lunes, 9 de junio de 2014

LA ESTRUCTURA DEL CONOCIMIENTO

Trancribo a continuación un artículo publicado en la Revista "El Rosacruz", órgano oficial de A.M.O.R.C., Enero de 1982,  y cuya autoría es de Ralph M. Lewis, Imperator de la Orden hacia esa fecha.

Considero que el tema de los peligros de ilusión a los cuales está constantemente sometido el estudiante, es importante de tratar y jamás se ha de excluir de los estudios y experimentaciones de quien desea ingresar al Sendero de la Iniciaicón.

En este número, además se tratan otros temas como son: La aplicación práctica del misticismo - Las beatitudes - Comprensión - La muerte y el más allá.

Que sirva de provecho.

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Generalmente pensamos que conocimiento significa la adquisición de hechos o la extensión de la experiencia pero, ¿qué es exactamente el fenómeno del conocimiento? Este consiste en conocer, y lo que conocemos se convierte en ideas. Las ideas son producto de la experiencia. La palabra experiencia sólo es el término general que se aplica a dos fenómenos, a saber, percepción y concepción. La percepción es la recepción de impresiones a través de nuestros sentidos receptores, las sensaciones de las que finalmente se compone la substancia de nuestras ideas.
La percepción puede ser voluntaria e involuntaria. Por ejemplo, cuando escuchamos intencionalmente una orquestación, enfocamos nuestra percepción auditiva sobre ella. O, para usar otra analogía, cuando leemos un libro, estamos percibiendo voluntariamente a través del sentido de la vista.
Sin embargo, podemos experimentar sensaciones que son una percepción involuntaria. Podemos sentir un dolor intestinal; no buscamos el dolor, es decir, no causamos voluntariamente esa sensibilidad. No obstante, la experiencia del dolor fue una percepción. En otras palabras, la sensación de dolor dio por resultado una idea o una síntesis de ideas afines tales como la ubicación, intensidad y duración del dolor. Simplemente, hubo un conocimiento del dolor.
¿Debemos entender por esto que hasta el más elemental estado de conciencia es experiencia y que, por lo tanto, la experiencia es sinónimo de conocimiento? Una de las características fundamentales de toda la materia viviente es la irritabilidad, es decir, una sensibilidad a los estímulos. Como analogía, ¿puede decirse acaso que un insecto que reacciona al estímulo del calor ha tenido una experiencia y que, por lo tanto, conoce?
Una experiencia es algo más complejo que la simple reacción a un estímulo. Para ser una experiencia, debe haber un estado dual de conciencia. Debe haber una percepción de la sensación y, al mismo tiempo, también de aquello que causó la sensación. Simplemente, para que sea una verdadera experiencia, debe haber tanto una percepción de la entidad personal, como el conocimiento de lo que actúa sobre ella. Por lo tanto, para referirnos otra vez a la analogía del insecto, su sola reacción al estímulo no es una experiencia. (Ver figura 1).

