en ciertos detalles de la escena en particular, tan precisa es la descripción. Precisión que parece incluso fuera de lugar: “Había allí seis urnas de piedra, destinadas a la purificación de los judíos, cada una de las cuales contenían dos o tres medidas.” (Juan, 2, 6)
¿Qué puede importarnos que hubiera seis urnas de piedra y que contuvieran dos o tres medidas? Tiene la cosa tan poca importancia, en apariencia, que algunos traductores llenos de buena voluntad y para no cansar inútilmente a sus lectores, reemplazaron esa aritmética “inútil” por ésta frase eficaz: “Había allí vasijas que contenían en torno a doscientos litros de agua”. Eso si que resulta claro a falta de ser Iniciático.
Pero en realidad, los doscientos litros de agua no nos sirven, ya que nos privan de una estructura que manifiestamente, el autor del cuarto Evangelio, había querido sugerirnos.
Todos sabemos que el número guía de la Alquimia es el siete, que siempre en el plano de la Tradición rigió los planetas, los días de la semana, los dones del Espíritu Santo, los dolores de María, etc. Y existen siete tipos de Piedras Filosofales, que se distribuyen de acuerdo a un esquema muy preciso.
LA ALMENDRA ALQUÍMICA
Abordemos aquí el problema de la Almendra[1], estrechamente ligada a la representación simbólica del Cristo en majestad que encontramos en los tímpanos de muchos de nuestros santuarios románicos y góticos.

Es también una forma de Mandala, en donde se desarrollan los elementos de las Siete Piedras de la Alquimia tradicional, que van de la Piedra llamada Elemental a la Piedra Divina, séptima e interior, pasando por las Piedras Mineral, Vegetal, Animal, Anímica y Espiritual.
He aquí el esquema que tan celosamente fue guardado por nuestros hermanos herméticos y que arroja nuevas luces sobre la naturaleza de esas realizaciones alquímicas de las que tanto se habla y que tan poco se conocen, y en donde el Siete, por así decirlo, sale finalmente de las “urnas”.
LAS SIETE PIEDRAS DE LA CIUDAD SANTA
Independientemente de la Cruz central en Cinco, de la que trataremos más adelante, esa “Corona almendrada”, comporta dieciséis casillas que se reparten así:
1.  Dos casillas para la Piedra Elemental, ligada como su nombre indica, a los Elementos Tierra, Agua, Aire y Fuego y en quintaesencia al Éter o Fuego fijo.
2.  Tres casillas para la Piedra Mineral, de la que depende la transmutación de  los metales, pero que es sólo una de los aspectos de la Piedra Total y en la que la obtención del oro, no representa sino una “piedra de toque”, por así decirlo, de la realización alquímica y no un fin en sí.
3.  Tres casillas para la Piedra Vegetal, que cierra así el primer ciclo “inactivo”, “luna” de la Alquimia.
4.  Dos casillas para la Piedra Animal, y aquí comienza el segundo ciclo “activo”, solar.
5.  Tres casillas para la Piedra Anímica, de tan delicada realización, simétrica de la Piedra Mineral, en relación al centro de la figura.
6.  Tres casillas para la Piedra Espiritual, que cierra el segundo ciclo.
   Y por último en el corazón de la Almendra, la Séptima Piedra, la Piedra Divina en Cinco, el tercer ciclo.



He aquí transformado ese “mono-ideísmo” que consistió siempre en hacer la Piedra Mineral el único rostro del Alquimista, y que aporta al buscador innumerables y ricas posibilidades de correspondencia entre esta figura y la Gnosis, el Tarot, la Magia, la Teúrgia, la Astrología y muchas cosas más.
¿Pensáis acaso que se trata de una utilización abusiva de un texto sagrado? Os responderemos simplemente esto: el prisionero que se encuentra milagrosamente un lote de llaves, no empieza por decretar desde el principio que son falsas, primero las prueba, y si una de ellas abre la puerta de su celda, se entrega a la alegría de su libertad recobrada y no piensa en filosofar sobre la posibilidad o no de hacer funcionar un cerradura con una llave desconocida, que no haya sido fabricada por la Universidad, el Gobierno, el Papado, etc.
LA SÉPTIMA PIEDRA DEL MANTO REGIO
Más en el corazón de la Almendra se esconde, fruto sabroso, una séptima Piedra, que llamamos Piedra Divina, que atesora el secreto de los cuatro Elementos de la Presencia Eucarística. Esta Piedra mística, conecta además directamente con la estructura de la Cruz en Cinco, que reina en el centro de nuestro esquema en Nueve que veréis en breve.
Esa casilla central es efectivamente la del Alma Divina, el Alma de las Almas, manifestación del Espíritu en su Cuerpo Crístico, la Piedra angular, la cual había sido desechada y también el Piramidión. Es el banquete de las Bodas Eternas, Las Bodas de Vino, de Pan, de Agua y de Sangre.
Si queréis tomaros el trabajo de comparar, puede que descubráis algunas significativas correspondencias.
·        ¿El Vino y el Agua representan las Bodas Alquímicas de Jesús y el Cristo en la Cena?
·        ¿El Agua y el Vino representan las Bodas de Canaán, manifestación de la Piedra Divina?
·        ¿La Sangre (el vino) y el Pan (la carne), representan la transubstanciación Eucarística?
·        ¿La Sangre y el Agua que salen del costado del Cristo, representan las Bodas del Gólgota?
  ¿Qué más se puede decir?  ¡Qué símbolos de polivalentes resonancias! Pero esto suscita algunas preguntas:
·        ¿Por qué la Iglesia Católica no da la Eucaristía más que al nivel de una sola especie?
·        ¿Cómo explicar esa mutilación voluntaria?
·        ¿Qué significa esa agua que se mezcla al vino?
·        ¿Qué significa también esa transmutación que se opera en la sangre, que los fisiólogos llaman carne líquida , y el Pan, a ese “panis angélicus”.
Si, la enseñanza que lleva a la Iniciación es con frecuencia difícil de admitir y cruel de vivir, ya que es zarandeante y molesta. En la época en que vivimos, ¿seremos capaces de soportarla y meditarla?
Tal es el reto que queremos mantener, del mismo modo que Jesús el Cristo juega su apuesta tratando de salvar a los hombres con su participación.
Cristo es Rigor, Jesús es Amor, ¿y el resto? Concluid vosotros, hermanos y hermanas en Luz.
N.N.D.



[1] Mandorla
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