Si aceptamos como un hecho que la naturaleza de la experiencia es una forma dual de conciencia, ¿es necesario entonces un punto de conocimiento? Para que un elemento de la existencia constituya conocimiento, debe tener realidad para la mente. No es suficiente percibir algo, sino que a ese algo se le debe otorgar una relación con nosotros o con otras cosas que suponemos conocer. Para que una cosa sea conocida, no puede tratarse sólo de una percepción. Por ejemplo, no puede tener únicamente una cualidad dimensional de 3 x 3 X 4. Aun cuando percibamos un artículo de esas dimensiones, no habría otro punto de conocimiento además de sus cantidades dimensionales. Para tener significado, para tener realidad, la idea debe estar relacionada con más de una de nuestras cualidades sensoriales; debe ajustarse a categorías tales como calidad, cantidad y substancia.
Lo Desconocido
¿Y qué hay acerca de lo desconocido? ¿No atribuimos a lo desconocido cierta condición? Esta condición es la falta de una realidad identificable. El concepto de lo desconocido no es una idea aislada. No puede existir en la conciencia en sí misma y por sí misma. En otras palabras, ¿qué es lo desconocido? Una idea de lo desconocido es engendrada por la percepción o concepción de una idea, pero de una idea incompleta. No tiene la integridad que le concede identidad como una realidad. Usemos a manera de analogía una extraña luz tenue vista por la noche en el espacio; la luz es en sí una realidad común, objetiva. No obstante, sigue siendo desconocida en relación con todos los otros fenómenos celestes a los que la experiencia ha dado identidad. Por lo tanto, esta luz tenue particular, como podemos ver, es desconocida para la mente.
Para usar otra similitud, consideremos la interrogante que la humanidad se ha hecho por mucho tiempo: “¿Existe vida inteligente en otro lugar del cosmos?” La respuesta es hasta ahora una incógnita para el hombre. No obstante, existe para nosotros como una idea sólo porque está relacionada con lo que es conocido, es decir, que hay seres inteligentes en la Tierra, Para explicarlo más simplemente, el elemento positivo de que existe vida inteligente sobre la Tierra trae a la mente la idea del opuesto negativo ―lo desconocido― es decir, en cuanto a dónde más puede existir vida.
Esto nos conduce al otro fenómeno de la experiencia, la concepción. Si la percepción es la reacción a los estímulos externos, entonces su contraparte es la concepción, con la diferencia de que los estímulos de la concepción se originan en impresiones internas. La memoria, la razón y la imaginación, son los procesos primarios por medio de los cuales obtenemos las impresiones internas de la concepción. Sin embargo, el material básico que usa la concepción, como en el razonamiento o en la imaginación, son producto de la percepción. Las imágenes, los conceptos de espacio, tiempo, cantidad, cualidad y substancia, son el resultado de las impresiones de los sentidos receptores registradas en el cerebro. No podemos tener un pensamiento que este desvinculado por completo de los elementos de la experiencia, de lo que con anterioridad hemos percibido en parte. (Ver figura 2).
Podemos decir que la concepción es un entremezclamiento de ideas previamente registradas, pero casi siempre de acuerdo con un arreglo determinado. Esta síntesis o combinación, v la selección de las ideas que se recuerdan, en la estructura del concepto se convierten en la idea “nueva”. Como analogía, el inventor concibe un dispositivo que es diferente, en su forma y función, a cualquiera otra cosa que existe. Empero, no es una idea completamente original; está compuesta de lo que el inventor sabe que satisfacerá una necesidad, o substítuirá aquello que ya existe. Cada concepción tiene una motivación, es decir, una idea que está relacionada con la experiencia objetiva y con la percepción.
¿Tiene un concepto más realidad, como punto de conocimiento, que una percepción, que aquello que es percibido objetivamente? Aunque sabemos que nuestros sentidos pueden engañarnos algunas veces, aun así los aceptamos usualmente v dependemos de ellos hasta que pueda probarse que nuestra interpretación de sus impresiones es falsa. Por lo tanto, una percepción tiene para nosotros un mayor realismo o, si quieren, una mayor realidad que la que tiene la concepción.
Aunque, como hemos dicho, un concepto puede ser una síntesis de percepciones, aun así la nueva idea que surge de ellas carece de la misma confirmación que tienen las percepciones. En otras palabras, el concepto no surge directamente de nuestros sentidos receptores. Tiene todavía que ser experimentado objetivamente.
Creencias y Conocimiento
Las Creencias son Conceptos: son puntos de conocimiento relativo, tal como las ideas de la razón y la imaginación. Sin embargo, su valor como conocimiento sólo subsiste mientras no son refutados empíricamente, es decir, mientras no son rebatidos por medio de la experiencia objetiva. Los estados de experiencia objetivos y subjetivos se apoyan mutuamente. Cada uno contribuye a aumentar nuestro conocimiento. ¡Cuán limitado seria nuestro conocimiento si se basara en aquello a lo que nuestros sentidos receptores estuvieran expuestos! La razón y la imaginación del aspecto subjetivo de la mente, son los que pueden concebir lo desconocido surgiendo de lo que es conocido. Por lo tanto, son la razón y la imaginación las que se esfuerzan por explayarse en lo conocido. El aspecto subjetivo de la mente es el que se aventura a ir más allá de lo conocido.
No todo lo que se concibe puede llegar a ser evidente, es decir, pasar el examen de la comprobación objetiva definitiva. Pero siempre existe el reto de demostrar las creencias personales y convertirlas, por lo tanto, en un conocimiento universal. Esta universalidad sólo es posible cuando las personas inteligentes pueden percibir y comprender de la misma manera lo que fueron creencias anteriores. A lo que nos gusta llamar verdad, o verdadero conocimiento, es el resultado de esta coordinación de los procesos mentales objetivo y subjetivo.


La superstición es la suposición de causas sobrenaturales de los fenómenos. Cuando no se comprende la causa natural de un fenómeno, la imaginación puede suponer la existencia de una, aunque desvinculada de las verdaderas leyes de la Naturaleza. La superstición expone arbitrariamente que existe una fuerza o un ser teleológico independiente de la  Naturaleza, que es la causa activa de los fenómenos cuyas causas naturales no son conocidas. 

Hay una diferencia importante entre la imaginación creativa y la superstición. En su síntesis de ideas, la imaginación creativa usa sólo lo que tiene realidad objetiva para llegar a aquello que todavía no ha sido experimentado objetivamente. Usando otra analogía, el inventor se esfuerza en crear, es decir, en hacer que tenga realidad lo que todavía no tiene existencia, tal como él lo concibe. Pero, en su visualización, usa como elementos para formar su imagen mental aquello que es conocido v aceptado como realidad.
Fantasía
La fantasía es la imaginación mental que, en su forma compuesta, carece de una realidad correspondiente. En otras palabras, objetivamente no hay detalles que se identifiquen con la imagen subjetiva, la fantasía. Cuando la mente normal se entrega a la fantasía, se reconoce totalmente que carece de una contraparte externa. Los cuentos de hadas y la ficción son un ejemplo: en ellos se emplea la facultad creadora de la imaginación, En parte, las ideas que contiene representan aquello que se conoce, lo que tiene una realidad reconocida. Pero en su totalidad son ficticias, no tienen objetividad.
¿Qué valor tiene entonces la fantasía como conocimiento? La investigación y la exploración, con frecuencia han evolucionado a partir de la fantasía y por medio de eso se ha convertido en conocimiento. Para algunas personas, una fantasía les sugiere que en ella hay una credibilidad aparente, que existe una posibilidad de que se convierta en hecho. Por ejemplo, ahora aceptamos como conocimiento mucho de lo que tuvo sus orígenes en la ciencia ficción. La fantasía motivará frecuentemente a la razón. Hablando en sentido figurado, la razón puede preguntar, con respecto a la fantasía: “¿Por qué esto no es posible física, materialmente?” De hecho, la razón puede considerar que ha sido desafiada a transformar la fantasía en la substancia del conocimiento.
¡Se iguala la intuición —o el discernimiento, como generalmente la llama la psicología— al conocimiento? La experiencia de la intuición es el súbito destello de una idea dentro de la conciencia. Su singularidad está en que no ha sido razonada, no es la conclusión de un proceso lógico consciente. Simplemente, la idea intuitiva posee tal claridad, que parece indudable; tiene poder de convicción. Tal como la idea de la imaginación, la intuición tiene asociadas a ella ideas de percepciones previas. Las ideas de la intuición son un concepto, la estructura de otras ideas, pero son de una naturaleza tal que de inmediato la razón no puede retar.
El Misterio de la Intuición
A causa del misterio asociado con la intuición, de su aparente independencia de nuestra racionalización consciente y de su claridad, con frecuencia se le ha atribuido un origen sobrenatural. En otras palabras, a menudo se cree que se deriva de una inteligencia que trasciende la mente humana.

.La causa de la intuición,  o discernimiento, es un asunto de polémica: hay muchas escuelas de pensamiento relacionadas con ella. Parece preferible considerar que la intuición es una función psíquica. Por psíquico se quiere significar los poderes naturales inmanentes en la mente humana. En este sentido, el subconsciente es psíquico, porque está relacionado con la inteligencia que impregna todas las células de nuestro ser. Sobre buenas bases puede exponerse la teoría de que algunas de nuestras ideas tienen tal intensidad, que pasan de la mente consciente a la subconsciente. Dentro del subconsciente, ocurre un discernimiento más elevado. Las ideas latentes del subconsciente tienen una relación potencial y están arregladas por ello en un orden racional, v después son lanzadas involuntariamente a la mente consciente. 

 
Sin embargo, si insistimos en someter nuestras impresiones intuitivas a un análisis lógico, pueden parecer aparentemente imperfectas en contraste con la primera vez que fueron recibidas. La razón puede presentar ideas contrarias que harán que la impresión intuitiva parezca carente de convicción lógica.
Sin embargo, parecía que la impresión intuitiva toma en consideración factores que trascienden la razón y funcionan como una especie de super discernimiento. Hay un sentimiento emocional con la impresión intuitiva. Es una especie de júbilo de iluminación, una sensación de infusión de conocimiento. Por lo tanto, el verdadero valor de la impresión intuitiva, como punto de conocimiento, depende de la necesidad de una continuidad de la reacción ante ella.
No podemos entender con nuestra razón los factores sutiles de la impresión intuitiva que, en el momento de ser recibida, la hacen tan apremiante. Parecería que hay percepciones psíquicas de condiciones o circunstancias recibidas por el subconsciente, que dan a la impresión intuitiva una eficacia especial. En consecuencia, cuando la razón se aplica subsecuentemente a la impresión intuitiva, estos factores sutiles no son comprendidos. Por lo tanto, si sometemos la impresión intuitiva a un análisis, al compararla podría parecer improbable. Esto explica el que muchas personas pasen por alto su discernimiento psíquico. Cuando se llega a una conclusión razonada, los factores de la impresión intuitiva no pueden ser entendidos emocionalmente y pierden su valor como un punto demostrable de conocimiento.
Es necesario que tengamos presente que el conocimiento es una interacción entre los estados de mente objetivo, subjetivo y subconsciente, Las impresiones subjetivas no pueden adquirir el término relativo de conocimiento, si no participan en las impresiones objetivas de externalidad. Además, las impresiones objetivas no son una fuente de conocimiento si no son evaluadas también mediante los métodos subjetivos del análisis y el juicio.
En relación con este artículo abstracto sobre el tema del fenómeno del conocimiento, pensamos que es oportuno citar algunos comentarios del insigne Albert Einstein, tomados de un artículo escrito por él sobre un tema afín:
“Estamos interesados en las categorías o esquemas del pensamiento, la selección de las cuales está, en principio, completamente a nuestra disposición y cuyas capacidades sólo pueden ser juzgadas en la medida en que su uso contribuya a hacer inteligible la totalidad del contenido de la consciencia”,

Ralph M. Lewis

miércoles, 28 de mayo de 2014

EL SECRETO MASÓNICO

Lo que se entrega en esta oportunidad es un artículo aparecido en la "Revista Masónica de Chile". Nº 8-9 de Octubre y Noviembre del año 1949.

Si bien es cierto el artículo es anónimo, es bastante claro sobre un aspecto que siempre ha generado especulaciones e incluso controversias entre las personas que no trabajan al interior del Templo Masónico o de otra Escuela de Iniciación. Me refiero al secreto.

Aunque el artículo presentado se refiere específicamente al "Secreto Masónico", en general, practicamente todas las Escuelas de Iniciación, son sometidas al juicio popular por el hecho de guardar secretos y el hecho de que sus miembros quedan sujetos a un "juramento" que les induce a ser discretos. Juramento que es adquirido por voluntad propia.

Muchos piensan que si nada malo hacen, nada tienen que esconder. Este punto de vista sólo nos indica que quien lo sostiene no comprende realmente lo que una Escuela de Iniciación intenta denodadamente en realizar: la evolución del ser humano. Y esta solamente se puede dar en un contexto de compromiso y de descubrimiento constante. Y el descubrimiento de una realidad que no se puede transmtir, lleva a que los "iniciados" en esos caminos, deban guardar silencio; aunque seguramente quisieran gritar las maravillas que han hallado.

Bien no les aburro más y vamos al artículo en cuestión.  

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La Franc Masonería, mirada desde el punto de vista del profano, aparece como institución secreta, que trabaja en las sombras, escondida en lugares sólo accesibles a los iniciados en sus prácticas y doctrinas; hasta cierto punto, tenebrosa. Como una institución rodeada de misterio, que nadie conoce, sus ritos son ocultos y absolutamente secretos e incluso, muchas veces, celebran sus reuniones en lugares que pasan desapercibidos, menos para aquéllos que, teniendo puestos sus ojos en ella para atacarla, se dan a la obra de atisbar lo que a algunos hermanos se les escapa o por infidencias dan a conocer.
La Masonería está rodeada de secreto en sus ritos, en sus prácticas, en el número y nombre de sus afiliados, etc.
Pero no hace misterio de su doctrina, que es amplia, sincera y justa. No hace misterio de su doctrina porque es esencialmente humana, de un contenido tan sublime, como que considera la CARIDAD masónicamente entendida, vale decir, en la amplitud de la caridad que no hiere, que no lastima, que no tiene el contenido de limosna que en el mundo profano le da el que no siente en su interior el fuego de amor vivo para sus semejantes, como virtud fundamental. No hace secreto ni misterio de su doctrina sublime, que ha sobrevivido desde los remotos siglos de la antigüedad y que seguirá siendo el faro luminoso que guía a un grupo de hombres escogidos a través de las tinieblas de la ignorancia y la maldad y los prejuicios, para hacer de la Humanidad una cosa digna del ser humano y para que el Universo entero, gire alrededor de las virtudes que son su fundamento: fraternidad, tolerancia, caridad, amor. `
Cumplida esta misión, ardua, difícil, incomprendida, de dura y complicada consecución, la Masonería habrá llegado a su término y se abrirán de par en par las herméticas puertas de sus templos para irradiar, no ya los haces luminosos que se escapan por los intersticios, sino la totalidad de las llamaradas de la gran hoguera de su sabiduría. Porque no habrá ya necesidad de templos, pues uno e indivisible será. el templo inmenso en que  se adore al G.A;D.U. 
 Pero mientras llega ese estado ideal, que los aprendices pensamos es el objetivo y meta de la Orden, seguirán silenciosamente los trabajos efectivos en los talleres masónicos.
La Franc Masonería no hace ni puede hacer misterio ni secreto de sus principios,  porque ellos son los que informan la acción, el pensamiento de todo hombre bueno, sano de cuerpo y espíritu, que haya superado la etapa de los prejuicios y de los dogmas, que haya libertado su espíritu, su intelecto, de toda traba y escollo que impida el libre desenvolvimiento de la personalidad.
Todos los hombres que hayan llegado a esta etapa de perfeccionamiento, de superación, tendrán que convenir, tendrán que estar de acuerdo con los principios fundamentales, con los pilares en que descansa la Orden, en cuanto significan plenitud humana, justicia social, fraternidad y convivencia pacífica de los hombres. Esto no es secreto; no es misterio, desde cualquier ángulo que, se le mire, y sólo los que estén cegados por las pasiones, aherrojados por los dogmas y los fanatismos podrán desconocer lo maravilloso de los postulados masónicos y atacarlos llenos de odio, de virulencia y encono. Para ellos, para los que están fuera de los talleres, ni quieren, ni desean frecuentarlos, la Orden tiene la palabra discreta de los hermanos con experiencia, de los hermanos de calidad que actúan en el mundo profano para que, con el cuidado y tino necesarios, desbrocen sus mentes de las malezas que nacen y lujuriosamente crecen en sus espíritus no cultivados, o mal y parcialmente cultivados. La Orden, en consecuencia, lanza su ejército de jardineros expertos para que organice los prados, del mundo profano, siembre la buena semilla y lleve la buena nueva. Para que cultive rosas donde antes crecieron espinas; para que desbroce, desenmarañe y pode el intrincado bosque intransitable del mundo profano, con la discreción indispensable para que la obra sea realidad y no se malogren sus objetivos. Con el secreto en que se preparan y emprenden grandes obras. No por el afán de que sea secreto, y discreto por el mero arbitrio de serlo, sino para obtener positivos beneficios. Por tanto, la discreción no viene a ser un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar los objetivos propuestos de antemano.
Séanos permitido creer, que el SECRETO MASÓNICO puede enfocarse desde dos ángulos esencialmente diversos: desde el punto de vista del profano y desde el punto de vista del masón. Este, a su vez, subdividido   en dos aspectos; el secreto de las enseñanzas que no se revela en Logia, sino que toca a todo masón descubrirlo por la reflexión sobre los emblemas y sobre todo lo que se dice y hace en los trabajos; y el secreto de los ritos que se practican en el seno de los templos masónicos y de todo aquello que puede perjudicar a la Orden.
Es en el secreto y silencio, donde se generan y plasman las grandes obras. Que solamente en la tranquilidad se encuentra el reposo. Lejos del tumulto, de la alegría ruidosa y estruendosa que apaga y confunde el pensamiento hondo, el hombre se recoge en sí mismo y reflexiona y elabora. No es en la superficie del mar siempre agitado por las tempestuosas ondas y los vientos huracanados donde se produce la maravilla del mundo acuático, sino en las profundidades insondables de los abismos. No es en las cumbres de las montañas azotadas por las heladas y las ventiscas, donde crecen las plantas maravillosas, sino al reparo de los bosques, en sus profundidades recónditas y en los remansos calmos y serenos de los ríos. “Lo que pide la Masonería es libertad para trabajar; que el mundo profano no se entrometa a entorpecer su obra dentro de los talleres; pide el respeto que inspira a la sociedad cualquiera institución seria y honrada; no quiere privilegios ni leyes extraordinarias. Pero así como el sabio necesita tranquilidad para descubrir el virus de una enfermedad y dar después salud al cuerpo, así también la Masonería solicita respeto y tranquilidad para trabajar libremente en busca de la verdad y de la luz que darán salud al alma y que producirán la salud humana.”
Para aquellos que dudan de la nobleza de la Orden y que virulentamente atacan, a la Franc Masonería, la respuesta está en las obras que desarrolla. “Por sus frutos conoceréis el árbol”, dicen los evangelios. Y aplicando esta expresión a la Franc Masonería; podríamos decir que por la bondad de sus obras traducidas en escuelas, instituciones de beneficencia, bibliotecas, bomberos, scouts, etc., se conocerán los fundamentos en que se basa su acción. Perfección colectiva, educación moral, individual, respeto y amor a sus semejantes, culto a la verdad ya la justicia, a la caballerosidad y al honor, éstos son sus frutos y por ellos se puede juzgar el árbol.
El SECRETO desde el punto de vista del masón, es el que no se revela en Logia. Entendemos que cae dentro de esta categoría, si así pudiéramos llamarla, el hecho de que al Aprendiz no se le enseña, no se le indica, no se le revela el significado de los símbolos; por ejemplo: no se le da una interpretación ad hoc, sino que es el propio Aprendiz quien tiene que descubrir y desentrañar su significado. Simbólicamente, se le entregan las armas con las que tiene que pulir la piedra bruta. Pero él debe limar sus propias asperezas; está en la obligación de descubrir sus imperfecciones y superar las deficiencias con las cualidades que lleva consigo al incorporarse a las Logias. Cualidades éstas que se las ha agrupado de la manera siguiente: un mínimo o base de inteligencia; comprensión general que lo capacite para abordar el estudio de los diferentes, problemas; facultad de asimilación y de memoria para hacer posible la adquisición y utilización de las materias sobre las que debe ejercitar su sagacidad y actividad; amor al trabajo; amor o inclinación a la búsqueda de la verdad; control sobre su propia persona, a fin de saber reprimir sus malos instintos y para contrarrestar las influencias de los prejuicios y errores humanos.
Con ellas, el aprendiz masón se da a la tarea de resolver el SECRETO, que encuentra ante su vista. Naturalmente queda desorientado al comienzo; se da cuenta de su ignorancia absoluta en esta nueva vida que inicia. Es como si empezara a vivir de nuevo y tiene que empezar a aprender en la nueva escuela. Se le dice que el gran fin de la Masonería tiende a mejorar la condición física y moral del hombre en particular y de la sociedad en general; que tiene importantes verdades que entregar a la opinión, en lugar de muchos errores y preocupaciones dañinas y que, entre estas enfermedades sociales, existen algunas cuya curación requiere energía y al mismo tiempo prudencia y discreción. “Buscad y encontraréis” y a buscar la verdad, a desentrañar el secreto de su grado dedica todos sus esfuerzos. A orientarse, a perfeccionarse, a superarse. El secreto masónico se manifiesta sin que la palabra lo revele, al que ha comprendido todos los grados a medida que los ha recibido. El aprendiz masón  no sabe leer ni escribir la palabra sagrada, sólo sabe deletrearla, lo que significa que el método de enseñanza de la Orden solicita los esfuerzos intelectuales de cada uno, evitando en absoluto inculcar dogmas. Se pone al iniciado en el camino de la verdad, dándole la primera letra de la palabra sagrada; debe él, por sí mismo, encontrar la segunda; después se le da la tercera a fin de que adivine la cuarta. He aquí, según nuestro modo de pensar el secreto masónico para el masón; no se le da interpretaciones, sino que él mismo debe buscar, descubrir el secreto encerrado en los símbolos, teniendo siempre presente los intereses superiores de la Orden. Y tiene valor este descubrimiento propio; mucho mayor que el revelado, y que ningún esfuerzo personal importa. Tiene el valor de lo que se adquiere con sacrificio, con largas veladas de trabajo y con dolores que hacen sangrar el alma. “No vale tanto el hombre por la verdad que posee o dice poseer ―decía G. E, Lessing— como por el esfuerzo sincero que le ha costado conseguirla; porque sus poderes no aumentan al poseerla, sino por el contrario, al investigarla, que es en lo único en que consiste su perfectibilidad. Las riquezas y las posesiones adormecen las energías del hombre y le llenan de pereza y vanidad. Si Dios me ofreciese con su mano derecha la verdad absoluta y con su izquierda únicamente el intenso impulso interno hacia la verdad, y me dijese: ¡Elige! me asiria humildemente de su mano izquierda, aún a riesgo de exponer a la Humanidad a errar continuamente”.
El otro aspecto del Secreto Masónico que hemos creído encontrar se refiere a la no revelación a profanos, de nuestros signos de conocimiento, símbolos y ritos practicados en las Logias. Involucra un aspecto interno (silencio), otro externo (secreto propiamente tal) y da como resultado la discreción.
Al cerrarse los trabajos de las Logias, juramos no revelar a nadie lo ocurrido en Logia, con lo que se persigue, no se divulguen nuestras formas de actuar en los talleres. Evitar con ello la mala interpretación por parte de los que no pueden comprender los ritos y símbolos de la Orden, los signos, palabras y tocamiento de la misma. Es el secreto que se impone a los franc masones, de guardar reserva absoluta frente a los profanos. De mantener para sí y para los hermanos, el secreto de la Orden, no porque signifique algo oscuro y sospechoso, sino porque los profanos no comprenderían el formalismo del ritual masónico. No hay que arrojar perlas a los cerdos, se dice. Y en verdad, un profano por su condición de ignorancia de la Masonería, vería en el ritual mismo, una cosa carente de significado alguno, y podría prestarse, de conocerlo, para hacer blanco del ridículo a la Orden. Por otra parte, este secreto tiende a perfeccionar al hombre y formar su carácter. Aún más, tiende también a darle mayor solemnidad a los trabajos de los talleres y a mantener un lazo de simpatía entre los hermanos al darse a conocer, por medio del signo y tocamiento, frente, a otros hermanos que actúan en el mundo profano y de quien, muchas veces, no se tiene conocimiento que también pertenezcan a la Franc Masonería. “Los misterios y ceremonias secretas que deberán servir para ocultar nuestras obras —se ha dicho— no tienen otra mira que dar cumplimiento a nuestros deberes sin ostentación y la ejecución de nuestros proyectos sin confusiones”. El SECRETO MASONICO, no es otro que la reserva con que debemos guardar lo que la Logia nos confía; el cumplimiento del juramento que hacemos de no revelar nada de lo ocurrido en el templo. Para sintetizar, la virtud que la Masonería nos exige, es la de ser hombres de honor, hombres de verdad, cumplidores de la palabra empeñada, guardadores de la palabra empeñada y de los secretos que se nos confían.
Esta idea del secreto, participa de algo del silencio, pues quien mantiene un secreto, en el hecho guarda un silencio, y éste, es fuente fecunda de ideales. En el silencio, el individuo concentra sus fuerzas interiores; dispone de sus facultades más preciosas; pone su atención en un solo trabajo y se ahonda en la significación de los misterios de la vida. “Es preciso acallar la naturaleza inferior para poder ver la verdad o encararse con la vida con toda equidad y firmeza. Sólo cuando se silencia y aquieta el tumulto de las pasiones egoístas, de los vehementes deseos, del odio destructor o de malevolencia, sólo entonces puede dejarse oír la voz del guía interior, que es el hombre verdadero. Cuando el corazón está en silencio, la inspiración aparece y la razón se aclara. En el desvelo silencioso de la noche, en la calma del desierto, en las cumbres solitarias de las montañas, en el sosiego de los bosques, en el retiro que busca la tranquilidad, vemos que la iluminación emana de la mente, el corazón se hincha y el espíritu adquiere alas para remontarse al cielo”. Y agregaríamos que, en el silencio tranquilo de las Logias, al amparo del secreto de nuestros ritos y ceremonias, el hombre alcanza la plenitud de su ser y puede aspirar a realizar sus ideales, a buscar la forma de alcanzarlos, a hacerse HOMBRE.
El masón debe ser un hombre discreto; sabiendo guardar los secretos de la Orden, siendo prudente en las relaciones con sus semejantes y alcanzando la equidad necesaria para manifestar lo que puede y conviene dar a conocer de las consecuencias arrancadas de los trabajos realizados. Con esto, la Masonería proporciona una excelente disciplina para aprender a hablar y da una educación que nos es útil muchas veces. Las palabras pueden traicionarnos y, en consecuencia, está en la reserva que debe guardar cada masón, la formación del carácter de todo individuo. “La palabra —decía Alfonso X refiriéndose al uso que un Rey debe hacer de ella—  tiene un gran provecho cuando se dice como se debe, porque por ella se entienden los; hombres los unos a los otros, de manera que hacen sus hechos en uno más libremente y por lo cual todo hombre y mayormente el Rey, se deben guardar de sus palabras, de manera que sea escogida y pensada antes que la diga, porque después que sale de la boca o puede el hombre hacer que no sea dicha, y por esto, dijo un filósofo que el hombre debe más callar que hablar”.
Sabias palabras que bien pueden aplicarse a la discreción que debemos mantener los aprendices en todo plano en que nos toque actuar.
Terminamos diciendo que, Secreto, Silencio y Discreción, forman una magnífica trilogía de educación del carácter que prueba la voluntad y llevan a la formación del verdadero espíritu masónico.